«Los niños necesitan pasar tiempo al aire libre y sin los mayores»

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El psicopedagogo Tonucci, en una visita reciente a San Sebastián. / MICHELENA

Francesco Tonucci, psicopedagogo

Tonucci defiende la autonomía de los más pequeños y recuerda que «tienen más capacidades de las que pensamos los adultos»

Francesco Tonucci es un psicopedagogo italiano reconocido internacionalmente por su mensaje sobre el excesivo proteccionismo de los padres en el desarrollo de los hijos. A sus 78 años, y siendo padre de tres hijos, ha conseguido que miles de niños en el mundo vayan solos al colegio. Recientemente, fue invitado a un debate en el colegio Summa Aldapeta de San Sebastián, en el que trasladó su tesis.

¿Por qué los padres tienen miedo y sobreprotegen a sus hijos?

– No hay una respuesta clara. Hace 30 años era todo diferente. Es importante saber que las ciudades de hoy no son más peligrosas que las de antes, es más, los datos dicen lo contrario. Están disminuyendo los delitos y los accidentes de tráfico pero sin embargo el miedo está creciendo. Esto es algo preocupante. Gran culpa de ello la tienen los medios de comunicación, ya que dedican mucha atención morbosa a lo peor que va ocurriendo en la sociedad. Por ejemplo, un infanticidio puede ser noticia de primera por muchísimo tiempo. Cuando un padre ve eso piensa que a su hijo le va a pasar lo mismo.

Usted defiende que los niños salgan solos a la calle, ¿por qué?

– Creo que la calle es peligrosa porque no hay niños en ella. Los niños tienen el poder y la capacidad de hacer segura la calle, ya que su presencia obliga a los adultos a tener más cuidado. Son la seguridad más barata y sencilla. También deberían de poner de su parte los medios de comunicación para que la sociedad vea que nuestras ciudades no se merecen el miedo que les tenemos.

¿Pero en grandes ciudades no le parece normal ese temor? ¿Hay una excesiva desconfianza?

– La idea de que tenemos hijos tontos está muy difundida y es una gran mentira. Los niños y niñas tienen más capacidades de las que pensamos. Son capaces de muchas cosas, nuestro problema es que evaluamos su comportamiento cuando están con nosotros, y ahí si que se comportan como tontos porque la manera que utilizamos los adultos es totalmente distinta y contradictoria. Nosotros salimos para llegar y lo importante es que no ocurra nada en el recorrido para que no se rompa nuestro equilibrio. A los niños, sin embargo, lo que les interesa es el recorrido en sí. Recoger una hoja, pararse, hacer alguna tontería, es decir, perder tiempo. Por ello, cuando están solos es cuando mejor se comportan.

Asegura que el lugar más peligroso para un niño es su casa.

– No es algo que me haya inventado, las estadísticas lo dicen. Los médicos aseguran que las principales causas de ingresos de niños en hospitales son o accidentes domésticos o accidentes de coche. Los niños pasan mucho tiempo en casa y se aburren, por lo que tienden a hacer trastadas o a juguetear con cosas que no deberían. Aburrirse es una experiencia positiva solo si se da fuera de casa y con la posibilidad de hacer amigos.

¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en los niños?

– Cada edad tiene sus necesidades. Creo que hasta los diez años aproximadamente deberían vivir la realidad real y no la virtual. Hay que tocarse, pelearse… me da miedo la idea de que un padre piense que su hijo no necesita salir de casa para encontrarse con sus amigos porque pueden verse por Skype. No es lo mismo. Siempre aconsejo que los móviles y las tablets lleguen a manos de los niños más tarde, incluso a nivel educativo. No creo que el problema de la educación escolar se resuelva el día que todos utilicen tablets y pizarras electrónicas. Me preocupa esta manera de pensar, detrás de todo esto solo hay intereses comerciales. En mi opinión, dejaría la tecnología en manos del maestro, si creen que es necesario, adelante.

«Los niños tienen el poder de hacer la calle segura, ya que su presencia obliga a los adultos a tener cuidado»

¿Son mejores los padres de ahora o los de hace 30 años?

– Lo bueno de ahora es que hay más sensibilidad educativa y participación por parte de los hombres, que hace años estaban ausentes de la educación de los hijos. El hecho de que muchos hombres participen en las labores del hogar ya es un elemento educativo importante. Tanto los hijos como las hijas tienen modelos mucho más equilibrados.

¿Qué le hizo interesarse por la educación?

– No lo sé. Estas cosas muchas veces surgen, uno no programa todo lo que le sucede en la vida. Cuando yo entré en el Consejo Nacional de Educación, del cual soy investigador y asociado, me involucré en un grupo que trabajaba en educación.

¿Qué requisitos tiene que cumplir un buen colegio?

– El papel de una escuela es aprobar a sus alumnos, no porque estos sean buenos, sino porque son buenos los maestros que están en ella. Tienen que ser capaces de que cada alumno consiga realizar sus capacidades.

¿Qué opina de los deberes?

– Soy un gran enemigo de los deberes ya que nunca consiguen los resultados previstos, todo lo contrario. Me da mucha pena lo que veo en las escuelas. Creen que hay que mandarles deberes a los niños porque lo necesitan, pero no es así. Hay niños que no tienen una familia capaz de ayudarles. Según las estadísticas, los que tienen dificultades escolares son los que llegan de familias más débiles culturalmente o económicamente hablando. Es una gran injusticia social pero es así. Con lo cual estos niños van a casa y se encuentran con unos padres que saben menos que ellos.

¿Cómo evitaría que un niño se aburra en el colegio?

– Haciéndolo interesante. El aburrimiento es una denuncia de cómo la escuela no es lo que debe ser. Hay que salir de ello a toda costa. Un colegio donde los niños se aburren es una escuela mal hecha. Hay que pensar que es un lugar donde los niños pasan mucho tiempo de sus vidas y si se aburren no lograrán aprender nunca. Se debería dar una vuelta a todo. La escuela no puede ser un lugar donde los niños se adapten y debería reconocer las capacidades de cada uno. Y esto lo dice la Constitución, que es la que manda en un estado democrático.

«Hace 30 años los hombres estaban ausentes de la educación de los hijos, ahora es más equilibrado»

¿A qué deberían prestar más atención los padres en el desarrollo de sus hijos?

