Valencia tendrá 4 mercadillos semanales de venta directa de los agricultores a los consumidores

https://www.valenciabonita.es/2021/03/17/mercados-agroalimentarios-valencia/

Estos mercados, donde se venderán frutas, verduras y hortalizas, pretenden impulsar la venta de productos del campo a la mesa sin intermediarios.

por ValenciaBonitaImagen del mercado “De l’Horta a la Plaça” en la plaza del Ayuntamiento de Valencia

La ciudad de Valencia contará con cuatro mercadillos agroalimentarios, de venta directa de agricultores a los consumidores, con el fin de impulsar el comercio de proximidad con la huerta y, además, favorecer la alimentación de proximidad y sostenible.

Al menos eso es lo que trata de conseguir el consistorio  valenciano hoy miércoles 17 de marzo de 2021, a través de la concejalía de Agricultura, Alimentació Sostenible i Horta que preside Alejandro Ramón, presentando un expediente de propuesta ante la comisión de Medio Ambiente.

La idea es que estos cuatro mercados, que serán semanales y en distintas localizaciones del cap i casal, sean de venta directa con productos del campo a la mesa sin intermediarios, en concreto frutas, verduras y hortalizas, tratando de conseguir que el agricultor de la huerta de Valencia pueda tener una mayor rentabilidad y un futuro más digno para su explotación.

En tres de los casos, existen mercados municipales fijos junto a los que se plantean. El de Benimaclet se ubicará en la plaza del barrio, con 15 paradas. El segundo estará en la calle Ingeniero Joaquín Benlloch, en Malilla, que contará con otras 15 paradas. Y el tercero será el de Casteller-L´Oliveral, con otras 15 paradas, algo que ya adelantábamos en 2020 pero que todavía no se ha llevado a cabo (tal y como ya publicamos en https://www.valenciabonita.es/2020/06/10/mercado-extraordinario-castellar-oliveral/). El lugar elegido para éste último será la “futura” plaza de la Figuereta, que actualmente es un descampado. El solar, tal y como se confirmaba en otras noticias como la de octubre de 2020 en https://valenciaextra.com/es/primer-mercado-agroalimentario-castellar-loliveral/, “se transformará en una amplia zona peatonal en la que no solo se ha proyectado un mercado agroalimentario, sino que la reforma convertirá el solar en una plaza de más de 2.000 metros cuadrados en los que no faltará una zona de juegos intergeneracionales, una zona de descanso y una zona de actuaciones y actividades”.

El último en discordia, el que parece no agradar tanto, es el del Mercado de Colón, que contará con 20 paradas y se ubicará en la calle Martínez Ferrando, en el exterior de la emblemática joya del modernismo. Y decimos que no gusta tanto porque ya hay voces contrarias, en concreto puestos del mismo mercado o el concejal del PP Santiago Ballester, que afirma, tal y como se puede leer en https://www.lasprovincias.es/valencia-ciudad/agricultores-venderan-junto-20210316005500-ntvo.html, que “introducir estas paradas de venta de productos del campo es una competencia desleal con el pequeño comercio en nuestros barrios, como es el caso del Mercado de Colón, y tampoco es lo apropiado para un Bien de Interés Cultural como es el Mercado de Colón, centro neurálgico del barrio”.

Por así decirlo, podríamos afirmar que estos mercados son, al uso, una tira de contar, emulando la milenaria institución foral valenciana que perdura desde el siglo XII mediante la cual los agricultores valencianos venden directamente sus productos frescos de la huerta a la ciudad, tal y como os contamos en https://www.valenciabonita.es/2018/02/12/la-tira-de-contar-la-milenaria-institucion-foral-valenciana-que-perdura-desde-el-siglo-xii/

La presidenta de la Asociación de Comerciantes de Benimaclet, Carmen Campos, comenta que tras hablarlo con los negocios de alimentación, que son bastantes en el barrio, llega a la conclusión de que «no están molestos, mientras paguen las tasas, impuestos y todo esté regulado convivirán con ellos, la mayoría cree que sus clientes les respetarán».

