Revista de divulgación técnica – http://www.agroecologia.net/

Nº 9 otoño 2012 (El Valor de los Alimentos Ecológicos)

Editorial

Nos encaminamos hacia el otoño… y pidamos o no el rescate a una Europa que cada vez nos acerca más a África, tengamos uno u otro gobierno, estemos dando de comer a Alí Babá y los cuarenta mil ladrones, o nos sintamos perplejos y engañados, la naturaleza sigue su curso y nosotros también, sin apenas esfuerzo, como parte de ese ritmo vital del que formamos parte.

Nuestra conexión con esta dinámica planetaria, es evidente, pero desgraciadamente pasa desapercibida en la mayor parte de nuestras acciones, éste es el caso de la alimentación. En este sentido, el valor del alimento como parte de un compromiso, que sobrepasa al de la simple nutrición, no ha encontrado todavía su sitio ni su razón de ser en nuestra sociedad.

Los biodinámicos exponen sabiamente, que estamos conectados a a nuestro entorno por lo menos de tres modos: primero a través de nuestra respiración, segundo a a través de nuestros órganos sensoriales y tercero a través de la alimentación; si nos paramos a pensar, todos y cada uno de estos modos, son sutiles procesos nutritivos; así, cada día somos alimentados a través de la belleza, del olor, del color, de los sabores, o del contacto amoroso; somos alimentados a través de la información que llevan las sustancias nutritivas que componen los alimentos, a través de su composición armoniosa, a través de la ausencia de posibles tóxicos.

Y al igual que nosotros, todos los seres vivos responden con los mismos patrones de necesidades y satisfacciones nutritivas, aunque desde distintos niveles físicos y de consciencia. Y no sólo eso, para que toda esta dinámica “alimentaria” sea eficaz dependemos, los unos de los otros, formando una complejísima “red trófica” de carácter cósmico.

Esta complejidad, que en una primera aproximación, debería producirnos un profundo respeto y un reconocimiento humilde de nuestro pequeño y fragmentado nivel de conocimiento, genera numerosas reacciones de confrontación y como muestra de lo dicho, la insistencia constante de determinados sectores de la ciencia y de la industria, de poner en evidencia la “calidad” del producto ecológico estudiando y comparando, componentes aislados y argumentando y concluyendo en grandes titulares con una simplicidad apabullante, sobre escasas o nulas diferencias e incluso sobre posibles problemas sanitarios asociados a su consumo.

Pues bien, percibamos o no la totalidad que representa nuestra “conexión alimentaria”, que considero tiene un trasfondo profundamente espiritual; sí, nos debe resultar evidente el valor social, ambiental, sobre la seguridad alimentaria y sobre la salud, de los alimentos ecológicos, entre otras razones por estar generados a través de prácticas agroecológicas de comprobada eficacia y por estar sustentados en unos conocimientos y en unas “creencias”, que en teoría representan el mayor grado de complicidad y sostenibilidad, en las relaciones del ser humano con el planeta y con otros seres.

En este sentido, este nuevo número de la revista Ae intenta ofreceros amplia información sobre el valor de los alimentos ecológicos y evidentemente sobre el valor de la producción ecológica. Este número también coincide con mi despedida como Presidenta de esta Sociedad –ya son 6 años-, aunque espero seguir, si no hay opiniones contrarias, como directora de la revista, labor que desempeño desde sus comienzos. Desde esta editorial aprovecho para agradeceros, la oportunidad que he tenido de vivir esta experiencia de colaboración y de conocimiento, sin duda he recibido mucho más de lo que he podido aportar.

Volviendo al tema de portada, sigo insistiendo en el daño de las campañas de descrédito para el sector y aún a pesar de que creo que “callar” es uno de los cuatro “verbos iniciadores”, creencia que expresa con esa belleza particular Lao Tse cuando dice “quien sabe no habla y quien habla no sabe”, sigo sintiendo al igual que vosotros, la obligación de utilizar la palabra como “puente”, para dar a conocer ese diferencial, que representa lo ecológico. Pero la palabra también es una arma arrojadiza, y este año sería bueno, que el sector se uniese, para denunciar a través de acciones legales, todas aquellas informaciones que desacreditan con falsos argumentos los valores los que encierra la producción ecológica. Desde SEAE vamos a intentar que eso se lleve a cabo. Mientras tanto y como siempre, os deseo lo mejor.

Juana Labrador, Presidenta de SEAE