– Lo que pido a los padres es que les den más libertad a sus hijos y que al salir de clase no dediquen todo su tiempo a realizar actividades extraescolares, que casi siempre son deseos de adultos y poco interesantes para los más pequeños. Solo hay que ver la de veces que cambian de deporte los niños año tras año, eso significa que estamos totalmente equivocados. Ellos tienen derecho al descanso, al tiempo libre y al juego, pero hoy en día ese tiempo libre ha desaparecido de sus vidas. Y con ello me refiero a tiempo libre de deberes, de adultos y posiblemente tiempo libre que se pase fuera de casa. Necesitan cada día pasar un tiempo sin los mayores y al aire libre, ya que allí vivirán las experiencias que les marquen y las más importantes para su crecimiento.

 

Pobre pan nuestro de cada día

https://www.eldiario.es/murcia/murcia_y_aparte/Pobre-pan-dia_6_860623944.html

El consumismo empapa la mayor parte de la sociedad. Decía Bauman, ese profesor que conocimos ya tan mayor, que en la fase actual del capitalismo, el individualismo, como alma del mercado que es, se refleja en la capacidad de elegir que proporciona el consumismo

Rafael Cordón Aranda

Es muy probable que casi nadie haya tenido noticia de que mientras celebrábamos aquí las navidades en Sudán se producían protestas fuertemente reprimidas por la policía con numerosos muertos y heridos. Se iniciaron por el continuo aumento del precio del pan y de los productos básicos. Tantas y tantas veces lo mismo: gobiernos corruptos, explotación colonial, aumento de la pobreza, medidas dictadas por el FMI ¡como siempre!, metiendo las narices y pescando a río revuelto. Y en Argentina hace pocos meses, y en Túnez antes y en tantos países. Ahora en el nuestro ya no hay disturbios por el pan pero sigue habiendo pobreza y hambre, y cada año más: estas navidades hemos visto cómo se multiplican las campañas de donación de alimentos.

Es verdad que los alimentos están más accesibles y la oferta es cada vez más diversa, pero una gran parte de la población en el día a día solo puede comprar alimentos baratos que la industria produce masivamente y que con técnicas de venta consigue imponer, pero cada vez más, también, conducen a una alimentación que produce un aumento de trastornos y enfermedades. El informe “Viaje al centro de la alimentación” de VSJ Justicia Alimentaria Global expone cómo la industria agroalimentaria ha cambiado los alimentos y los ha manipulado para hacerlos adictivos llenándolos de azúcares, grasas, sal y cientos de aditivos a su disposición. Como resultado: dietas insanas que producen pandemias. Vale la pena leerlo.

El pan es un componente básico de la dieta diaria y lo ha sido en las distintas culturas durante cientos de años y su falta ha supuesto hambre para la mayoría. Antes, en nuestras tierras, para los más pobres, pan poco y negro, por el color que daba el salvado del trigo y del centeno, y blanco, con harina refinada de trigo, para los pocos que podían permitírselo. Ahora pan blanco para la mayoría, pero de baja calidad.

Y es que la producción y venta de pan ha experimentado muchos cambios en muy pocas décadas: grandes empresas que fabrican masas de pan precocido congelado, sin respetar los tiempos de fermentación, a los que hay que suministrar un cóctel de sustancias químicas para mejorar su aspecto, sus cualidades físicas y para aguantar muchos meses hasta su puesta en venta. Un alimento ultraprocesado más y cada vez menos apetecible. Mientras tanto el consumo de pan va decreciendo año tras año y es que el pan que se podía comprar era cada vez de peor calidad y en la dieta diaria podían entrar otros muchos alimentos. Total, el pan se consumía en la intimidad de las casas y no era un producto de ostentación; hasta en restaurantes que se esmeraban en la confección de cada plato se les olvidaba que también debían hacerlo con el pan que ofrecían.

Al mismo tiempo las panaderías tradicionales no podían competir con la gran industria con sus precios —y su calidad— a la baja, por lo que muchas panaderías tradicionales iban cerrando y las que quedaban también se veían en la necesidad de producir con los mismos procesos industriales. ¡Pobre pan!

El pan, el verdadero pan, se estaba convirtiendo en un alimento añorado. ¡Aquello sí que eran panes! —se decía—. Y los más entusiastas se animaban a hacerlo en casa, ¡Es tan fácil! harina, agua, levadura y un poco de sal. No, a la primera no salía como se deseaba, pero era cuestión de insistir. Mientras, algunos antiguos artesanos del pan resistentes y quienes se animaban a dar un paso adelante y crear su propia panadería se iban abriendo paso; la demanda de buenos panes iba aumentando. Y en poco tiempo aprendimos a diferenciar harinas, procesos, masas madres, tipos de panes… y un nuevo campo de consumo se abrió al mundo empresarial; nuevos nichos de mercado que llaman para los nuevos “gourmets”.

La propaganda empresarial se apropia de palabras que han ido aparejadas a esta nueva corriente de buscar panes mejores: pan integral, pero que no lo es, natural con un montón de sustancias químicas, artesano hecho en grandes industrias, de pueblo fabricado en polígonos industriales, de tahona porque cada cual le pone el nombre que quiere, y pan de la abuela y de leña, que todo vale.  Y ya puestos, panes fortificados. Y de paso se le aumenta el precio. Eso sí, los aditivos utilizados no habrá forma de conocerlos en los panes sin envasar; y en los envasados, con lupa.

Y para más confusión, en muchos casos no se indica el peso de la pieza, con lo que no podemos saber el precio del kg, que es lo que nos sirve como referencia de su coste, a no ser que lo pesemos en nuestra casa. Claro que esa ocultación se viene haciendo desde hace mucho tiempo: los panes de kilo no pesaban 1000 gramos y los de cuarto tampoco 250 gramos.

El consumismo empapa la mayor parte de la sociedad. Decía Bauman, ese profesor que conocimos ya tan mayor, que en la fase actual del capitalismo, el individualismo, como alma del mercado que es, se refleja en la capacidad de elegir que proporciona el consumismo; y en esta sociedad consumista, hábilmente potenciada por las empresas, los alimentos, y el pan cada vez más, se venden y se compran no por sus valores nutricionales, como nos quieren hacer creer, sino por la capacidad que dan al individuo, al consumidor, de elegir, de sentirse diferente. Una de las cadenas de panaderías más importantes ofrece hasta 47 tipos de pan.