Las Provincias

En Valencia Bonita estaremos atentos para actualizar esta misma noticia en cuanto ocurra la mencionada comisión de Medio Ambiente y se apruebe la creación de estos mercados.

 

El capital riesgo acelera su siembra en el campo español y sacude todo el modelo

Los fondos viran hacia la agricultura

https://www.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/capital-riesgo-acelera-siembra-campo-espanol-sacude-modelo/2827237/?utm_source=whatsapp.com&utm_medium=socialshare&utm_campaign=mobile_web

El sector teme por una ‘uberización’ del sistema después de que los grandes nombres internacionales se hayan fijado no sólo en la industria agrícola sino también en las explotaciones y empresas del primario.

Iñaki Etxarri

Un agricultor recoge uva durante la vendimia de la cosecha de 2020.DPA vía Europa Press

Si hace ahora un año vivíamos en nuestro país la ‘revuelta de los tractores’, con miles de agricultores en las calles protestando contra la crisis de precios del campo español, doce meses después se puede decir que el año de la pandemia le ha sentado bien al sector agrario que, entre otras cosas, se ha demostrado imprescindible. Así, la renta agraria, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ha alcanzado en España los 29.093 millones de euros en 2020, lo que supone un incremento del 4,3 % con respecto a 2019. Esta evolución positiva de la renta agraria está asociada al buen comportamiento que ha tenido la producción de la rama agraria, que se ha situado en 52.991 millones de euros, lo que supone un aumento del 2,6% con respecto a 2019, mientras que la producción ganadera registra su valor récord, con 20.272 millones de euros, un 1,8% más que en 2019.

Sin embargo, y en este entorno en general positivo para la agricultura y ganadería españolas, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) subraya en su balance anual que durante el año de la pandemia se ha acelerado el proceso de ‘uberización’ del campo español, concentrando el valor de la producción en menos manos. “Un 7% de macro-empresas agrarias acapara ya la mitad del incremento del valor productivo”. A pesar de la subida de la renta agraria en términos reales por el aumento de la producción, “el sector ha perdido 67.000 activos en 2020, un descenso del 7,9% respecto a 2019″. La agricultura “va bien, pero sólo para algunos”.

Para las organizaciones agrarias, los problemas del campo tienen solución, pero depende de la orientación que se le quiera dar a las políticas económicas y agrarias. Políticas que en 2021 deben ir orientadas a fomentar y desarrollar un modelo de economía social agraria: “Futuro para el campo sí, pero para una agricultura con agricultores y agricultoras. Tenemos que hacer frente al proceso de ‘uberización del campo español’; implantación de macro-explotaciones en manos de fondos de inversión multinacionales que representan un modelo ajeno al social y profesional, lo que amenaza la continuidad de la explotación agraria independiente“, explica Miguel Blanco, secretario general de COAG.

Como ejemplo de la entrada de estos fondos de capital riesgo en el sector agroalimentario español podemos poner la reciente adquisición, en estos primeros días del 2021, por parte de DeA Capital Alternative Funds, fondo de capital riesgo del Grupo De Agostini, que ha desembarcado en nuestro país comprando el 60% de Alnut, compañía española especializada en productos de alimentación de base vegetal para niños y bebés. El 40% de la compañía permanecerá en manos de Foodiverse (anteriomente denominado Grupo Alimentario Citrus).

Alnut comercializa sus productos en multitud de establecimientos de gran consumo como Mercadona y Carrefour y se distribuyen a diferentes países de Europa y Asia. Cuenta con una facturación de 25,7 millones de euros y una plantilla de más de 100 empleados. Foodiverse es un multinacional con base en España que facturó 329 millones de euros en 2019, con más de 2.500 empleados y 229 millones de ensaladas vendidas al año en 30 países.

