Vagabondandkitchen meets Joanma and Montse – Ecocamp Vinyols

http://vagabondandkitchen.com/edo-loves-the-cocks-crowing-chicchiricchi/

After the stunning wild beauty of Cap de Creus and Port Lligat we are so lucky to find another beautiful place, completely different, but exactly what we needed for a relaxing pit-stop. This time it’s a camping what we fall in love with. It’s Ecocamp Vinyols, a peaceful green oasis and a paradise-on-earth for families and animals, just 20 minutes from Tarragona.
It was originally a farm and since 13 years it’s a camping where little ones (and co.!) can play with animals, join educational activities, relax in wooden houses or cotton tents, take advantage of the playground or the swimming pool… and taste local products at the restaurant that this year has been labelled “Slow Food Km 0”.
We interview Joanma, the director, and Montse, the restaurant chef (audio in Spanish; English transcription below).

Video transcripcion
Sabrina: We are at Vinyols ecocamping. We would like to ask you what “ecocamping” means to you.
Joanma: So, what is an “ecocamping”? Perhaps the easiest way to explain it is to say that the basic idea here is to transmit to people our lifestyle. In the area around you can mainly find small fincas of 4/5 or 10 hectares, always equipped with a small house where a person lives all year, with a farm of animals, a vegetable garden and an agricultural crop. For us it is a matter of combining this typicality with organic farming: this finca belonged to my grandfather, then my father inherited it and it was him who started organic farming. This finca has been certified for organic farming since the beginning of the 1990s. Here, the idea is to involve guests in this kind of life, healthy, ecological, environmentally friendly, with animals, etc ..
Sabrina: When did the ecocamp open?
Joanma: It opened its doors in 2005, so this summer will be 13 years old.
Sabrina: We have seen that there is a restaurant that has obtained the certification, if I can call it this way, “Slow Food Km 0”.
Montse: Let’s say I’ve always been interested in the Slow Food movement. Here we had a chef – Xari Fabra – who formed and introduced the entire kitchen team in the Slow Food world, which is very close to the philosophy of the camping: proximity products, ecological products, prefer local producers in the area and prefer products really peculiar to the area. So if a specific type of tomato or legume is grown here, we give support to the producer who grows it by buying from him, without looking for anything else. It is a matter of thinking the kitchen as a combination of seasonal and local products, and for the most part organic. Slow Food was born in Italy as a movement that opposed Fast Food: eating must be a moment of conviviality and pleasure, of meeting, without haste, a moment of enrichment in which one enjoys the food, the company, the moment, which is unrepeatable every time.
Sabrina: We have seen a lot of children, I think they are school classes…
Joanma: Yes. This place is also a place for children. Our customers are mostly families with young children. And the schools around here sometimes come to do activities all day long: they discover the vegetable garden, the animal farm, the insects that populate the camp site and their functions, etc.
Sabrina: Sure they will have a lot of fun! Thanks then for the interview.
Joanma: Thanks to you.

Edo loves the cock’s crowing | Chicchiricchì!

Monedas locales: una vacuna social contra las “epidemias” financieras

https://www.elsaltodiario.com/la-otra-cara-de-la-moneda/monedas-locales-una-vacuna-social-contra-las-epidemias-financie

Las monedas locales, monedas no oficiales que únicamente tienen valor en una ciudad o en una pequeña región o comunidad, están intentando abrirse camino, poco a poco, para convertirse en una especie de “vacuna social” que aminore los efectos perniciosos de las crisis monetarias y financieras globales, que tanto costes sociales y sufrimientos producen en grandes capas de la población mundial.

Brixton Pound con la cara de David Bowie

José Mayoral Periodista y coordinador de la moneda Jarama (Rivas Vaciamadrid)

Justo antes de la crisis financiera global que comenzó en 2007, el Fondo Monetario Internacional (FMI) contabilizó las crisis sistémicas que se habían vivido desde 1970: 328 crisis (entre bancarias y monetarias). Es decir, prácticamente 9 crisis sistémicas por año a escala mundial. Según el propio FMI, la actual globalización ha incrementado la frecuencia y la propagación de estas crisis financieras, aunque no necesariamente su gravedad. Ni siquiera los propios reguladores tienen constancia efectiva a día de hoy de las innumerables innovaciones financieras legales puestas en marcha por las entidades bancarias y que son potencialmente peligrosas para desatar una nueva crisis. Prácticamente podríamos decir que vivimos en permanente peligro de “epidemia financiera” y que va a seguir siendo así en el futuro si nadie lo remedia.