A tanta confusión y engaño se estaba llegando que ha sido necesario revisar la normativa sobre calidad del pan: está próximo un nuevo Real Decreto en el que se pretende “mejorar la competitividad del sector, potenciando la innovación y el desarrollo de nuevos productos y proporcionando, por otra parte, la información adecuada al consumidor para facilitarle la elección de compra”.

Y, como siempre, los grandes empresarios son quienes ahora mangonean para conseguir una normativa a su medida: la patronal del sector de masas congeladas (Asemac) expone como primer objetivo “convertir a Asemac en un lobby eficaz, al servicio del sector y de las empresas que la integran, con capacidad tanto de influencia ante las Administraciones y tercero…”. Y parece que son muy eficaces: los colectivos de panaderos artesanos de la Asociación de Panaderías Biológicas (APB) exponen sus quejas de no haber sido consultados para su redacción y de que las industrias pretenden desvirtuar a su antojo los procesos de los panes artesanos, con masa madre, largas fermentaciones y harinas de calidad. Tienen enfrente, tenemos, un lobby poderoso y un aparato estatal sumiso.

El buen pan no quiere prisas, requiere tiempo, masajear la masa de pan, fermentaciones largas y buenos ingredientes. Y que suerte que haya personas que deciden producir panes de calidad de forma artesanal con el sacrificio que supone, profesionales procedentes del mundo de la panadería o recién llegados que con las dificultades que tienen para sobrevivir nos regalan cada día el valor de un pan del que no puede uno negarse a darle un pellizco nada más comprarlo y saborearlo, también despacio. Esas personas, esos comercios existen y ojalá cambien, cambiemos, las condiciones productivas y comerciales para que su buen hacer se extienda y ya no sea tan difícil comer un buen pan.

Vale la pena buscarlos y convertir el “pobre pan nuestro de cada día” en el “buen pan de cada día”.

 

El empresario que ha abierto 16 cines en los pueblos de la España vacía: “No vendo humo”

joaquín fuentes tiene una historia de película

https://www.elconfidencial.com/cultura/cine/2018-12-02/cines-pueblos-espana-vacia-joaquin-fuentes_1674130/

¿Quién se atrevería a apostar por un negocio decadente en sitios de los que la gente ha huído? Este emprendedor salmantino está triunfando con su lema: “Cine donde no hay cine”

Joaquín Fuentes en su oficina. (A.V)

Antonio Villarreal

Un pueblo venido a menos —allí donde todos los negocios cierran, todos los jóvenes se marchan para no regresar y el futuro pinta peor que negro— es el mejor sitio para montar un cine. O acaso, el único sitio.

No lo decimos nosotros sino Joaquín Fuentes, el empresario salmantino que en los últimos años ha logrado abrir 16 salas en municipios como Peñaranda de Bracamonte, Peñarroya-Pueblonuevo, Quintanar de la Orden, Viveiro o Almazán.

Contra todo pronóstico, su empresa, Proyecfilm, alcanzó el año pasado casi un millón de euros de facturación. “Lo difícil es mantenerse durante 25 años con algo que se está hundiendo continuamente“, dice a El Confidencial desde su recién estrenada oficina en un polígono industrial a las afueras de Salamanca.

El 7 de junio de 1990, El País publicó un reportaje sobre la desaparición de los cines rurales firmado por Ana Alfageme y que comenzaba así: “Joaquín Fuentes perdió, con apenas 30 años, su última batalla el 1 de noviembre de 1988, fecha en que cerró el Cine San José, en Guijuelo (Salamanca). Aquel día le embargó la desilusión. Durante cinco años pudo cristalizar su sueño de poseer un cine, ‘pero no salían las cuentas’, perdía dinero. El San José, último cine del pueblo, repitió la historia de otras muchas salas rurales, que son el grueso de los cines que no volverán“.

Irónico, ¿verdad? Vuelves a la redacción de Miguel Yuste con la satisfacción de la premonición bien hecha, y, a la que te despistas, ese empresario calvo y miope al que habías sentenciado va y burla a su destino cual Uma Thurman saliendo del ataúd en ‘Kill Bill 2’ (Quentin Tarantino, 2004) para volver a la superficie con más sed de montar cines. ¡Soy inmune a las balas, mami!

Finales de los ochenta. Fuentes, su padre y su hijo mayor en el cine de Guijuelo. (Tomás López)

Fuentes tiene ahora esa misma página enmarcada en su despacho, como amuleto o quizás como advertencia al próximo agorero urbanita. Después de perder “su última batalla” en Guijuelo, dejó el trabajo en el banco que le había manutenido durante dos décadas y abrió tres años después (en 1991) el siguiente cine, en Peñaranda de Bracamonte —que aún sigue activo— y desde entonces no ha parado.

El cierre de su cine en Guijuelo coincidió con el estreno de ‘Cinema Paradiso‘ (Giuseppe Tornatore, 1988), película que ilustra una de las paredes de su oficina y bien podría haberse inspirado en su vida. Con la diferencia de que, en la película italiana, un incendio acababa con el cine del pueblo y en la vida de Fuentes los incendios ocurren cada década: “Primero fue la televisión, luego el vídeo VHS, luego internet, ahora Netflix y esas plataformas…” cada pocos años, al cine le sale un nuevo enemigo mortal.

Primero fue la televisión, luego el vídeo VHS, luego internet, ahora Netflix… cada diez años al cine le sale un nuevo enemigo mortal

“Aún recuerdo cuando me gasté 30.000 pesetas en comprar ‘Rambo’ para ponerla en el cine”, recuerda el empresario, “y la estaban poniendo en todos los bares del pueblo en una cinta VHS pirateada, ¡qué cabreo me cogí!”.

Sin embargo, y para ser justos, es precisamente la llegada del cine digital lo que ha permitido a Proyecfilm extender sus redes al resto de España.

El retorno de ‘Cinema Paradiso’

Joaquín Fuentes nació en el cine de verano de Piedralaves, Ávila. Su padre vivía en la propia sala de máquinas de cine, donde además de operador de cámara hacía de ayudante de ‘hand’, pintaba a mano los carteles de las películas.