Foodiverse está en manos de la familia Martinavarro, que ya hace unos años vendió su sección de cítricos al fondo español Miura Private Equity, que en 2017 creó el gigante Citri&Co, uno de los mayores proveedores mundiales de cítricos, con unas 500.000 toneladas, más de 8.000 hectáreas de plantaciones de cítricos y una facturación anual de 235 millones de euros. Luis Seguí, consejero delegado de Miura, decía hace unos meses que el fondo de Miura, Agri, especializado en agricultura y alimentación, estaba “mirando” más operaciones, “tanto en España como fuera”.

Pero si hablamos de la entrada de fondos de capital riesgo en la industria agroalimentaria española quizás el paradigma sea Deoleo, el mayor productor de aceite del mundo y propietario de marcas como Carbonell, Koipe y Hojiblanca, con un 51% de sus acciones en manos del fondo británico CVC Partners.

En el campo español se empiezan a conocer y son ya habituales los nombres de fondos como Miura, ProA, Magnum, Abac, Alantra, GPF, Aurica… “No es algo nuevo, pero en los últimos tiempos se ha acrecentado la presencia del capital riesgo en la agricultura. Lo que era habitual en la industria alimentaria se ha traspasado ahora a los procesos primarios”, cuenta a La Información Álvaro Areta, responsable Economía Agraria de COAG, y autor junto a José Luis Miguel, director técnico de COAG, del estudio ‘La ‘uberización’ del campo español. Estudio sobre la evolución del modelo social y profesional de agricultura’. “Hablamos de fondos de inversión, de capital riesgo, de fondos soberanos… que están ‘colonizando’ el campo español”.

 

Desde COAG creen que “no hay una única causa” para este desembarco de los fondos en la agricultura española sino que “las causas para este floreciente atractivo son múltiples y combinadas. Hay cuestiones estructurales, como por ejemplo, la política europea de inyecciones de liquidez y bajos tipos de interés que conduce a una mayor disponibilidad de recursos financieros para la inversión. Pero, sobre todo, las perspectivas de crecimiento de población y de necesidad de alimentos, con recursos productivos cada vez más escasos, muestran un potencial de rentabilidad indiscutible y el valor estratégico de las empresas agrarias. Sobre todo en el sector de las frutas y hortalizas, que es donde se están concentrando las operaciones de inversión de los fondos”.

Toda esta entrada de capital está produciendo un “cambio” de paradigma en el sector agrario español, que “está pasando de un agricultor autónomo, que comercializa sus productos en el mercado de manera independiente o a través de una cooperativa, a un trabajador del campo que depende de una cadena vertical, participada en muchos casos por fondos de inversión, y en la que el agricultor vivirá bien bajo ese paraguas, pero mientras estas empresas quieran porque cuando dejes de ser rentable… Nos encaminamos a un modelo de agricultura sin agricultores y éstos como asalariados de grandes oligopolios y compañías multinacionales”, sentencia Areta.

Según GRAIN, una organización internacional de apoyo a campesinos y agricultores, de los siete fondos de inversión centrados en la agricultura que había en 2004 se ha pasado a más de 300. De ellos, “la mayoría de las inversiones tiene por objetivo África (56 fondos dando cuenta de 105.000 millones de dólares) seguido por Norteamérica (130 fondos, 104.000 millones de dólares), Asia (111 fondos, 41.000 millones de dólares), Europa (30 fondos, 24.000 millones de dólares), América Latina (59 fondos, 16.000 millones de dólares) y Asia Occidental/Norte de África (18 fondos, 3.000 millones de dólares)”.

