22M MARCHAS DE LA DIGNIDAD

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Las Marchas de la Dignidad llegan a la carnicería: hablamos con participantes y organizadores de diferentes columnas y contactamos con caminantes en directo. Además, el acústico de Steven Munar nos marca el ritmo de los pasos.

Vamos a Roma a protestar en calzoncillos marzo 21, 2014  

Marchan en bloque, en filas, bajo un sol de injusticia, unidos como uno solo, con paso firme reventando el firme y haciendo restallar el firmamento con el ruido de sus botas, llegan de todos los puntos de España, camino de Madrid a poner las cosas en su sitio, cueste lo que cueste, pese a quien pese y caiga quien caiga, son cientos, miles, son los 1700 antidisturbios que el gobierno desplegará en Madrid para recibir mañana a las Marchas de la Dignidad como quien recibe al enemigo.

Es la marcha militar con la que los indignos reciben a ciudadanos corrientes y molientes para molerlos a palos, meterles el miedo en el cuerpo y correrlos por las calles porque piden dignidad. Es el desfile de sombras con el que quieren tapar el sol. Reciben a una marcha de jubilados, parados, padres, madres, hijas, hijos, mujeres, mineros, desahuciados, dependientes, indignados, con el mayor dispositivo policial desplegado en una manifestación. De qué tienen miedo, ¿de que tomen la Bastilla en zapatillas ayudándose de sus bastones de andar? Meten miedo a los que marchan para que se den la vuelta y alarman a los que no se mueven para que sigan quietos.

“Que vienen los nazis”, exclama Ignacio González, presidente de la comunidad, al que le gusta tanto comprar áticos baratos como atemorizar al personal. Ayer comparó a las marchas con los ultras griegos de Amanecer Dorado dejando clara su bajísima catadura moral. Nada más fascista que llamar fascistas a ciudadanos que ejercen su legítimo derecho a protestar. “Hay elementos violentos infiltrados en las marchas que vienen a incendiar Madrid”, repica el coro de palmeros mediáticos que como Herman Terstch saben qué va a ocurrir antes de que suceda. Siembran vientos para recoger tempestades y podernos criminalizar. Buscan la foto del contenedor ardiendo para meternos a todos dentro.

Pues ahí no nos van a encontrar. Pero sí junto a esos caminantes valientes, tozudos, entusiastas, doloridos y dolidos, jodidos pero contentos, que han hecho un largo camino con todos nuestros problemas a cuestas, cuesta arriba y cuesta abajo, para recordarnos que hay muchos que han quedado tirados y no se pueden levantar, que no vamos por el buen camino como dice el gobierno, que no podemos avanzar dejando a cientos de miles atrás, que tenemos que marchar por los que se marchan y por los que no pueden marchar.

A muchos nos van a encontrar acompañando a los que han vuelto a abrir camino con sus pasos. Pero de qué servirá este paso. Menos servirá no darlo. Por qué caminar. Para no seguir retrociendo. Adónde nos llevará. Caminante no hay camino se hace camino al andar. Hay que seguir caminando porque lo único que uno lleva en su mochila y no pueden quitarle ni a golpes es la dignidad.

Como dicen en la película Novecento, ya estamos hartos de injusticias, nos vamos a Roma en calzoncillos, como nos han dejado, a demostrarles cómo se protesta. Nos van a oír. Vaya que si nos van a oír.

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