Cartel pintado por el primero de los Fuentes. (A.V.)

Hoy, un gran cartel de ‘Espantapájaros‘ (película de 1973 protagonizada por Gene Hackman y Al Pacino) dibujado por el patriarca de la saga, que falleció hace unos años, preside la entrada de la sede de Proyecfilm.

Un año, aprovechando la festividad del 18 de julio, la madre de Joaquín Fuentes se acercó desde Madrid y en aquella misma habitación dio a luz. El recién nacido llevaba ya dentro el veneno por la profesión de su padre. En efecto, Fuentes ama el cine. No tanto las películas, sino el cine: el taquillero picando las entradas, las parejas de novios entrando asidos hacia la oscuridad, las pajitas rayadas y las palomitas, las madres esperando pacientemente en la puerta el final de la sesión de tarde.

El padre de Joaquín Fuentes frente a algunas de sus obras. (Cedida)

Su infancia trascurrió arrastrando un proyector de 16mm por los pueblos de Salamanca. “La pantalla era una sábana, cada uno tenía que llevar su silla como butaca y la calefacción era un ladrillo envuelto en una manta”, dice Fuentes. Luego, con su hermano, siguió recorriéndose la provincia operando las cámaras en colegios de curas y aprovechando el tirón setentero de las películas de Manolo Escobar. Y así, hasta llegar a Guijuelo, donde abrió su primer cine en 1983.

“He tenido cines en Toro, en Medina de Rioseco, en Peñafiel, en Cuéllar… tuvimos que cerrarlos porque las películas de 35 milímetros valían mucho dinero y llegaban tarde“, dice Fuentes. También ha tenido sus coqueteos con la producción, en particular de películas de temática religiosa: “Se llama Contracorriente Producciones y distribuimos muchísimas películas”, dice el empresario, y enumera: ‘Un Dios prohibido’, ‘Poveda’, ‘Luz de soledad’ y este año hemos estado con ‘Red de libertad'”.

Cómo se gestiona un cine rural

Los pueblos donde Fuentes ha puesto uno de sus cines no están cogidos al azar, todos tienen en común que son capitales de comarca, tienen entre 5.000 y 15.000 habitantes y están lo suficientemente lejos de una capital de provincia como para que interese poner un cine.

En un pueblo de 300 habitantes alejado de todo no interesa poner cine, pero en otro que esté cerca de la capital de provincia tampoco

“Siempre vamos de la mano del ayuntamiento y alcanzamos un acuerdo de explotación, si no, la empresa no es viable”, explica Fuentes. “A veces la gente en estos pueblos me dice: aquí había un cine y se cerró. ¿Y por qué se cerró, porque el dueño estaba ganando tanto dinero que Hacienda le persiguió? ¡No! ¡Cerró porque vosotros no ibais! Los pueblos tienen lo que se merecen”.

Uno de los últimos lo abrieron en Peñarroya-Pueblonuevo, un municipio minero al norte de Córdoba donde, desde que las minas cerraron en 2012, el paro supera el 30% y las perspectivas para cualquier apertura comercial no son halagüeñas. Pero los diez mil habitantes de la localidad se han convertido en fieles espectadores, una sorpresa agradable para los promotores del cine. Alberto, el hijo de Joaquín que, como su padre, lleva desde pequeño en la carretera, visitó por primera vez la localidad un 9 de marzo y poco después, el 6 de junio, daban sus primeros pases.

Afortunadamente para ellos, todo pueblo en decadencia cuenta con un amplio surtido de inmuebles en desuso, incluso antiguos cines como en Almazán, Soria.

Estreno de ‘Superlópez’ el pasado fin de semana en Peñarroya-Pueblonuevo (M. Carmen García)

En cada cine, la saga de los Fuentes funciona de la misma forma. Tiran de empresas locales para acondicionar y pintar las instalaciones, tirar una moqueta, instalar el mobiliario. Así se garantizan también que los vecinos no vean el nuevo cine como algo extraño. “Queremos darle vida al pueblo”, dice Fuentes. Cada local cuenta con tres empleados, ni uno más ni uno menos. Uno en la taquilla, otro en el quiosco y otro picando las entradas. No hay especialización, todos tienen que saber hacer de todo.

Teniendo en cuenta que entre el 55 y el 60% de la taquilla va directamente a la distribuidora, los márgenes no son muy amplios. Por ello tienen que operar con estructuras mínimas, pero estables. La empresa actualmente cuenta con 18 empleados con los que gestionan íntegramente seis cines, en los otros son empleados del ayuntamiento a los que ellos asesoran.

Cada local cuenta con tres empleados, ni uno más ni uno menos. Uno en la taquilla, otro en el quiosco y otro picando las entradas

La inversión inicial está en torno a los 50.000 euros, de los que la mayor parte se las lleva el proyector y el sonido, y tardan entre tres y cinco años de actividad en amortizarla. “Reinvertimos el dinero en mejores películas y en que tengan la mejor calidad de imagen y sonido, muchas veces mejor que en los multicines de la capital”, dice el empresario, “una cosa está clara, yo no vendo humo, yo monto cines”.

“Tenemos varios pueblos en cartera en Córdoba o Ciudad Real… esperando a ver si se deciden”, dice Alberto, el último Fuentes de la saga, que reconoce que también han tenido bastantes chascos. “En Motril les abrimos el cine en un edificio que costó millones, estuvimos seis meses metiendo cientos de personas y cuando ya estaba todo funcionando de lujo, lo sacaron a concurso y le dieron la concesión a otro que ofrecía menos dinero”.

El Peñarroya Cinema anunciando el estreno de Superlópez. (Villarreal Pacheco)

Después de unos meses bajo la gestión de una empresa local, que básicamente imitaba el modelo de negocio de Proyecfilm, el cine cerró.

Cine contra el invierno en Almazán

Almazán es el pueblo más grande de la provincia de Soria aunque no llega a los 6.000 habitantes. Era un candidato idóneo para tener uno de los cines de la familia Fuentes y así sucedió: desde la Semana Santa del año pasado cuentan con sala allí.