Si hay un ejemplo paradigmático de ello en España es el sector de la uva de mesa, en la que la región de Murcia representa cerca del 70% de la producción y la exportación total de este producto, del que se cultivan en todo el territorio unas 14.000 hectáreas. Y en Murcia se ha producido un modelo de integración y concentración en este sector a lo que se suma la entrada de capital externo a través de fondos de inversión y capital riesgo. En la actualidad, en Murcia el dominio de la comercialización se produce por tres grandes empresas: Moyca Grapes SL, El Ciruelo SL y Frutas Esther SA, que acaparan alrededor del 85% de la uva de esta zona de producción.

Moyca Grapes SL, con sede en Totana, es la principal comercializadora europea de uva de mesa sin pepita con una facturación anual de alrededor de 70 millones y su beneficio bruto cercano a los 17 millones. Cuenta con más de 1.100 hectáreas de producción propia ubicadas en Murcia, Alicante, Badajoz y Argentina y también con más 30 agricultores asociados o integrados que aportan su producción, así como con cuatro centrales de manipulación y envasado (más de 27.000 metros cuadrados). El fondo de capital riesgo ProaA Capital, una de las grandes gestoras de fondos en España y que administra activos por más de 600 millones de euros, entró en su accionariado en 2017.

El Ciruelo, empresa de Alhama de Murcia especializada en producción de uva de mesa y otras frutas dulces, cuenta con una facturación de más de 140 millones de euros al año, más de 2.000 ha de producción propia y otras 1.000 propiedad de otros agricultores. En mayo de 2019, cerró la compra de la empresa brasileña Labrunier, junto con su firma comercializadora Bravis y otras filiales. Frutas Esther, S.A. es una empresa cuya actividad principal es el cultivo y comercialización de frutas frescas, entre ellas la uva de mesa, con sede en Abarán (Murcia) y una sucursal en Reino Unido. Cuenta con 1.500 trabajadores, con una facturación anual de unos 80 millones y unos beneficios brutos de unos 7 millones anuales. En mayo de 2019 el fondo de inversión Miura Private Equity entraba en el accionariado de esta empresa. Dicho fondo gestiona activos por más de 700 millones de euros y se especializa en inversiones en pymes españolas. Desde 2008, Miura ha invertido en más de 30 empresas por un valor total de más de 800 millones de euros.

Pero hay más ejemplos. En diciembre se conocía que los fondos GPF Capital y Blue Label Capital, participada por el presidente de Planasa, Alexandre Pierron-Darbonne, adquirieron Frutas naturales de Murcia para fusionarla con la valenciana Fruxeresa, para crear una compañía que factura, en su conjunto, 140 millones de euros, y maneja 210.000 toneladas de fruta dedicada, en un 90%, a la exportación.

Por esas mismas fechas, se conocía que Alantra Private Equity Fund III entraba en el accionariado de la empresa onubense Surexport, una de las principales productoras nacionales de frutos rojos (fresas, frambuesas, moras y arándanos) con unos ingresos de 190 millones de euros al año. La familia Morales, que fundó Surexport hace más de 20 años, sigue al frente de la gestión, mientras que Alantra Private Equity sigue su apuesta por el sector de la alimentación, donde cuenta con inversiones en distintos ámbitos de la cadena alimentaria, en compañías como Unión Martin, Monbake, Frías Nutrición e Hiperbaric.

En agosto, el fondo de capital riesgo MCH Private Equity se imponía en la puja a ProA Capital e Intermediate Capital Group (ICG), para comprar por unos 100 millones de euros el 30% de Prosur, una empresa murciana dedicada a las especias alimentarias, que ha sido valorada en cerca de 300 millones de euros. Prosur fue fundada 1965 por Ginés Hernández y tiene un beneficio operativo de 20 millones de euros anuales. MCH también acaba de entrar en este mes de enero del año recién comenzado en el accionariado de la cítrícola de Castellón, Xilxes Llusar. Tal y como hizo en 2019 Atitlan adquiriendo la compañía citrícola valenciana Frutas Romu y aliándose a finales de 2020 con la también valenciana Guillem Export para comercializar un total de 110.000 toneladas anuales de fruta. El fondo madrileño de inversión Magnum Capital – Industrial Partners también entró en 2020, por ejemplo, en el capital de la almeriense Agrupapulpí, al que aportó unos 90 millones de euros. La facturación de Agrupapulpí, fundada en 1981, ronda los 60 millones de euros al año, dispone de más de 2.600 hectáreas en producción, no sólo en Almería sino también en Murcia y Granada y produce de forma directa más de 90 millones de lechugas y más de 50 millones de kilos de sandía al año, con una plantilla de más de 1.200 trabajadores. Como vemos, el sector hortofrutícola nacional continúa en el foco de los fondos de inversión después de que Miura abriese la veda en 2016 al entrar en el accionariado de Martinavarro. La siembra acaba de empezar.