Por poco interés que pongamos en identificar los sectores de la población que pagan el grueso de las crisis financieras, vemos que las víctimas de estas “epidemias” recurrentes siempre son los mismos: las masas asalariadas menos cualificadas, determinados sectores de las clases medias y los miembros más vulnerables de la sociedad. Y así, una crisis tras otra. Por tanto, ni las propias clases obreras en general, ni los sectores de la población ya atrapados en la pobreza estructural parece que puedan tener la más mínima posibilidad de aspirar a un futuro mejor. De cada crisis saldrán mucho más maltrechos de lo que salieron de la anterior.

Vivimos en permanente peligro de epidemia financiera, prácticamente 9 crisis sistémicas por año a escala mundial

En este contexto, ¿pueden las monedas locales considerarse como una vacuna que genere anticuerpos contra los efectos perniciosos de las crisis epidémicas financieras? El concepto de “resiliencia” puede darnos alguna clave para responder a esta pregunta. La resiliencia es un concepto de la Física que define la capacidad de un metal para doblarse sin llegar a partirse. Un concepto muy de moda también en la psicología moderna, definido como la capacidad para adaptarse a las adversidades y aprender a sacar los aspectos positivos de las mismas.

Para entender mejor este concepto, desde el punto de vista de la economía social, usamos un ejemplo tan sencillo como ilustrativo, que tomamos prestado de la naturaleza: el oso panda. Este gracioso mamífero posee un aparato digestivo más propio de un carnívoro que de un herbívoro, sin embargo su dieta está compuesta exclusivamente (el 99% de lo que ingiere) por tallos de bambú. Su organismo es un ejemplo de eficiencia extrema, pues ha conseguido sobrevivir con esta monodieta vegetal, que parece serle tan poco favorable, durante millones de años. El panda sería un ejemplo clarísimo de mínima resiliencia, ya que cualquier circunstancia que afecte negativamente al ecosistema de los bosques de bambú, como ya está ocurriendo por la propia acción del hombre, es una amenaza absoluta para su supervivencia como especie.

Trazando un simple paralelismo podríamos decir que el dinero (el dólar, el euro,…) sería el bambú que alimenta el organismo económico de las comunidades locales. No hay duda de que el modelo de monedas únicas conforma un sistema monetario supereficiente en la escala macroecómica de la globalización, pero si bajamos a un nivel más micro, como en el caso de las economías locales, cuando se produce una situación de crisis nos encontramos con situaciones de severos ajustes, despidos masivos, reducciones de salarios, desaparición del crédito, etc, del tal manera que el flujo de dinero disminuye y deja de llegar a la economía de una forma continua, dejando a los tejidos socioeconómicos locales carentes del único alimento del que dependen. El sistema de monedas únicas deja en evidencia la escasa resiliencia de nuestras economías locales, que en épocas de crisis languidecen como lo harían los entrañables pandas sin bambú. Con las desastrosas consecuencias sociales por todos conocidas.

Cuando hay una crisis –y ya hemos visto que son más habituales de lo que imaginábamos-, en las economías locales no desaparecen las necesidades de las personas y las empresas, tampoco las capacidades y el potencial de las mismas para dar respuesta a aquellas necesidades, lo que se produce es simplemente la paralización de la economía porque no circula el dinero que le sirve de alimento. Sin embargo, cuando en las economías locales se introduce un sistema de “alimentación” dual, con una “moneda única” para las operaciones macroeconómicas y otra moneda local para los intercambios en la escala más cercana (poniendo en contacto recursos potenciales con necesidades no satisfechas a escala local), la resiliencia de la economía local se incrementa exponencialmente y su resistencia a los efectos de las crisis también, dando además estabilidad a todo el sistema. Visto así, las monedas locales sí se pueden considerar, al menos desde un punto de vista teórico, una eficaz vacuna contra las epidemias del sistema financiero global. ¿Llegarán a poder serlo alguna vez en la práctica?

El ejemplo del Wir suizo

La dualidad monetaria es precisamente el secreto del modelo suizo. En la economía suiza conviven dos monedas, el franco suizo y el franco Wir, lo que entre otros condicionantes, la convierte posiblemente en la economía más estable del mundo, aún cuando las transacciones en Wir apenas representan el 0,32% del PIB suizo. Podríamos decir que el Wir es la pequeña dosis que genera un beneficioso “efecto vacuna” en todo el cuerpo financiero suizo.