En esta localidad soriana los inviernos son muy duros (este pasado enero llegaron a los -10ºC) y la llegada del cine les ha servido para restaurar no solo una vieja tradición, sino el edificio que lo cobija. “Teníamos el antiguo Cine Calderón que estuvo funcionando hasta los años setenta, pero el dueño era mayor y no tenía descendencia“, explica a este periódico José Antonio de Miguel, alcalde de Almazán. “En los noventa el ayuntamiento restauró el edificio, que estaba en malas condiciones y se reabrió en torno al año 2000”.

El restaurado Cine Calderón en Almazán, Soria (Proyecfilm)

Sin embargo, aún no era el momento: “Los números no salían porque los cines aún funcionaban con películas de rollo, requería cantidad de mano de obra y además usábamos aún la máquina original, que aún conservamos”, explica el regidor. “Finalmente, con la digitalización de las salas vimos la oportunidad de volverlo a abrir”.

Por fortuna, la gente en Almazán ha respondido a la apertura del cine. En invierno les ayuda a protegerse del frío y ofrece a los jóvenes del pueblo opciones de ocio más allá del botellón. En verano, De Miguel temía por los números. “Tenía miedo de que se nos hundiera, pero la verdad es que los turistas han seguido yendo, ¡no estaban acostumbrados a ver cine de estreno con tan bajos precios!“.

En todos los cines de pueblo, la entrada cuesta cinco euros. Últimamente, los Fuentes están ofreciendo también la posibilidad de ver óperas y ballets estrenadas simultáneamente en la Royal Opera House de Londres a cambio de 12 euros. Esta apuesta no está siendo tan exitosa como las películas. Si se juntan veinte personas, los responsables de Proyecfilm se dan con un canto en los dientes.

El juego de la programación

A diferencia de Alfredo, el personaje de ‘Cinema Paradiso’ interpretado por Philippe Noiret que se queda ciego a causa de un incendio ocurrido durante la proyección de la película ‘Los bomberos de Viggiù‘ (Mario Mattoli, 1949) nuestro Joaquín Fuentes no es ningún romántico empedernido, más bien un castellano pragmático. Su vida es llevar el cine a la gente, pero no a costa de perder dinero.

Él recuerda con especial cariño las películas que le llenaban el cine de gente allá donde iba, como ‘Titanic‘ (James Cameron, 1997). En general, su ley es que si los vecinos del pueblo responden, él les lleva las últimas películas, estrenadas al mismo tiempo que en Madrid o Barcelona. Pero si no responden, les deja sin cine en un abrir y cerrar de ojos.

“En Peñarroya nos pidieron ‘Jurassic World’ o, como ellos la llamaban, la de los dinosaurios”, explica Alberto Fuentes. “Hicimos el esfuerzo y respondieron, y a partir de ahí la distribuidora vio que tenía sentido y desde entonces hemos ofrecido estrenos: ‘Bohemian Rhapsody’, ‘Superlopez’…”.

Padre e hijo deciden en el planillo qué películas se emitirán en cada cine (A.V.)

Cada lunes, padre e hijo se sientan y deciden qué película ofrecerán en cada pueblo el fin de semana siguiente. Hay muchas variables. Por ejemplo, las distribuidoras obligan a programar los estrenos en un cierto número de pases. Y luego está la idiosincrasia de cada pueblo. “En Astorga, por ejemplo, nos podemos permitir incluir algo de ‘indie’ o cine europeo de vez en cuando porque responden bien, pero en otros sitios ni nos lo planteamos”, dice Alberto, “y a veces te llevas sorpresas, en Peñarroya pusimos ‘La Monja’ que era de miedo y se nos llenó”.

Incluso ser un éxito de taquilla a nivel nacional no garantiza nada en este peculiar circuito. “Hemos tenido fracasos recientes”, dice Fuentes. Por ejemplo, a ‘Yucatán’ (Daniel Monzón, 2018) o ‘La Sombra de la Ley’ (Dani de la Torre, 2018) “no vino casi nadie a verlas”.

En ese momento suena el teléfono del hijo.

“Aún no han llegado los carteles de ‘Animales Fantásticos’ a Peñarroya”, le dice al padre.

“Tienen que llegar hoy, los mandó Álvaro ayer por Seur”, responde Fuentes. “Esta semana está siendo criminal para los portes con eso del Black Friday, ¡a ver si los han mandado a Quintanar en vez de a Peñarroya!”.

Joaquín Fuentes y su hijo Alberto. (A.V.)

Lo único digital aquí es la copia de la película y la venta de entradas ‘online’ desde su página, con eso basta. Todo lo demás sigue siendo analógico, de eso depende su supervivencia. Ninguna escuela de negocios del mundo habría apostado por introducir un negocio decadente en sitios semivacíos, y sin embargo aquí están ellos. Y mientras miles de personas en pueblos de toda España se divierten el sábado por la tarde en sus recién inaugurados cines… ¿qué hace Joaquín Fuentes?

Coge a su mujer y se bajan, como desde hace 27 años, al cine de Peñaranda de Bracamonte. Una se pone en la taquilla y el otro a cortar entradas.

 

“El cuerpo sabe mejor cómo curarse que los médicos”

https://www.cuerpomente.com/ecologia/entrevista/eneko-landaburu_2279

Entrevista al Dr. Eneko Landaburu

El doctor Eneko Landaburu aconseja que dejemos hacer al cuerpo, porque él sabe cómo curarse. La “higiene vital” es una estrategia de salud que se basa en esta sabiduría.

Jesús García Blanca

El doctor Eneko Landaburu estrenó su título de Medicina con los campesinos de la Nicaragua sandinista en 1979. Trajo a tierras vascas las casas de reposo-escuelas de salud y el movimiento internacional de la co-escucha. Fue promotor de la asociación Sumendi y profesor en cursos de postgrado de Medicina Natural.

Tras muchos años abriendo caminos de salud en Euskal Herría, este médico nacido en Bilbao en 1953, que se define a sí mismo como “besugo sesentón nadando en un mar de dudas”, decidió trasladarse con su compañera al corazón de Argentina para crear O’paybo (significa “despertar” en guaraní) Escuela Popular de Salud, alberga personas que quieren recuperar su bienestar. Allí trasmite lo que sabe y lo que continúa aprendiendo de sus lecturas y experiencias.