 

Los graves y acallados efectos de la modernización de los regadíos intensivos

https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/75-numero-39/810-regadios-intensivos

Marcos y M.ª Ángeles Fernández

La tecnificación y la intensificación de la agricultura española, alentadas por múltiples subvenciones y aplaudidas de forma generalizada, acarrean consecuencias negativas como la sobreexplotación hídrica, el acaparamiento de tierras y de agua, y la desaparición del patrimonio ambiental y cultural.

Invernaderos en Almería | Foto: FNCA

Regadío histórico en Valencia | Foto: FNCA

No le sorprendió aquella llamada. Al habla, un odontólogo treintañero, el amigo de una amiga, interesado en invertir en aguacates desde el salón de su casa. Fue durante el confinamiento cuando Omar Bongers, asesor en producción ecológica, atendió a aquel dentista que no sabía muy bien qué hacer con el dinero y estaba pensando en probar suerte con una de las plantaciones de moda.

Bongers contextualiza su falta de asombro: «Ya no es que los fondos de inversiones o los grandes capitales estén llegando al agro como inversión segura, sino que hay mucha gente inflando esa burbuja, incluso pequeños que quieren tener dos, tres o cuatro hectáreas que les brindarían miles de euros de beneficios brutos anuales. Gente que no es del sector. La tecnificación se lo permite; puedes estar a cientos de kilómetros y tener automatizadas tus hectáreas con sondas y con toda la información en el móvil: temperatura, humedad, agua en el suelo…».

Es en este punto y aparte donde encaja la descripción de esa apuesta cuasi unánime de los estamentos políticos y empresariales por la modernización del campo, un paradigma muy amplio en el que, más allá de las tecnologías, robotizaciones y aplicaciones concretas, sobresalen los varios denominadores comunes que se le atribuyen: desarrollo, eficiencia, crecimiento, sostenibilidad, productividad, beneficios. El futuro (los cultivos intensivos de regadío) frente al pasado (las cosechas de secano y también las de riego tradicional). «La tecnificación es buena, pero mal usada agranda el problema», resume a modo de prólogo el ambientólogo José Luis García. La imposición de los regadíos superintensivos en formato smart agriculture conlleva unos efectos secundarios que están ahí, aun arrinconados en letra pequeña.

Sobreexplotación hídrica: la paradoja del uso y el consumo de agua

El Estado español presenta «un escenario claramente más cálido y con menor disponibilidad de agua que en épocas pasadas», concluye el último informe anual del estado del clima, elaborado por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Se estima que, en el último cuarto de siglo, el agua que va a parar a los cauces se ha reducido cerca de un 20 por ciento. La agricultura, consumidora de entre el 75 y el 85 por ciento del agua, es la principal damnificada.

En ese mismo contexto de emergencia climática mundial, el aplauso social a la modernización es generalizado. En cálculos económicos (y cortoplacistas), la tecnificación multiplica los beneficios del sector agrario, y le aporta un plus de flexibilidad y de comodidad, sobre todo en la época de recolección. Los cálculos ecosistémicos alertan, sin embargo, de un deterioro de las cuencas hidrográficas, pues la eficiencia de la modernización supone un menor uso del agua, pero un mayor consumo de esta. Uso y consumo, dos conceptos equivocadamente intercambiados, pese al abismo que los separa en temas de agua. Merece la pena detenerse en este punto.