De las monedas locales y regionales que surgieron para ayudar a la gente a sobrevivir a la depresión económica que siguió al hundimiento de la Bolsa de 1929, el Wir es la única que aún sobrevive. Su modelo se inspiró en los sistemas alemanes de “comercio sin dinero en efectivo”, que funcionaron tras la gran depresión siguiendo las teorías económicas de Silvio Gesell y que fueron rápidamente fulminados por el estado alemán.

Lo mismo ocurrió en otros lugares. Por ejemplo en Austria, donde tuvo lugar en 1932 lo que se conoció como “el milagro de Wörgl”, una pequeña ciudad que al crear su propia moneda pasó, en plena depresión, de tener un paro superior al 30% a lograr el pleno empleo. Su éxito contagió a todo el país, e incluso a otros como Estados Unidos, pero rápidamente el estado austriaco debió pensar “que las medicinas solo las podía recetar él” y prohibió de raíz las monedas locales. Ya sin vacuna, el desempleo inevitablemente volvió a superar de nuevo el 30% en Wörgl. En Estados Unidos, tampoco Roosevelt permitió que se implantaran estos sistemas, que habían sido estudiados y recomendados por su asesor económico Irving Fisher y se decantó por desarrollar su conocido New Deal.

Nada nuevo bajo el sol. En el ámbito sanitario, crear una vacuna gratuita, por ejemplo para combatir la malaria, nunca contará con las simpatías ni el apoyo de las grandes multinacionales farmacéuticas. De la misma forma, disponer de sencillas “vacunas monetarias” para proteger las pequeñas economías locales no parece que vaya a ser una prioridad para quienes detentan los privilegios y el monopolio de dirigir los sistemas monetarios globales, ni para los poderes políticos de cualquier ámbito, que siempre son reacios a apoyar aquello que no controlan. Casos como el Banco Palmas en Brasil, que pasó de ser cuestionado a contar con el máximo apoyo del gobierno carioca, o algunos proyectos en que la Unión Europea está apoyando experiencias piloto de monedas locales de algunas ciudades del viejo continente, de momento parecen ser la excepción que confirma la regla.

Se estima que hay en todo el planeta cerca de 5.000 sistemas monetarios alternativos

En cualquier caso, en la actualidad se estima que hay en todo el planeta cerca de 5.000 sistemas monetarios alternativos (más de un centenar en España) experimentando la capacidad de estas herramientas para generar “defensas” que ayuden a sobrevivir a los grupos económicamente más vulnerables. De momento, las dificultades son muchas y los resultados relativamente modestos, pero se puede estar fraguando la base sobre la que se asiente un poderoso movimiento que marque el devenir de la nueva economía.

El carácter social de las monedas locales

Poco a poco va llegando a la opinión pública esta eclosión de sistemas monetarios alternativos o complementarios (no confundir con las criptomonedas, que salvo honrosas excepciones son sistemas puramente especulativos). De alguna manera se está cumpliendo la predicción del economista Bernard Lietaer, uno de los más prestigiosos analistas de los sistemas monetarios, que, además de presidir el Banco Central de Bélgica, fue uno de los responsables del diseño del ECU, precursor del Euro, la moneda única europea. Lietaer predijo un futuro en el que las monedas únicas nacionales convivirían con multitud de monedas locales funcionando de forma paralela y se declaró activo defensor de la bondad de este modelo para conseguir la estabilidad del sistema monetario global.

Lietaer, entre otros, ayudó a acuñar la definición de las monedas locales como “el dinero de la gente”, poniendo el énfasis en su carácter social. Porque uno de los aspectos más revolucionarios que consiguen este tipo de herramientas es recordar a la gente que el dinero es uno de los grandes inventos de la humanidad y que se puede crear simplemente por un acuerdo entre los miembros de la comunidad. La gente puede crear su propio dinero de una forma consciente y eficaz, con unas normas de uso claras, voluntarias y viables, y además controlarlo de una forma totalmente democrática.