El doctor Eneko Landaburu defiende el instinto curativo

—Tú has sido uno de los pioneros de la “higiene vital”. ¿Cómo ves este movimiento con tu experiencia actual, con los cambios en la sociedad?
—Higiene quiere decir “arte de vivir”, distinto de Medicina, que quiere decir “arte de curar enfermedades”. Una de sus peculiaridades es considerar que las enfermedades no hay que “curarlas” ni “tratarlas”, porque son procesos curativos puestos en marcha por la sabiduría corporal para poder seguir viviendo. Fiebre, inflamación dolorosa, vómito, diarrea, estornudo, tos, expectoración, incluso convulsiones, son procesos defensivos con el fin de volver a la salud. Tratar estas reacciones con remedios artificiales o naturales complica la situación. Lo conveniente cuando uno se siente mal no es “hacer algo”, sino “dejar de hacer” todo aquello que está dañándonos y descansar para que el cuerpo disponga de todas sus fuerzas.

—Esto choca con la idea que tiene la mayoría de la gente…
—Aún queda mucho por hacer para sacar a las personas la vieja idea de que la curación va a venir de afuera, de un acto de magia y por lo general de un producto tóxico, bajo la supervisión de un humano con estudios universitarios. El poder de curación no está afuera, en los remedios, sino dentro de tu cuerpo. Es un esfuerzo que tiene que hacer tu cuerpo.

—Estás impulsando la instintoterapia. Crees que a estas alturas de la supertecnologización y alejamiento de la naturaleza se puede confiar en nuestro instinto?
—Al terminar los estudios de medicina estaba muy angustiado por la gran cantidad y variedad de conocimiento alternativo a lo que había estudiado en la universidad. Me llevó un tiempo descubrir que había dos clases de conocimiento: el innato y el adquirido. Y aposté por el conocimiento innato, que está tan ignorado y perseguido. Nadie nos lo enseña, está ahí, desde el nacimiento. La instintoterapia o la higiene vital se basan en el conocimiento innato. Aportan una idea genial: ¿y si no hemos perdido el instinto como se dice y en realidad lo que ocurre es que no puede funcionar con nuestras costumbres alimentarias que incluyen alimentos modificados, cocinados, mezclados y condimentados?

“Y aposté por el conocimiento innato, que está tan ignorado y perseguido. Nadie nos lo enseña, está ahí, desde el nacimiento. La instintoterapia o la higiene vital se basan en el conocimiento innato.”

—¿Tenemos que volver atrás?
–Si queremos dar respuestas adecuadas a los problemas actuales, tenemos que explorar nuestros orígenes. “Buscad la causa de las causas”, decía Hipócrates. La antropóloga Riane Eisler llega a la conclusión de que los males actuales comenzaron cuando las relaciones macho-hembra pasaron de la cooperación a la dominación, y que esta relación de dominación se acabó trasladando a la relación con la naturaleza y con los vecinos. El anarco-primitivismo cree que los problemas actuales comenzaron al abandonarse la caza-recolección, desobedecerse las leyes que regían la comunidad de seres vivos y comenzar la agricultura-ganadería. La solución estaría en producir nuestros alimentos inspirándonos en esa época original, cambiando el monocultivo (que erosiona y contamina) por el pluricultivo, a base de bosques y parques comestibles como propone la permacultura o la agroforesta. Con estos alimentos “originales” sí que funcionarían nuestro instinto, nuestro olfato y nuestro gusto, y recuperaríamos el auténtico placer de comer.

—Tu Cuídate, compa (Ed. Txalaparta) es un clásico de la autogestión de la salud. ¿Cómo lo actualizarías?
—A la hora de alimentarnos, tengamos en cuenta el enorme periodo anterior a la agricultura-ganadería. Organicémonos para producir alimentos sin contaminar ni desforestar. Pensemos en nuestro origen, en el óvulo fecundado a partir del cual se construye el cuerpo, recordemos que la inteligencia que nos construyó persiste en nosotros y trata de reparar nuestras averías. No nos opongamos a los mecanismos reparadores, a las enfermedades. Descansemos. Paliemos el subdesarrollo emocional que arrastramos desde la infancia, sobre todo si tenemos niños a nuestro cargo. Potenciemos el aprendizaje autodidacta. Apaguemos la tele, abramos un libro. Enseñemos para aprender mejor.

 

Tres años viviendo sin plástico

https://vivirsinplastico.com/tres-anos-viviendo-sin-plastico/

escrito por Vivir sin plástico 11 noviembre, 2018

¡Cómo pasa el tiempo! El pasado mes de agosto fue nuestro aniversario, ¡hace ya más de tres años que rompimos con el plástico! Parece que fue ayer cuando tomamos la decisión, pero si pensamos en cuando hacíamos la compra con plástico lo vemos muy muy lejano. Casi nos cuesta reconocer a aquellas personas que compraban casi todo envasado y ni se inmutaban. Hemos cambiado muchísimo en este tiempo y, aunque a otro ritmo, también ha cambiado la percepción que  la sociedad tiene sobre plástico desechable.

Hay más opciones para comprar sin plástico

Sí, debería haber más, sin duda, pero si lo comparamos con hace tres años hemos avanzado mucho. Cuando empezamos no era fácil encontrar champús sólidos, detergentes a granel, o un simple cepillo de dientes de bambú. En estos años han abierto un montón de tiendas físicas y han aumentado las tiendas online donde poder comprar productos evitando el plástico.

Siempre depende de donde vivas, pero cada vez que vamos de viaje nos encanta comprobar que hay más tiendas y con más opciones. Esperamos que esto siga en aumento y se pueda comprar sin residuos sin importar el lugar donde vivas.

Seguimos siendo raros, pero no tanto

Cuando empezamos a llevar nuestras bolsas pequeñas de tela para comprar a granel nos miraban ojipláticos. Seguimos sin ser muchos los que llevamos nuestros propias bolsas y recipientes para comprar, pero es una práctica cada vez más común. Un día en una frutería me llegaron a decir: “que sepas que no eres el único, hay una chica que también viene con sus bolsitas”. Me hizo mucha gracia, de un golpe habíamos doblado el número de personas que comprábamos de una forma más sostenible.

Puede ser que nos hayamos acostumbrado y lo hagamos con más naturalidad (que también) pero creemos que los comercios están más habituados a las personas que intentan reducir sus residuos. Y esto es gracias a todos que con su pequeños gestos han ido abriendo camino.

