http://www.carnecruda.es/2015/03/03/carta-a-ofelia-nieto/

Mientras Rajoy presumía de haberle parado los pies en Europa al intento de Tsipras de salvar a los griegos más desfavorecidos, una excavadora y un retén policial enviados por el ayuntamiento de Madrid que gobierna su partido, expropiaba su casa a tres familias y tiraban abajo el edificio del número 29 de la calle Ofelia Nieto, en el madrileño barrio de Tetuán, para cederle el terreno a la constructora de Enrique Ortiz, empresario imputado en el caso Brugal y en la Gürtel por financiación ilegal del PP. El domingo, activistas y vecinos del barrio, que durante un año y medio habían evitado el derribo, salieron a desescombrar las ruinas y empezar a reconstruirla. La misma estampa de siempre: el PP es la excavadora que allana el camino a los negocios de los amiguetes que les financian, mientras el ciudadano de a pie intenta evitarlo y recomponer lo que destruyen.

No es extraño –como se ha desvelado este fin de semana- que España haya sido con Portugal, el principal opositor a las políticas sociales del nuevo gobierno griego. Es lo que ha venido haciendo aquí, cargar todo el peso de la crisis en los de abajo para que lleven a los de arriba como los vasallos que portaban el trono del rey sobre los hombros. No puede dejar que Grecia haga lo contrario porque veríamos que hay otro modo de salir del atolladero que no sea arrastrándonos. Por eso quiere obligar a Tsipras a seguir su misma fórmula, a saber, abaratar la mano de obra y recortar servicios sociales para cuadrar las cuentas. Esa es la razón de que no se note en la calle la recuperación que escupen las cifras macroeconómicas: ha destruido la economía micro para engordar la macro. Rajoy va en la macroexcavadora aplastando a la gente como si fueran microbios.

Es mentira, pues, que se enfrente a Grecia por defender nuestro dinero y es mentira que los griegos nos deban 26.000 millones de euros, como dice este gobierno de embusteros. Les hemos prestado 7.000 millones, el resto se lo han dejado prestamistas privados y nosotros lo hemos avalado. Es lo de siempre: si los devuelven, gana la banca, si no los devuelven, perdemos nosotros. Lo segundo puede ocurrir, lo primero no lo va a permitir la Europa de los mercados a la que Rajoy sirve como buen vasallo. Prueba de ello es que el gobierno dio por perdidos hace dos años 36.000 millones del rescate a la banca que pagamos entre todos, mucho más de lo que nos deben los griegos. A ellos no se les perdona ni media, a Bankia nadie le pide ni un duro de los 800 millones de beneficio que ayer anunciaba. La banca gana, tú pierdes.

“No tengo la culpa de la frustración que ha provocado la izquierda radical griega prometiendo lo que no puede cumplir”, ha dicho, con un cinismo insuperable, el hombre que ha incumplido todas sus promesas. Pero la tiene y también de la frustración que ha provocado en España la derecha radical, la suya, la que permite que las tres grandes eléctricas declarasen la semana pasada unos beneficios de 7000 millones de euros en 2014, un 20% más que en 2013, mientras hay gente que no tiene ni para encender la luz y el precio de la electricidad sigue subiendo. Y el número de desahucios y el de las víctimas de hepatitis y el de suicidios anuales (un 22% más, 600 más que antes de la crisis). Rajoy mete la pala de la excavadora en la tierra, saca un puñado de gente y la echa en la boca insaciable del cíclope una vez y otra hasta que no queden ni las sombras.

Así entró la excavadora el pasado viernes en el número 29 de la calle Ofelia Nieto. La excusa para expropiar la propiedad eran 6m2 de la finca que invadían una acera que se quiere reformar. Hasta las excusas que inventan son pequeñas. 6m2. Lo que ocupa una tumba. Ahí han enterrado la vida de una familia. De tantas familias de este país y de países como Grecia.

Después del derribo, cuentan que solo quedaba una mujer derrumbada sobre los escombros de su vivienda. Pero el domingo volvieron los vecinos para empezar a reconstruirla. Con sus propias manos. Sobre una montaña de cascotes recolocaron el buzón. Ahí habrá que escribir si queremos respuestas. No podemos esperar a que ningún presidente nos atienda. Las cartas a la Moncloa nunca llegan.