Dos grandes tipos de monedas locales

Aunque no hay dos modelos de monedas sociales iguales entre sí, la mayoría comparten una serie de características que vienen marcadas precisamente por el carácter eminentemente social que tienen: la solidaridad y la sostenibilidad son valores esenciales en ellas. En general operan con una paridad 1:1 respecto a la moneda oficial, es imposible especular con ellas y suelen conllevar desincentivos para la acumulación como la oxidación (una especie de tasa de interés negativo). Algunas utilizan billetes de papel y otras mediante monederos electrónicos. En cuanto a su denominación, se suelen emplear indistintamente las expresiones de monedas locales, sociales o en algunos casos complementarias.

A nivel general, podemos definir dos grandes categorías (aunque pueden establecerse otras muchas en función del criterio de clasificación elegido): las monedas de crédito mutuo y las monedas complementarias.
En las de crédito mutuo la moneda se crea en el momento de la transacción, de tal forma que el que compra tendrá en su cuenta un saldo negativo por el valor de la transacción y el que vende un saldo positivo por el mismo valor. La suma de los saldos siempre tiene que ser cero. Se suelen establecer límites tanto a los saldos negativos como a los positivos para garantizar que todos aportan y se benefician del sistema de una forma más o menos equilibrada. Todo se basa en establecer una comunidad de confianza. En muchos casos utilizan sencillas cartillas donde se van anotando todas las transacciones, aunque luego haya un posterior control informático de las mismas. Uno de los ejemplos más llamativos de este tipo de monedas son los Bancos del Tiempo, donde la unidad monetaria es la hora. En España una de las monedas de este tipo de mayor éxito es El Puma, creada en el barrio del Pumarejo de Sevilla. Las hay con interesantes peculiaridades como la Mola (Hortaleza – Madrid) donde las monedas se generan a partir del reciclaje de materia orgánica o el Henar (Alcalá de Henares) donde parte de la masa monetaria se crea a través de un juego.

A las monedas complementarias les diferencia que están respaldadas en moneda oficial, algo que no ocurre con las de crédito mutuo. Así este tipo de monedas tienen una cuenta de respaldo en un banco tradicional, donde se depositan tantas unidades de moneda oficial como unidades de moneda local circulen en el sistema. Es un modelo más indicado para que el comercio local participe en la red, ya que tiene garantizado el rescate de sus fondos en moneda oficial cuando lo necesite. Ejemplos de monedas de este tipo son el Ekhi (Bilbao), el Jarama (Rivas Vaciamadrid), o el Boniato, la moneda del Mercado Social de Madrid.

Recientemente algunas entidades municipales también se están sumando al movimiento de creación de monedas sociales dando un importante respaldo institucional y sobre todo económico a su funcionamiento, con interesantes resultados. Algunas cuentan incluso con financiación de la Unión Europea. En España, dos ejemplos interesantes en este sentido son la Ossetana (San Juan de Aznalfarache) y la Grama (Santa Coloma de Gramanet). Por último, a escala europea podemos citar dos monedas complementarias de gran proyección mediática internacional: Bristol Pound (Reino Unido) y Chiemgauer (Alemania).

 

Valencia estrena un supermercado de producto local creado y gestionado por consumidores

http://www.lasprovincias.es/economia/empresas/som-alimentacio-valencia-estrena-supermercado-20180121120906-nt.html

Miembros de Som Alimentació. / EFE

Los 145 socios del proyecto pretenden lograr una alimentación más saludable y sostenible

La idea de lograr una alimentación más saludable y sostenible se ha convertido en un proyecto para un grupo de consumidores que se fundó como cooperativa de consumo hace unos meses y en breve abrirá un supermercado en Valencia con productos de proximidad y a través de la financiación colectiva.

Ya son 145 socios y esperan crecer hasta los 200 en pocas semanas para tener una “masa crítica previa” a la apertura de la tienda, cuya ubicación decidirán los socios de entre unos locales preseleccionados a través de una votación en la web de Som Alimentació (Somos Alimentación), la cooperativa que impulsa el supermercado.

Sus inquietudes por una alimentación más saludable les llevaron a participar a algunos de ellos en asociaciones o grupos de consumo, donde intentaban trabajar en favor de un sistema diferente al actual, en el que el 70 % de los productos que ofertan los supermercados es procesado y la mitad tiene entre sus ingredientes el aceite de palma, un producto con un alto impacto ambiental.