No solemos comprar en supermercados pero la semana pasada estábamos de vacaciones y compramos fruta y verdura con nuestras bolsitas de tela en uno de ellos y el dependiente ni pestañeó.  En este caso fuimos nosotros lo que nos quedamos ojipláticos. ¿Quién nos lo hubiese dicho? Si hace tres años nos costaba que nos comprendiesen cuando decíamos que no necesitábamos una bolsa de tipo camiseta ¡aunque fuese gratis! Está claro que queda muchísimo por hacer, pero vamos avanzando.

Se están tomando medidas a nivel gubernamental

En España empezaron a cobrarse las bolsas de forma obligatoria este verano y en Europa hay una propuesta para prohibir algunos objetos de plástico desechable como las pajitas, platos y cubiertos, bastoncillos de los oídos o los contenedores para comida rápida de poliespan. ¡Y es muy probable que se convierta en ley a finales de este año! Si bien es cierto que nos parecen medidas ligeras y muy a largo plazo, es un primer paso en la dirección correcta.

Cada vez somos más

Aunque esto nos sorprendió desde que empezamos, cada vez somos más personas las que hemos tomado conciencia e intentamos evitar el plástico de una forma u otra. El éxito tan abrumador de campañas como #DesnudaLaFruta así lo demuestra. En realidad no tiene ningún sentido utilizar el plástico como lo estamos haciendo hasta ahora. Creemos que esto va a seguir en aumento, no hay otra. Es lo lógico.

Hemos aprendido a tomárnoslo con más calma

Nosotros seguimos evitando el plástico al máximo, pero nos hemos relajado bastante en algunos aspectos. En un principio estábamos un poco obsesionados con reducir al mínimo nuestros residuos plásticos. En una ocasión Fer compró una luz para la bici de peor calidad porque venía envasada en cartón. ¡Ahora ni se nos ocurriría! Hemos pecado un poco de radicales pero hay que tener la visión completa, no podemos centrarnos tanto en el plástico como para hacer peores elecciones personales y ambientales sólo por evitarlo. Todo lo que hacemos perdería su sentido.

No hay vuelta atrás

Muchas personas nos preguntan si nos cansamos y la verdad es que no. Sólo imaginando todos los residuos que hemos dejado de generar en estos tres años nos anima a continuar.

Como hemos dicho en muchas ocasiones, cambiar los hábitos es lo principal. Una vez creas una nueva rutina de compra todo se vuelve de lo más sencillo, en realidad ni nos damos cuenta que estamos evitando en plástico.

¡Esto no tiene fin!

Empezamos evitando el plástico, seguimos con otros materiales, haciendo compost, reduciendo nuestro consumo, comprando productos locales, apoyando negocios pequeños y marcas sostenibles, cambiando de compañía eléctrica… ¡Y todavía nos queda muchísimo por hacer! Siempre se puede dar un paso más allá.

Una vez que comienzas a ser consciente de las consecuencias de tu consumo y a responsabilizarte de él inicias un camino sin fin. Muchas personas empiezan a preocuparse por la sostenibilidad cuando descubre quién ha hecho su ropa, al dejar o reducir el consumo de carne, o al montar su propio huerto. Nosotros empezamos por el plástico pero podríamos haberlo hecho por cualquier otro lado. Todos estos caminos se pueden cruzar, interconectar o transitar al mismo tiempo. No se trata de buscar la perfección, ni de juzgar a otras personas por consumir de la misma forma que lo lo hacíamos nosotros unos años atrás. Es algo tan sencillo como seguir tus instintos y tratar de vivir de una forma consciente sabiendo que debemos de cuidar nuestro planeta.

No podemos dejarnos llevar por el absurdo modelo de consumo de la sociedad actual. Lo que hasta ahora ha sido lo”normal” tiene que dejar de serlo.  Esperamos que llegue pronto el día en miren raro a quien compre generando residuos y se vea con normalidad el evitarlos.  Es lógico y necesario.

 

Clases de matemáticas, historia o geografía en el huerto

‘Sembra verdura, arreplega cultura’, probado en tres centros de Valencia, busca un espacio transversal para educar en alimentación y reconectar con el mundo rural

https://www.lavanguardia.com/local/valencia/20190122/454220850047/clases-matematicas-historia-geografia-huerto-cerai-valencia.html

Actividades relacionadas con el huerto en el CEIP Benimàmet (CERAI)

Raquel Andrés Durà

22/01/2019 06:00 Actualizado a 22/01/2019 11:46

Un huerto puede ser un espacio transversal en un colegio. Ahí se pueden dar clases de matemáticas, donde de forma práctica el alumnado puede calcular cuánto producirá; o geografía, marcando en un mapa de dónde vienen los alimentos; o idiomas; o artes plásticas; o historia, sobre el origen de los productos.

Esa es la idea del proyecto ‘Sembra verdura, arreplega cultura’ que imparte el Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional (CERAI) con el apoyo de la Diputación de Valencia, que ha subvencionado 5.962 euros de los 7.493 totales que ha costado.

Un niño en el huerto escolar en una de las actividades de CERAI (CERAI)

Acaban de terminar su primera experiencia, que se ha llevado a cabo con el alumnado de 5º y 6º de Primaria, las AMPAS, el profesorado y los monitores de comedor de tres centros escolares durante tres meses: el CEIP Villar Palasí de Paterna, el CEIP El Parque de la Cañada y el CEIP Santa Teresa de València.

El proceso ha involucrado al profesorado, al claustro escolar, a las asociaciones de madres y padres y al personal de monitores del comedor escolar con el objetivo de usar “el huerto como una prolongación del aula”, apuntan desde la organización.

En 2019 se ampliará a ocho centros

Los resultados han sido positivos, remarcan en CERAI, por lo que en 2019 se ampliará a ocho centros, alguno de ellos en la provincia de Castellón. Invitan a que cualquier centro ponga el huerto en el centro para hacer las materias más prácticas y transversales; han colgado en su página web el material pedagógico para poder trabajar conceptos de nutrición, soberanía alimentaria, consumo responsable y agroecología.