Ciertamente el riego tecnificado desincentiva la sobredosis hídrica, reduciendo potencialmente el uso de agua: el líquido vital que se destina a cada plantación es estrictamente el que necesita cada planta y ni una gota más. Ahora bien, el consumo aumenta porque la tecnificación posibilita y aun estimula que se doblen las cosechas anuales y se amplíe la superficie de cultivo; a mayor cantidad de fruto, mayor cantidad de líquido. Además, resulta que lo que aparentemente era una pérdida propia de los sistemas tradicionales, que dejaban escapar parte del agua que no aprovechaba directamente el cultivo, en realidad, forma parte del ciclo hidrológico y acababa en la cuenca.

Con tanto detalle aclaratorio, los aguacates de Bongers se habían quedado sin abrir. Originarios de la región mesoamericana, resulta que es una de las plantaciones que más agua demandan. «Aproximadamente un 30 por ciento más que los cítricos», según indica este investigador y activista en temas de agua. Los datos que maneja, fruto de un estudio centrado en la comarca malacitana de la Axarquía, son abrumadores: las hectáreas de aguacate no dejan de aumentar, sobre todo, la variedad Hass, que es la más exportable y la de mayor vida poscosecha. Es un crecimiento sin freno, aunque insuficiente para el mercado: «Cádiz, Huelva, Málaga, la Comunidad Valenciana…, apenas producimos unas 60.000 toneladas y un buen año podemos llegar a las 100.000, pero la demanda es de 600.000, cantidad que se cubre principalmente desde México, Israel, Perú, el estado de California (EE. UU.) y ahora Colombia».

Así las cosas, ante una situación de emergencia climática, con un estrés hídrico cada vez más evidente, el agro se empacha de unos cultivos tropicales que demandan mucha agua. Nuestro consumo interno se reduce al 10 o el 20 por ciento de la cosecha, así que exportamos en forma de aguacates el agua que tampoco nos sobra.

Una imposición subvencionada

A Pablo Sáez la llamada lo pilla en plena campaña y con serio aviso de tormenta, así que la conversación se aplaza hasta que definitivamente se pone a llover y cierran las cooperativas: «Estás trabajando todo el año para el mes y medio de recolección. Tenía muchos almendros sin coger y si cae una tromba fuerte te tira la almendra al suelo y ahí ya no la coges, y menos a los precios que está». De familia agricultora, Sáez lleva «desde chavalín» echando una mano y los últimos cinco años como profesional autónomo, dedicado a la «trilogía mediterránea» en la zona de Requena (Valencia): la almendra, el olivar y la viña.

Cuenta que es un defensor del secano como «decisión de sentido común», y que, cuando iba a la escuela, «en Conocimiento del Medio enseñaban que había cultivos de regadío y de secano, y que a estos últimos pertenecía esa trilogía, aparte de muchos cereales». El ahora secretario de organización de la Coordinadora Campesina del País Valencià – COAG cuenta todo eso, merodeando por detalles como solo hace quien ama lo que tiene entre manos; y acaba con una observación, la de quien alza la vista y a su alrededor cada vez ve más regadíos: almendros, olivares, cepas en regadío. Y aclara: «En mi comarca no hay tierra de regadío, sino riego de apoyo para suplir las carencias de la pluviometría media…, todo teóricamente».

Requena no es una excepción, pues lo que tradicionalmente era una agricultura de secano, la de la cuenca mediterránea, ha cambiado paulatinamente desde que el Estado español entró en la Comunidad Europea, en 1986. Desde entonces, la superficie de secano ha descendido en torno al 23 por ciento. Se han abandonado cuatro millones de hectáreas, mientras las de regadío han aumentado en 700.000 y los planes hidrológicos vigentes prevén otro incremento similar. Actualmente, hay 3,8 millones de hectáreas dedicadas al riego, según el informe Análisis de los regadíos españoles 2019, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Y a esas cifras habría que sumar las ilegales, entre el 5 y el 10 por ciento, según los cálculos de Ecologistas en Acción.