Comenzaron a interesarse por las cooperativas de consumo que existen en España y otros países y de ahí extrajeron las bases de su propio proyecto, que tiene la misma filosofía de “recuperar la capacidad de decidir cómo queremos que sea nuestro consumo” que la cooperativa de energía verde Som Energia (Somos Energía), según ha relatado a EFE el vicepresidente y encargado de la comunicación de la cooperativa de consumo, Fernando Navalón.

Alimentación saludable y sostenible

Para este grupo de consumidores es “un derecho” poder alimentarse de manera saludable y sostenible, y son los socios de la cooperativa quienes marcan los criterios que deben cumplir los productos que se pondrán a la venta en el supermercado.

Comprar directamente a productores de la huerta de Valencia es “un lujo” que impregna la filosofía de la cooperativa de “cuanto más cerca, mejor” al primar el producto de proximidad sobre los demás criterios.

“En una especie de círculos, primero se busca en los alrededores de Valencia; si ahí no está se busca en la provincia y, si no, en las limítrofes. Solo vendrá de fuera de España si no se produce aquí”, explica Navalón.

De ahí que vean como una contradicción la oferta ecológica que se vende procedente de “miles de kilómetros”, y apuesten por un producto de proximidad y mínimamente sostenible.

Productos de empresas responsables

También se interesan por productos producidos o elaborados por empresas responsables, que cuidan de sus trabajadores, que tienen en cuenta el medio ambiente y compensan las emisiones de sus transportes, y que cuentan con sello ecológico.

La cooperativa creará así unos sellos participativos de garantía que permitirán a los consumidores visitar y conocer las zonas de producción.

El vicepresidente de la cooperativa afirma que se puede elaborar un catálogo completo de la cesta de la compra con estos criterios, con la ventaja de precios más reducidos al eliminar intermediarios y que podrá comprar también, además de los socios, el público general.

El supermercado de Som Alimentació sigue el ejemplo de otras iniciativas que existen en Pamplona, Vitoria y Alicante, donde bioTrèmol dispone de cuatro tiendas en Alicante, Elche, Castalla y Yecla, tiene 700 socios y factura más de un millón de euros anuales.

La participación de los socios puede ser a través del pago de una cuota mensual de seis euros al mes o implicándose como socio voluntario, prestando servicios durante cuatro horas mensuales.

Fórmulas de financiación

Al ser un proyecto de financiación colectiva, han establecido tres fórmulas: una aportación a partir de 100 euros que reporta un interés anual; créditos personales, y acudir a una especie de banca ética, la cooperativa Coop57, para solicitar un crédito cuando logren reunir avales por 20.000 euros.

El proyecto comenzará con un fondo de 70.000 euros y dos trabajadores en la tienda, con el objetivo de generar beneficios a partir del décimo mes de funcionamiento (finales de año) y abrir nuevas tiendas en la ciudad y otras poblaciones.

 

¡Vivan las primaveras (también sin pesticidas)!

http://lacronicadelpajarito.com/blog/dichoqueda/2018/03/vivan-primaveras-tambien-sin-pesticidas

Rafael Cordón Aranda

La entrada de la primavera es siempre motivo de alegría: los días más largos, las temperaturas menos frías, y, sobre todo, los cambios en la naturaleza, el colorido de la vegetación, la mayor actividad de la fauna, la sensación de que renace el ciclo de la vida nos hacen sentirnos bien. También es el momento de un nuevo ciclo de cultivos de frutas y hortalizas y con ello la aplicación de toneladas de pesticidas para la eliminación de plagas y hierbas.

“Está confirmada la relación entre patologías de tipo oncológico, neurológico, psiquiátrico, endocrinológico y respiratorio con la exposición a pesticidas, no solo por su presencia en el aire o en el agua, y sobre todo, al ingerir alimentos”

España es el país de Europa que más pesticidas consume y la región de Murcia es la segunda de España que más los utiliza (27,8 kg. por hectárea cultivada) y, si bien ayudan a combatir las plagas de los cultivos, la mayor parte de ellos contienen sustancias tóxicas para la salud y el medio ambiente. Por ello, cada vez más, aumenta el rechazo de su uso y se multiplican las iniciativas para concienciar a la población sobre los problemas que causan y para evitar el uso, por lo menos, de los más peligrosos, como la campaña de “Stop Glifosato” y a partir del 20 de marzo la “Semana sin Pesticidas”, coincidiendo con el inicio de la primavera. Esta última iniciativa, que surgió en Francia en 2006 desde asociaciones de defensa del medio ambiente, se ha extendido a diversos países de Europa.