El dossier da información básica sobre cuidado y mantenimiento del huerto, herramientas, cultivos o semillas. Además, incluye una parte final con consejos sobre cómo aplicar las diferentes materias del currículum escolar a dicho espacio.

Clase sobre el huerto en el CEIP Villar Palasí de Paterna (CERAI)

Concretamente, en matemáticas sugieren calcular cada cuántos centímetros se planta, cada cuánto se riega y cuánto produce en kilos, unidades y euros. En geografía proponen un mapamundi donde señalar los orígenes de las hortalizas.

En artes plásticas, dan la idea de hacer carteles para el huerto, un cómic de los alimentos, un ajedrez de insectos, reciclaje de regaderas y macetas, crear molinillos de viento con botellas o un espantapájaros. Para inglés ofrecen una lista de actividades como contar la historia de un agricultor, expresar el tiempo atmosférico cada día en el huerto o hacer letreros.

Los niños no sabían lo que era una remolacha o una alcachofa. Con el maíz decían que eran kikos”

Maite Fornés Ha coordinado el proyecto en las aulas

“¿Por qué comemos? Porque tenemos hambre. ¿Y si comemos de manera insana? Enfermaremos”. Así empiezan estas sesiones con los niños, a quienes se les hace reflexionar sobre la biodiversidad y los alimentos de temporada. “En el supermercado van en plástico y no saben que los tomates son de verano. Con estas clases descubren los colores y la alimentación variada”, explica la técnica Maite Fornés, que ha coordinado y participado en el proyecto en las aulas (y sobre todo, fuera de ellas). Se muestra satisfecha con los resultados y asegura que los niños “son perfectamente conscientes de lo que es saludable y lo que no”.

En cambio, manifiesta su “preocupación” de lo que “nos hemos desvinculado del mundo rural” por el desconocimiento sobre “de dónde vienen las cosas”: “Los niños no sabían lo que era una remolacha o una alcachofa. Cuando les mostrábamos perejil o apio, decían de todo menos lo que era. Tampoco sabían decir que unas judías eran unas judías teniéndolas en la mano; con el maíz, al menos decían que eran kikos, se aproximaban. Pero no tienen ni idea de la relación con la panocha, cómo se cultiva, o qué son las legumbres”. Cuenta que también se sorprendían cuando abrían una vaina y veían dentro unos guisantes.

Actividad en el CEIP Campanar de València (CERAI)

Sobre el profesorado, dice que “alucinaban viendo cómo cualquier materia se puede impartir en el huerto” y el “impacto” que tiene sobre unos niños que “están como locos por salir de las jaulas de las aulas” y “aprender al aire libre”.

En cuanto a los monitores del comedor escolar, que “tienen un amplio conocimiento de lo que les gusta y lo que no a los pequeños”, Fornés asegura que “les facilita mucho que cultiven las hortalizas y las conozcan”: “A veces no les gustan porque no saben lo que es, y al conocerlo, les curiosea más el probarlo. Ayuda para que coman más a gusto coles o espinacas”.

“Hay que desterrar la visión mecanicista de la ciencia, que reduce a partes los hechos y los estudia de forma aislada”

Miguel Ángel Monteagudo Ingeniero técnico agrícola

Un experto en educación, Miguel Ángel Monteagudo, ingeniero técnico agrícola y profesor de FP en especialidad agraria, es un defensor de extender las enseñanzas del huerto a las materias convencionales: “Qué comemos, todo lo que hay detrás de un simple tomate o zanahoria, la diferencia entre cultivarlo aquí y ahora o que viajen miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa, los recursos energéticos consumidos en la agricultura industrial y su insostenibilidad”.

Aplaude el proyecto de CERAI, del que dice que puede ser “enriquecedor” para el alumnado por el hecho de cultivar un huerto porque destierra “la visión mecanicista de la ciencia, reduciendo a partes los hechos y estudiándolos de forma aislada”: “Para un alumno, un insecto sin más no tiene nada de atractivo; sin embargo, su relación con el resto de seres vivos, el ecosistema, la biodiversidad y las relaciones que se establecen entre los diferentes sistemas, da un sentido, una idea global de la vida de la que formamos parte”.

Un niño regando el huerto escolar en una de las actividades de CERAI (CERAI)

Monteagudo señala como principales problemas a la hora de aplicar este tipo de proyectos “la resistencia de gran parte de los docentes a salir de su zona de confort e intentar vincular sus materias a las demás” y que “en ocasiones los alumnos no acaban de adaptarse al cambio de metodología” porque “no están acostumbrados a tener una visión global de las cosas, sino fraccionada, donde la memorística juega un papel preponderante frente a la comprensión de los hechos y el análisis de las relaciones entre los elementos y sistemas que componen por ejemplo un huerto”.

“El futuro apunta en esta dirección, aunque no tiene nada de nuevo ni revolucionario. Hace un siglo había educadores y pensadores que apuntaban las ventajas de estas metodologías. Hemos perdido demasiado tiempo”, añade el docente.

Un juego para las aulas

Paralelamente, la Unió de Llauradors i Ramaders ha creado la plataforma ‘Agroviva’, con el apoyo de la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente, con materiales didácticos para las aulas relacionados con la agroecología, los productos ecológicos, la cadena alimentaria, la alimentación saludable, el consumo sostenible y su relación con la protección del medio ambiente.

‘Agrojocs’ de la Unió de Llauradors i Ramaders (Raquel Andrés Durà)

En este proyecto destaca la maleta lúdica ‘Agrojocs’, que se repartirá por 700 centros educativos de la Comunitat Valenciana y que contiene seis juegos diferentes: “Los 5 sentidos”, de reconocimiento sensorial de plantas; “¿En qué temporada va?”, con cartas para identificar y clasificar frutas, verduras y hortalizas; “La Naranja Corredora”, similar al tradicional ‘juego de la oca’ pero siguiendo el proceso de producción y distribución del cítrico; “¿Lo aciertas?”, cartas con preguntas de verdadero o falso sobre la ganadería ecológica y las normas de bienestar animal; “El estaciomenú”, un rompecabezas para crear menús equilibrados, de temporada y con recetas autóctonas; y “¡Bate!”, un juego de cartas para elaborar batidos de temporada con frutas, verduras y hortalizas.

Las instrucciones de todos los juegos están disponibles en la página web en valenciano, castellano e inglés.