El entierro del bipartidismo

http://www.carnecruda.es/2015/02/26/el-entierro-del-bipartidismo/

Tenía aire de entierro el debate sobre el estado de la nación. Entierro de familia, la familia de un lado y la del otro, el tío picado con el sobrino por no sé qué herencia, los convidados de piedra a los que casi nadie hace caso, los panegíricos de rigor tan huecos como la campana del funeral y la prima campechana, esa a la que todo le importa un pito, que se echa a jugar al Candy Crush mientras suenan las paladas de arena sobre el féretro. Los del bipartidismo sabían que esto que tienen se les acaba, que la próxima vez que se vean en otra como esta, ya no estarán tan a solas y por eso forzaban la máquina, exageraban sus muecas y se daban golpes en el pecho como diciendo aquí estoy yo. Pero lo que delataban sus ademanes, su histrionismo, sus pataletas, no era triunfo, era dolor. Si bajabas el volumen y mirabas la pantalla, parecían plañideras retorciendo la cara y haciendo gestos de más. El bipartidismo estira la pata y patalea. Que se les muere el chollo y se muerden los nudillos. Ay, señor.

Antes de ceder el corral tenían que escenificar su última pelea de gallitos. PSOE y PP se atizaron de lo lindo, como los del garrote del cuadro de Goya, con la mano abierta, pim pam bofetada, pim pam bofetón, porque empieza la campaña electoral y ambos oyen el tic tac, tic tac, de la calle que indica que se les acaba el tiempo. La verdad es que Sánchez le puso más energía y aplomo de lo que acostumbra porque tiene que reivindicarse y consiguió sacarnos de la siesta en la que nos había sumido Rajoy y sacar al presidente de sus casillas de gallego impasible. No hay mayor síntoma de debilidad que exagerar tus fuerzas. El exceso delata la carencia. Rajoy boquea y da coces como un animal herido y, si no cae muerto, ya veremos, al menos puede pegarse un costalazo de los buenos.

Algunos venimos repitiendo –por ahora sin mucho éxito– que hace tiempo que Mariano da muestras de haber perdido la paciencia que le hacía inexpugnable. Ya ha tenido que soltar el lastre de dos ministros; él, que odia hasta cambiar una bombilla, y el martes le salió un ramalazo de soberbia castrense que ni parecía él. Parecía un padre echándole la bronca al hijo que le ha salido respondón. Al presidente le pone nervioso la juventud de Pedro Sánchez, que no es Rubalcaba, es de la generación de Iglesias, de Rivera y de Garzón y el pasado aunque le pesa no le mancha; y ahí Rajoy se ve fuera y se siente sucio del hollín de Bárcenas. Por eso le atacó donde más le duele al socialista, mentándole a la bicha de Podemos, y recriminándole que no hiciera más, que también era una forma de pedirle ayuda: “Pedro, esfuérzate, que nos hundimos los dos”. Lo que pasa es que Pedro tampoco da más de sí porque le faltan encuestas y le sobra pasado. Así que ni uno ni otro se llevaron la partida. En eso se aprecia que renquean, que el régimen del 78 dice adiós.

Uno sabe que está en un sepelio porque lo que está más presente son las ausencias y en este debate lo que más han pesado han sido los ausentes. En el autohomenaje lleno de cifras falsas y mentiras que se regaló Rajoy, no estuvieron ni los parados ni los desahuciados ni los enfermos ni todas las víctimas de la crisis ni Cataluña ni la corrupción, a la que el presidente dedicó el mismo tiempo que ha dedicado a combatirla, dos minutos. Pero la ausencia que más pesó fue la de Pablo Iglesias, que incluso fue nombrado por el mismo presidente que se refiere a Bárcenas como “ese señor”. Estaba reconociendo que Podemos es la verdadera oposición, aunque no se olvidó de llamarlo, otra vez, populismo. El bipartidismo estira la pata y da patadas, claro está. Pero cuando las réplicas del exterior, como las que han ofrecido Iglesias y Rivera, tienen el mismo eco que lo que ocurre dentro, es que el Congreso se descose y el debate está fuera. El debate hace tiempo que está más fuera que dentro.

Dentro hubo un funeral con desmayo incluido. De allí solo salió más vivo de lo que entró un Garzón que hizo una autopsia del bipartidismo como en sus mejores tiempos de indignado. No se puede dar por muertos a los dos grandes partidos, ni mucho menos, pero el bipartidismo en la Cámara sí olía a descompuesto. El mejor epitafio para este entierro lo puso el propio presidente: “Ha sido patético”.