Que estas sustancias son peligrosas para la salud humana es un hecho suficientemente investigado y del que no caben dudas. Diversos grupos de investigación en nuestro país en los que trabajan, por ejemplo, los doctores Miquel Porta de la Universidad Autónoma de Barcelona, Nicolás Olea de la Universidad de Granada, Luis Dominguez de la Universidad de Las Palmas o, en nuestra región, el doctor Juan Antonio Ortega de la Unidad de Salud Mediombiental de Pediatría de la Arrixaca, han confirmado con sus estudios la relación entre patologías de tipo oncológico, neurológico, psiquiátrico, endocrinológico y respiratorio con la exposición a pesticidas, a los que estamos expuestos no solo por su presencia en el aire o en el agua, también, y sobre todo, al ingerir alimentos.

Pero decir sin más que son productos peligrosos para la salud y el medio ambiente es una afirmación suave; la realidad es que son como armas de destrucción masiva: un estudio de Naciones Unidas de 2017 admite que los pesticidas son una “amenaza global contra los Derechos Humanos” ya que causan la muerte de 200.000 personas cada año. En ese informe se acusa directamente a las grandes multinacionales del sector, a las que acusa de “negación sistemática de los daños derivados de estos productos” y de “tácticas de marketing agresivas y poco éticas” (https://reliefweb.int/sites/reliefweb.int/files/resources/1701059.pdf).

“El nombre original de pesticidas, que se sigue usando en países europeos, ha ido sustituyéndose en nuestro país por plaguicidas, luego por fitosanitarios, más aséptico, y más recientemente por el de medicamentos para las plantas”

Y no solo afectan a la salud humana: las poblaciones de insectos beneficiosos, como los polinizadores, esenciales para la reproducción de muchas plantas, se ven muy afectadas; las de aves están disminuyendo rápidamente y se utilizan cebos envenenados con plaguicidas que matan a miles de animales ya sea en cotos privados de caza o a animales domésticos.

Pero es que también son sustancias muy dañinas para el medio ambiente, afectando a la comunidad de organismos que son esenciales para la fertilidad de los suelos, contaminando las aguas subterráneas y superficiales como se constata en el informe “Ríos hormonados” publicado recientemente por Ecologistas en Acción, o el Mar Menor, como han constatado investigadores del Centro Oceanográfico de Murcia (Instituto Español de Oceanografía).

Y como las empresas son conscientes de que la población va teniendo una mayor sensibilización sobre los efectos de estas sustancias, el nombre original de pesticidas, que se sigue usando en países europeos, ha ido sustituyéndose en nuestro país por plaguicidas, luego por fitosanitarios, más aséptico, y más recientemente por el de medicamentos para las plantas. No es de extrañar esta manipulación del lenguaje por parte de quienes manejan nuestros destinos cuando se ha hablado de “crecimiento negativo” o se llama a las muertes de civiles en las guerras “daños colaterales”.

La presión por evitar que el negocio pueda disminuir es grandísima. Los fabricantes alarman con la bajada de la producción si se restringiera el uso de estas sustancias y advierten de las nefastas consecuencias que tendría, pero es que no quieren renunciar a un negocio que año a año continúa creciendo y que se eleva a 1.100 millones de euros (2016) en nuestro país y a 50.000 millones de euros a nivel mundial. Además, manipulan los estudios científicos y consiguen que sean casi los únicos que se tienen en cuenta por parte de las agencias públicas que regulan el sector. Es un sector dominado por cada vez menos empresas: la fusión casi ultimada de Bayer y Monsanto y las de otras grandes empresas del sector hace que tres multinacionales controlen el 70% de los agroquímicos a nivel mundial; también tendrían el control sobre el negocio de las semillas y el de la información digital agrícola.

Sin embargo, la realidad es que hay alternativas prácticas y reales al uso masivo de plaguicidas. De hecho, la constatación de los daños que causan ha conseguido presionar a las administraciones para ir eliminando las sustancias más tóxicas y para que haya un control más estricto de sus condiciones de uso para evitar, por lo menos, los casos más graves que ocurrieron en nuestro país, como los vertidos de grandes cantidades de residuos del insecticida Lindano. La fábrica de Inquinosa, en la provincia de Huesca, contaminó aguas y suelos en uno de los desastres medioambientales de mayor gravedad en Europa.