La modernización del agro está fomentada por subvenciones y líneas de apoyo, muchas de ellas vía Unión Europea: PAC, PDR, FEADER, FSE, FEDER… La aclaración de las parcelas beneficiadas es mucho más jugosa: las ayudas van enfocadas a los dos tipos de regadío que Julia Martínez, directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA), identifica como «intensivos agroindustriales», que actualmente suponen el 20 por ciento de la superficie regada y cuya dilatación es exponencial, y «extensivos de interior», surgidos al calor del desarrollismo y que suman en torno al 55 por ciento. Fuera de las ayudas quedan el secano y también los regadíos históricos, que representan el 25 por ciento del total, pero están en claro declive.

Acaparamiento de tierras y de agua

Quienes resisten en secano están en peligro de extinción. «El mercado busca la cantidad, aquí nadie paga la calidad. Una persona que tenga las viñas que plantó su abuelo hace 70 u 80 años tiene una uva fantástica, con unos grados de azúcar y de color buenísimos, pero a dos kilos por cepa. Si la arranca y la pone nueva y en regadío, obtiene más de diez. El argumento es el del crecimiento exponencial de los beneficios», esclarece Sáez. Y matiza que no está en contra de la mecanización, pero sí de la superproducción, a la que acusa de hundir los precios: «En nuestras uvas de cava estamos con precios de principios de los ochenta. Y va a suceder lo mismo con el boom del regadío superintensivo del almendro». Este desplome hace tiempo que lo sufre el aceite de oliva.

Este agricultor de secano atestigua que el importe de las uvas para cava, «lo ponen tres compañías, que de hecho son fondos de inversión: Codorníu, Freixenet y García Carrión, que es otro monstruo. La gran mayoría de su producción es en regadío. De una nos avisaron que nos reducían el precio a la mitad. Protestamos, pero tienes que pasar por el filtro de su pacto». Las líneas de este análisis se adentran entonces en una superproducción incentivada por las subvenciones e impuesta por los nuevos grandes dueños de las tierras. «Ha habido una concentración y cada vez va a más. Hay un acaparamiento fuerte y hay inversores», completa Bongers.

Llegados a esta altura, hay que recordar que aquí no riega quien quiere y cuanto quiere, sino que en teoría existen unos límites que marca la Ley de Aguas. Y que funciona por comunidades de usuarios, de regantes, que son las que gestionan los recursos. Los derechos de agua corresponden a las tierras, «así que quien compra las tierras compra los derechos», añade José Luis García, agente medioambiental de la Confederación Hidrográfica del Júcar. La sentencia se redacta por sí misma: el acaparamiento de tierras conlleva un acaparamiento de agua. Es lo que la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) ha llamado la ‘uberización’ del campo español. La relación entre la modernización del campo y la despoblación rural es otro de esos efectos secundarios que habría que analizar con detenimiento.

García forma parte del Servicio de Policía de Aguas y Cauces Públicos de la Confederación Hidrográfica del Júcar, es decir, su cometido es «el del guardia fluvial de toda la vida, la vigilancia del territorio». En su zona, la del río Vinalopó, que atraviesa de norte a sur la provincia de Alicante, «no han existido realmente transformaciones porque son parcelas dedicadas toda la vida a la agricultura que, cuando en esta comarca la industria funcionaba, no se estaban cultivando. En el momento en el que la industria baja, la gente se echa a utilizar las tierras».