Sí, hay alternativas, como la agricultura ecológica que utiliza fitosanitarios con la menor toxicidad unida a prácticas de cultivo que evitan en gran parte las plagas; prácticas que incluso va copiando la agricultura industrial, como es la de dedicar parte de la superficie cultivada a plantas atrayentes de insectos que actuarán como depredadores naturales sobre las plagas o la “lucha biológica” que utiliza especies depredadoras de las plagas.

Y hay alternativas, también, al uso de plaguicidas tóxicos en las zonas verdes de nuestra región, por ejemplo eliminando el glifosato y usando medios mecánicos o manuales para la eliminación de las hierbas no deseadas cuando supongan una molestia.

Aunque los intereses de las empresas y su capacidad de control sobre las administraciones sea muy grande, la ciudadanía organizada puede ir consiguiendo pequeñas victorias, hasta lograr que nuestros alimentos, el aire que respiramos y nuestro entorno esté libre para siempre de sustancias que nos envenenan. Esta Semana sin Pesticidas, y todos los días, deberían de ser pasos que nos conduzcan a ello.

 

Los pozos ilegales nos roban el agua

https://es.greenpeace.org/es/noticias/los-pozos-ilegales-nos-roban-el-agua/?utm_medium=social_network&utm_source=facebook&utm_campaign=Agua&utm_content=pozos&utm_term=ilegales

La mitad del agua bombeada de los acuíferos se extrae al margen de la legalidad. Mientras la Administración responsable de su control no ofrece datos públicos, no es transparente con este asunto, ni tampoco utiliza los mecanismos para atajar el problema desde la raíz.

Sólo conocemos un dato de 2006 y otro del 2017 de manera no oficial, pero el número de pozos ilegales podría ascender a más de un millón. Por ese motivo, hemos realizado una investigación para sacar esto datos de captaciones ilegales a la luz, realizando peticiones de información en portales de transparencia a la Administración e incluso ayuda ciudadana a través de nuestra plataforma de denuncia y filtraciones on line. Nuestro objetivo es saber exactamente el número de pozos ilegales y poner sobre la mesa cómo el robo del agua provoca que mientras uno se quedan sin agua, otros obtienen importantes beneficios económicos infringiendo la Ley.

España ha mantenido una política hídrica basada en satisfacer cualquier demanda de agua, por insostenible que esta sea, a base de infraestructura hidráulicas (embalses, trasvases…). El país cuenta con más de 1.200 embalses, que segmentan la práctica totalidad de los cauces con la graves consecuencias ecológicas. Esto nos sitúa como el quinto país del mundo con mayor número de grandes presas y el primero en número de embalses por habitante y kilómetro cuadrado, con una capacidad de almacenar 55.981 hm3.

Sin embargo, esta ingente capacidad de guardar agua “en superficie” está actualmente en jaque debido al crecimiento desorbitado de la demanda. Es responsable de ello un sistema de regadío sobredimensionado, pero también los usos urbanos e industriales que aumentan año tras año. Se plantea actualmente una crisis en el sistema, que se agravará debido a la disminución de las precipitaciones y la elevación de las temperaturas como pronostica la ciencia a consecuencia del cambio climático. Por el momento dicha situación está impidiendo dar un uso sostenible del agua y mantener nuestros ecosistemas acuáticos en buen estado ecológico. A pesar de las lluvias de las dos últimas semanas que pudiera parecer que el problema está resuelto, sin embargo, la sequía sigue siendo la más severa del siglo.

La semana pasada la Fundación Fomento y Gestión del Agua (FFGA) constituida por expertos hidrogeólogos anunciaba que el volumen total de agua contenido en los acuíferos en España podría ascender a 400.000 hectómetros cúbicos. Unas 7 veces más capacidad que la de los embalses. Pero de la que solo se podría usar de forma sostenible unos 35.000 hm3 el recurso renovable. Aún así no es lícito plantearse el uso de las aguas subterráneas sin saber cuánto se está robando, pues no hay datos reales del número de pozos ilegales en nuestro territorio.