Entró en su puesto allá por 2007, más de una década en la que ha observado «un claro aumento de los aprovechamientos agrícolas. Antes de la crisis no había una presión elevadísima sobre los acuíferos, pero ahora sí porque son más los que usan el recurso». Y argumenta que desde su puesto solo puede controlar que se cumplan las concesiones y los volúmenes concedidos, «pero eso nunca va a ser suficiente si hay más derechos otorgados que agua disponible. El déficit que se genera es brutal. Hay que tomar decisiones políticas y fomentar la coordinación entre las administraciones», sentencia.

Desaparición del patrimonio ambiental y cultural

Entre tanta modernización, unos párrafos más arriba se habían quedado desapareciendo los regadíos históricos. Su retroceso se debe tanto a la transformación por actividades humanas e infraestructuras como a la apropiación de tierras y de agua. Con su muerte, se pierde un patrimonio centenario e incluso milenario. Se trata de agroecosistemas y agropaisajes como la huerta de Murcia, con más de mil años de sostenible antigüedad.

Principalmente ubicados en las llanuras de inundación de los ríos, estos regadíos «han cambiado muy poco y su distancia ecológica con respecto a los sistemas naturales antes de la acción humana es pequeña», explica la directora técnica de la FNCA, Julia Martínez. La experta describe los beneficios de esta mínima transformación: su escaso impacto incluso añade biodiversidad, pues algunas especies se siguen refugiando en estos parajes, otrora un bosque pantanoso y ahora regadíos históricos, huertas que funcionan mediante sistemas de gravedad de forma natural, conducidos por acequias. El listado de las funciones ambientales que cumplen es amplio, ya que además aportan calidad al paisaje, configuran kilométricos corredores ecológicos, suavizan el clima cuando están cerca de núcleos urbanos, ofrecen refugios para la vida silvestre, contribuyen a la depuración medioambiental y, muy importante, protegen frente a inundaciones, pues los ríos crecen por estos terrenos cuando hay lluvias intensas. Todo ese patrimonio ambiental está perdiéndose.

Su patrimonio cultural, por otra parte, queda fuera de toda duda con solo mencionar su longeva historia: restos arqueológicos, casonas, ruedas de elevación, acequias, azudes… «Todo el funcionamiento del sistema de riego en sí mismo debería estar protegido y declarado monumento nacional. Pero los planes de modernización lo consideran obsoleto. ¡Es como decir que la catedral de Burgos se ha quedado antigua y que hay que derribarla para construir pisos!», denuncia Martínez.

Y el patrimonio cultural no se reduce al ámbito material, sino que se extiende por una esfera mucho más etérea, en la que destaca el vocabulario específico de las huertas históricas, junto a costumbres, fiestas, música, tradiciones y un largo etcétera. «Lo estamos perdiendo a marchas forzadas, cuando debería ser protegido, investigado y fomentado», asevera convencida Martínez, quien pide promover los regadíos históricos no como museos, sino como base para actividades económicas sostenibles, incluida la producción de alimentos sanos, de calidad y de cercanía. En época de modernización, unas funciones muy distintas a las que suelen verse abocadas estas zonas, convertidas en el patio de atrás de las ciudades, en terrenos baratos por los que seguir recalificando y construyendo urbanizaciones, rotondas, autovías, suelo industrial. CementoMarcos y M.ª Ángeles Fernández

desplazados.org

 

REPARTIMOS EL MIERCOLES 9 DE DICIEMBRE Y YA SINPAUSA ENTRE AÑOS

Hola a tod@s,

Os recordamos que la semana próxima repartimos el MIÉRCOLES 9 de DICIEMBRE, dado que el martes es festivo.

Igualmente os comunicamos que no haremos una pausa entre años como suele ser habitual, repartiremos pues el 15, 22 y 29 de diciembre y luego el 5 de enero también.

Adjuntamos el calendario de repartos 2021, y fotos de algunas cestas de esparto rellenas de alimentos sanos y sostenibles para regalar que podéis adquirir en estos días o cuando queráis, adaptadas a cualquier presupuesto.

Saludos, La Junta Directiva