Desgraciadamente la actual situación de desgobierno y falta de control en la extracción de agua subterránea pone en serio peligro auténticas reservas estratégicas de agua. Los únicos datos oficiales que se manejan sobre el tema, datan de 2006. Estos inventarían al menos 510.000 pozos ilegales que extraerían más de 3.570 hm3/año, el consumo equivalente a una población de 58 millones de personas. El propio Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, en 2017 de forma no oficial, elevaba esta cifra a más de 1.000.000 de pozos ilegales, que podrían estar extrayendo al menos 7.000 hm3/año.

Según datos oficiales del Instituto Geológico y Minero de España, actualmente el 44% de las masas de aguas subterráneas está en mal estado cuantitativo y/o químico (sobreexplotados y/o contaminados). Una cifra que, de no controlarse seguirá aumentando y pondrá en serio peligro el abastecimiento humano, y la supervivencia de todos los ecosistemas peninsulares.

Por ello, es imprescindible frenar el crecimiento de las demandas de agua (regadío, industrial y urbana), de forma que se adapten a la reducción de caudales disponibles. Luchar contra el deterioro de las masas de agua (subterráneas y superficiales), y combatir con todas las armas legales la apropiación y sobreexplotación de acuíferos y cauces. Cabe recordar que la extracción ilegal es un delito tipificado en el Código Penal con multas e incluso penas de prisión.

De cara a denunciar atropellos, robos con este recurso del que depende la vida, hemos puesto a disposición de la ciudadanía, la plataforma Fíltrala, una plataforma en la que puedes denunciar de forma anónima y confidencial malas prácticas

Fuente: IGME (Instituto Geológico y Minero de España) / elaboración propia

 

El herbicida Roundup causa la celiaquía y la intolerancia al gluten

http://elcaminodesalida.com/herbicida-roundup-causa-la-celiaquia-la-intolerancia-al-gluten/

Por J. D. Heyes

Un nuevo estudio encontró que el herbicida más vendido al mundo está asociado al crecimiento global de la celiaquía, a la intolerancia al gluten y al síndrome del intestino irritable. Según el estudio estadounidense, cuyos detalles han sido publicados por el Dr. Anthony Samsel y por el Dr. Stephanie Seneff, el aumento de la enfermedad coincide con el aumento del empleo del herbicida glifosato, Roundup.

 

El documento fue publicado en el Journal of Interdisciplinary Toxicology, Periódico de Toxicología Interdisciplinaria.

Los investigadores dicen que, sobre la base de sus descubrimientos, una persona sobre veinte en Norte América y en Europa occidental padece de celiaquía, que es esencialmente intolerancia al gluten.

“La intolerancia al gluten es una creciente epidemia en los Estados Unidos y, cada vez más, en todo el mundo”, los investigadores afirman en su artículo.

“Todos los conocidos efectos biológicos del glifosato, inhibición del citocromo P450, interrupción de la síntesis de ácidos aromáticos aminoácidos, quelación de metales de transición y acción antibacteriana, contribuyen al surgimiento de la patología de la enfermedad celíaca“, afirma el documento.

La difusión de ancho rayo de cultivos genéticamente modificados Roundup Ready han vuelto el Roundup de la Monsanto el número uno en el mercado de los herbicidas. Pero, según este reciente estudio, su mayor empleo ha generado consecuencias.

La celiaquía es una enfermedad digestiva que perjudica el intestino tenue e interfiere con la absorción de los nutrientes de la comida. Las personas que tienen celiaquía no pueden tolerar el gluten, una proteína presente en el trigo, en el centeno, en la cebada y en otros cereales. El gluten se encuentra principalmente en los alimentos, pero se puede encontrar también en productos de uso cotidiano como fármacos, vitaminas y cremas para labios.

Cuando las personas que padecen de esta enfermedad comen los alimentos que contienen gluten, su sistema inmunitario responde destruyendo o perjudicando las vellosidades, los pequeños salientes parecidos a fibras que revisten el intestino tenue. Normalmente, estas vellosidades permiten a los nutrientes de los alimentos de ser absorbidos por las paredes del pequeño intestino en la sangre, pero sin vellosidades sanas, los celiacos pueden volverse malnutridos, independientemente de la cantidad de comida que tragan.

Para informarse de modo completo sobre todos los peligros y daños causados al hombre y al entero ecosistema por herbicidas, pesticidas, antiparasitarios y otras peligrosas sustancias químicas, y saber qué y cómo hacer para tutelar su salud y la de sus queridos, descargue aquí los siguientes eBook gratuitos (en italiano) en estos enlaces: