Supermercados cooperativos: efervescencia de proyectos

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Alimentación 26.07.2018 Toni Lodeiro

En Madrid, Barcelona, Manresa o Zaragoza han nacido grupos promotores de nuevos supermercados cooperativos en los últimos meses. Explicamos cómo se gestan este tipo de procesos y en qué momento se encuentran.

Existen en el Estado español más de una decena de tiendas y supermercados cooperativos gestionados por las personas consumidoras. Algunas de estas iniciativas son de reciente creación, como Som Alimentació (Valencia) –la foto que encabeza el artículo es del día de su inauguración–, El Rodal (Sabadell) o L’Egarenca (Terrassa). Otras, más de una decena, pueden presumir de una larga trayectoria. Y algunas también de un alcance significativo, como en el caso de Landare (Pamplona) o Bio Alai (Vitoria). La primera de ellas la forman más de 3.000 unidades de consumo, y la segunda más de 1.000.
También existen en diversos territorios grupos de trabajo que buscan impulsar nuevas iniciativas. En este artículo os hablamos de cómo y dónde se están cociendo algunos de los supermercados cooperativos que vendrán.

La influencia de “Food Coop. La película”

El documental Food Coop nos acerca a un supermercado cooperativo en Brooklyn en el que consumen, participan y conviven 17 mil socias. Se estrenó en Francia a finales de 2016, y en sus primeros 4 meses la película fue vista por más de veinte mil personas en salas de cine. Su influencia parece haber sido determinante: hace dos años eran 8 los proyectos de este tipo existentes en el país vecino, y hoy este mapa de proyectos en Francia y Bélgica recoge más de treinta experiencias.

El audiovisual llegó al Estado español a finales de 2017 de la mano de MARES Madrid. En la capital y municipios vecinos lo han visto ya alrededor de 2.000 personas en decenas de pases, y las proyecciones han llegado en la primera mitad de 20018 a diversas localidades catalanas, gallegas, vascas y valencianas, y a ciudades como Pamplona o Zaragoza. En algunos casos los debates han podido contar con la presencia del productor de la película, Hernán Mazzeo, y de su  director Thomas Boothe. Este último es además fundador de La Louve de París, la experiencia de mayor alcance del país vecino. Fruto de las visitas de Boothe son esta entrevista en Madrid y este vídeo de su intervención en Zaragoza.

Los pases de Food Coop. La película en nuestro entorno suelen congregar a decenas de personas y, a menudo, a más de un centenar. Y van casi siempre acompañados de debates o jornadas posteriores. Acostumbran a ser espacios de presentación y captación de socias de nuevos proyectos locales, u oportunidades en las que personas motivadas se agrupan para crear nuevas iniciativas.

Semillas en campos abonados

El documental está consiguiendo agitar los imaginarios de miles de consumidoras conscientes, y generando deseo de participar o crear nuevos proyectos. Sabemos de la existencia de grupos motores de nuevos proyectos en Madrid (¡4 grupos en diferentes barrios!), Barcelona (2 iniciativas trabajando en 3 nuevos proyectos), Manresa y Zaragoza. No dudéis en ayudarnos a ampliar nuestro conocimiento sobre otros procesos locales en marcha en los comentarios de este artículo.

Pero un fenómeno así no nace de la nada, y es solo la parte visible de un iceberg mucho mayor y de raíces más profundas. Cuando se estrenó Food Coop existían ya ocho supermercados cooperativos en Francia. Y el de mayor dimensión, la Louve de París, que se acababa de inaugurar, venía gestándose desde hacía cinco años. Un largo embarazo antes del parto. A lo que seguramente sí contribuyó el documental fue a el crecimiento de La Louve, pues en solo dos años de existencia cuenta ya con 6.000 cooperativistas. Podemos entender, por lo tanto, el éxito del audiovisual como una levadura. Pero sin perder de vista que el poder acelerador de este fermento actúa sobre una mezcla que se venía amasando tiempo atrás.

Conozcamos esta mezcla. En el Estado español existen desde hace décadas grupos de consumo agroecológico, cuyo número ha crecido rápidamente en las últimas décadas. Solo en Cataluña las expèriencias se multiplicaron por cuatro de 2007 a 2013, pasando de ser 40 a 160. Pero desde entonces parece haber cierto estancamiento. En el que seguramente haya influido que supermercados como Carrefour, Aldi, Veritas, Bon Preu o Casa Ametller cuenten ya en sus lineales con cientos o algún millar de referencias de alimentos de proximidad o de producción ecológica, en ocasiones a precios muy competitivos. Y siempre con horarios amplios, y acompañados de una amplia oferta de productos de todo tipo.

Es en este contexto en el que podemos ver los pases del documental Food Coop como semillas que caen en campos húmedos y abonados. Confluyen factores como la mencionada consciencia de la crisis o insuficiencia de los grupos de consumo de pequeña escala; el éxito de algunas alternativas de consumo de mayor dimensión (como la banca ética o las cooperativas eléctricas); o los recientes debates en el seno de la economía solidaria sobre la profesionalización y el salto de escala de las iniciativas o sobre la necesidad de ofrecer opciones asumibles para capas más amplias de la población. A todo ello hay que sumar dos elementos clave en nuestro contexto: el clima de empoderamiento ciudadano derivado de procesos colectivos como el 15M o el Procés catalán, y la existencia de gobiernos comprometidos con este tipo de iniciativas.

El impulso nace en Madrid

El primer impulso a esta “nueva ola” de proyectos en el Estado español ha llegado desde el programa MARES, promovido por el Ayuntamiento de Madrid y entidades de economía solidaria de la ciudad, y generosamente financiado por la Unión Europea. MARES ha promovido más de diez pases de la película en Madrid, Getafe y Rivas, siempre conectados a experiencias locales motivadas con promover una iniciativa de este tipo, como centros sociales, grupos de consumo o proyectos comunitarios. Además, Food Coop estuvo durante una semana en la cartelera de la sala La Cineteca. De los pases han surgido cuatro “grupos motores” en Malasaña,  Retiro/Vallecas, Lavapies y Getafe.

Kois delante del Park Slope Food Coop.

Fue a finales de 2017 cuando Jose Luis Fdez. Casadevante Kois, uno de los promotores de MARES, encendió varias mechas. En noviembre, días después del estreno de Food Coop en Madrid, Kois publicó “¿Y si la alternativa a los supermercados fuesen los supermercados cooperativos?”. Este excelente artículo fue clave para extender el debate más allá de la capital. El mismo día de la publicación del artículo, Kois dinamizó una jornada de debate entre los departamentos de consumo de los tres ayuntamientos españoles que cuentan con planes estratégicos de impulso del consumo consciente (Madrid, Barcelona y Zaragoza). En esa jornada, en la que éramos ponentes Álvaro Porro y yo mismo, Kois nos explicó la propuesta. Y decidimos trasladar el debate a Barcelona y a otras localidades, proponiendo a proyectos  agroecológicos y redes de economía solidaria de diferentes territorios organizar una “gira Food Coop”.

De la mencionada cadena de acontecimientos y del contacto con el productor de Food Coop, Hernán Mazzeo –que nos facilitan desde Madrid–, nacen muchas de las proyecciones de esta primavera. Y es a partir de algunos de estos eventos donde se han gestado grupos de trabajo para la promoción de nuevas iniciativas locales.

He entrado al terreno de la microhistoria y los nombres propios para ilustrar mediante un ejemplo, cómo suceden este tipo de procesos. Fruto de una mezcla de experiencia acumulada, deseos y aportaciones colectivas, trabajo en red, aciertos personales… y también casualidades.

Esta secuencia de hechos muestra también cuán determinantes están siendo en la extensión de las alternativas las sinergias entre los gobiernos municipalistas y las redes asociativas y cooperativas. Y cómo son también elementos clave la transferencia de conocimientos, recursos y personal cualificado entre estas redes y los procesos institucionales. Sin todos estos ingredientes, el desarrollo de políticas públicas innovadoras no existiría. Y las posibilidades de éxito y el alcance de los proyectos impulsados desde la sociedad civil sería mucho menor.

Barcelona, Manresa y Zaragoza

En Barcelona florecieron en marzo dos iniciativas que acabaron confluyendo. La primera de ellas fueron unas jornadas promovidas por el Ayuntamiento, el Plan Estratégico Metropolitano. En los debates, con nutrida asistencia, algunas de las agrupaciones consumo agroecológico de mayor trayectoria, como la navarra Landare y La Magrana Vallesana, explicaron su experiencia a las participantes. La segunda propuesta fue una convocatoria a personas interesadas en participar en una iniciativa de este tipo, promovida con escasos medios por un activista de la economía solidaria –Ferran Reyes–, y amplificada por las entidades del sector. El éxito fue sorprendente, al reunir el 15 de marzo a 250 personas motivadas, de las cuales algunas decenas trabajan desde entonces en la promoción del proyecto.

Álvaro Porro, Comisionado de Economía Social, Desarrollo Local y Consumo del Ayuntamiento de Barcelona, durante su visita a la Park Slope Food Coop.

De nuevo la confluencia entre impulso institucional y empuje ciudadano. Y es que en Barcelona el impulso de las políticas públicas puede ser clave para el éxito de la propuesta. Por una parte porque el Ayuntamiento cuenta con líneas de ayudas a las economías comunitarias bien dotadas económicamente. Además un colectivo vecinal, Gràcia cap a on vas, se ha sumado a colaborar reivindicando un espacio en un mercado municipal de su barrio para un proyecto de estas características.

Otras dos propuestas se están gestando en la capital catalana. Los impulsa l’Economat Social, una cooperativa que da servicio hoy a 150 unidades de convivencia, pero que de momento abre sus puertas solo dos tardes a la semana. L’Economat camina hacia el salto de escala con dos proyectos en su distrito, Sants. Se trata de dos comercios cooperativos “de barrio” de tamaño intermedio, que aspiran a llegar a algunos centenares de cooperativistas cada una. Una de las tiendas sería la evolución del proyecto hoy en funcionamiento, y otra sería en un barrio vecino.

A Manresa el debate llegó en mayo, de nuevo con más de un centenar de personas asistentes. Y otra vez confluyen una cooperativa de larga trayectoria en el sector –Frescoop–; un programa de impulso de la economía social gestionado por cooperativas pero financiado por la Generalitat –el Ateneu Cooperatiu de la Catalunya Central–; y el Ayuntamiento de la ciudad, implicado con el sector, y que estudia facilitar un espacio en un céntrico mercado municipal de la ciudad, anteriormente ocupado por un supermercado. En Manresa el apoyo o interés público por el proyecto viene desde dos administraciones diferentes, e implica a áreas lideradas por partidos de colores políticos diversos (ERC y PDeCat). Es una muestra de cómo, felizmente, la economía social y solidaria puede ser apoyada y entendida como un bien común desde diferentes visiones de la economía y la sociedad.

A los apoyos municipales cabe sumar otro importante: los programas Ateneus Cooperatius i Projectes Singulars de la Generalitat, dotados en 2016 con un presupuesto de más cinco millones de euros, que en 2017 se amplió hasta superar los doce millones. Ambas propuestas están dando en los últimos años un buen empujón a decenas de iniciativas cooperativas. Y también han promovido los supermercados cooperativos mediante pases de vídeo y debates en diversas comarcas catalanas (a través de la red de Ateneus Cooperatius). En algunos casos, además de los Ateneus, proyectos específicos como MerCAT Cooperatiu o el Cercle de Consum Cooperatiu de Barcelona, financiados por el mismo programa, están siendo apoyos importantes en el proceso de los grupos motores y grupos de consumo locales que quieren crear nuevas iniciativas.

Otra forma de colaboración público-cooperativa puede ser que la administración pública sea directamente parte integrante de la cooperativa en forma de socia colaboradora. Es el caso de Cuidem Lluçanés, una cooperativa que ofrece cuidados a las personas, y de la cual administraciones como el Ayuntamiento y el Consorcio del Lluçanés son socias. Otro caso es Forestal Coop, proyecto de creación de cooperativas de trabajo en el ámbito forestal promovido por la Agencia de Desarrollo del Berguedà (una comarca catalana). En este caso la Agencia prevé formar parte, aunque solo en el arranque del proyecto hasta ayudar a hacerlo viable. Aportará espacios, maquinaria y apoyo técnico. Estos casos de administraciones públicas socias de los proyectos podrían ser un modelo a seguir para, por ejemplo, la cesión de espacios a supermercados cooperativos por parte de las administraciones públicas.

El último grupo motor creado del que hemos tenido noticia es el de Zaragoza, a raíz de un reciente pase de Food Coop –en junio– en el marco de las XIII Jornadas de Economía Solidaria de REAS Aragón.

Thomas Boothe y Hernán Mazzeo durante su participación en las Jornadas de Economía Solidaria de REAS Aragón.

Voluntarismo versus profesionalización

En Madrid las primeras asambleas de los grupos promotores arrancaron con una fuerte participación, que rondaba las sesenta personas por encuentro. Pero el impulso ha ido decayendo con los meses, especialmente en los grupos de base más asamblearia y sostenidos en el trabajo voluntario. En cambio, los colectivos en los que participan proyectos ya profesionalizados que se plantean un cambio de escala mantienen una mayor constancia. De hecho desde MARES se plantean la necesidad de avanzar hacia un único gran supermercado a nivel de ciudad, y varios proyectos más pequeños en diferentes barrios. Además, quieren promover que los liderazgos recaigan preferentemente en las personas con vocación de comprometerse profesionalmente o de implicarse de forma intensa en los proyectos.

Un ejemplo de ésto es el caso de Som Alimentació, inaugurado en la primavera de 2018 en Valencia. El impulso definitivo a su creación vino del hecho de que un reducido grupo de personas, de entre las que debatían sobre la creación de proyecto, diese un paso adelante hacia la profesionalización y la asunción de la apuesta empresarial necesaria.

No es extraño que no sea fácil impulsar desde el voluntariado proyectos que, según estimaciones de MARES Madrid, necesitan para nacer de una inversión cercana al medio millón de euros, en el caso de supermercados de entre 400 y 600 m². Son empresas que, para su supervivencia, necesitan unas 2.000 unidades de consumo y una plantilla de entre cinco y diez trabajadoras, cuyo coste puede superar los doscientos mil euros anuales. Afortunadamente para proyectos de menor tamaño (80 m²) la inversión puede ser menor (alrededor de ochenta mil euros) y la viabilidad se puede alcanzar a partir de 250 socias activas, según datos de L’Economat Social.

En Barcelona también está costando mantener el “tirón participativo” en el grupo promotor del supermercado cooperativo. Y algunas voces cercanas a los procesos de Barcelona y Zaragoza coincidimos con el análisis de MARES Madrid y la lección del caso de Valencia. Así, consideramos que sería beneficioso apostar cuanto antes por la profesionalización y la vinculación al proyecto de iniciativas socioempresariales consolidadas. En el caso de los proyectos impulsados en Barcelona desde l’Economat Social esto ya sucede de entrada, pues l’Economat es desde su inicio una cooperativa de trabajo asociado que tiene la generación de empleo como una de sus bases.

Ejemplo y lecciones de Geltoki Iruña

Geltoki Iruña es un espacio de novecientos metros cuadrados dedicado a la promoción de la economía solidaria, la soberanía alimentaria y el arte y cultura alternativa. Cuenta con un bar y dos tiendas, una de alimentación y otra de artesanía y productos de segunda mano. Una cooperativa sin ánimo de lucro formada por diez trabajadoras se ocupa de la gestión del local.

Es muy importante su ubicación, en la antigua estación de autobuses de Pamplona. Tanto por ser un lugar muy céntrico y accesible, como por su carga simbólica, ya que está muy cerca de El Corte Inglés de la ciudad. Todo un contraste de modelos.

Aunque Geltoki merece un artículo propio, y aunque no se trata de un supermercado cooperativo, lo incluyo como guinda de este artículo porque su experiencia aporta elementos a tener muy en cuenta para los proyectos que ambicionan un mayor impacto.

El primer elemento es su ya comentada ubicación, posible gracias a la implicación del Ayuntamiento. Otro factor es precisamente el fuerte apoyo municipal, que ha supuesto una importante inversión en obras de acondicionamiento del espacio: 683.471,63 euros. Además, la administración ofrece el local en unas condiciones muy favorables: un canon mínimo de alquiler de solo 2.000 euros anuales y una cesión hasta 2024.

Para finalizar, destacar dos claves más que son la base del éxito y hacen posible el mencionado apoyo público.

La primera es la persistencia: las ideas y conversaciones sobre el proyecto recién inaugurado nacen hace 7 años, una cifra similar a la que comentábamos en el caso de La Louve de París.

La segunda clave es la intercooperación (cooperación entre proyectos cooperativos). La iniciativa es liderada por entidades tan representativas como la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) Navarra, el sindicato agrario EHNE, Traperos de Emaús, el Consejo de la producción Agraria Ecológica de Navarra (CPAEN) y la Asociación de elaboradores de alimentos artesanos de Navarra. Es la trayectoria y referencialidad de estos actores la que posibilita una implicación municipal como la anteriormente expuesta.

 

ESPERANZAS EN UN CLIMA CAMBIANTE

John D. Liu – ESPERANZAS EN UN CLIMA CAMBIANTE (doblaje de voz en español)

Subtítulos en español: Environmental Education Media Project http://eempc.org/translation/hope-in-… Original title: Hope in a changing climate by John D. Liu Doblaje de voz en español por Trinidad García Espinosa

ESPERANZAS EN UN CLIMA CAMBIANTE Cuando llegué a la meseta Loess me asombró el nivel de pobreza y de decadencia. Y me pregunté cómo era posible que el pueblo chino, el mayor grupo étnico del planeta, y mis padres y antepasados vinieran de un lugar tan árido. La meseta Loess de China es una región de 640.000 km2 en el norte de China central. Valles conservados en la cercana Sichuan nos muestran cómo debe haber sido alguna vez. Es una especie de exuberancia natural, necesaria para mantener una civilización emergente. ¿Cómo se pudo reducir a esto un sitio con semejante potencial?

El reverso de las exportaciones agrícolas

http://lacronicadelpajarito.com/blog/federicogcharton/2018/08/reverso-exportaciones-agricolas

Federico G. Charton

Vista del Mar Menor desde el Cabezo de la Fuente.

La agricultura de la Región de Murcia se ha lanzado a la vorágine de la exportación. Si hasta ahora era la UE, EEUU y los países árabes los receptores de los productos agrícolas murcianos, el nuevo objetivo es el mercado asiático. Lechugas, endibias, escarolas, cítricos, coles, coliflores, melones, uva… viajarán miles de kilómetros para surtir los mercados de China, Japón, Corea del Sur y otros países del lejano Oriente. Aunque esto supone una inyección de dinero a las empresas agrícolas de la región, esta política comercial pone en evidencia una tendencia que se produce en todo el planeta y que es fruto de la globalización capitalista: el auge de los llamados “alimentos kilométricos”, que conllevan costes ecológicos y sociales considerables.

“La industrialización de la agricultura, gran demandante de agua y necesitada de un uso masivo de fertilizantes y pesticidas de origen artificial… tiene como efecto directo la contaminación de los acuíferos y, en la Región, el deterioro del Mar Menor”

Se calcula que cerca del 70% de los alimentos consumidos en un país determinado provienen de un país extranjero, y que esos alimentos viajan, de promedio, casi 4.000 kilómetros desde el lugar de producción hasta el supermercado donde se consumen. Varias son las consecuencias de este trasiego de productos alimenticios de un lugar a otro. Desde el punto de vista ecológico, la emisión de gases de efecto invernadero debido al transporte de esos productos, agravando el cambio climático, es la principal consecuencia. La industrialización de la agricultura, gran demandante de agua y necesitada de un uso masivo de fertilizantes y pesticidas de origen artificial, usados para hacer frente a la demanda de productos agrícolas, tiene como efecto directo, como es sabido, la contaminación de los acuíferos y, en la Región de Murcia, el deterioro del Mar Menor, afectando al ecosistema más singular de nuestra región, además de afectar a nuestra salud. La homogeneización de los productos agropecuarios es otro efecto de la globalización alimentaria. Las dietas en diferentes partes del mundo se van pareciendo cada vez más, y los consumidores de los países importadores adquieren hábitos alimentarios alejados de sus tradiciones, empobreciendo su acervo cultural y atentando a su soberanía alimentaria, haciendo que aumente la dependencia a los alimentos importados.

Desde el punto de vista social, el movimiento de productos alimenticios de un lugar a otro supone, por un lado, la precarización del trabajo en los países exportadores, ya que, en nombre de la competitividad, los contratos eventuales con salarios bajos, principalmente a trabajadores inmigrantes, son la norma para conseguir que las empresas productoras consigan beneficios a corto plazo. En los países receptores de los productos alimenticios se verifica un aumento del precio de los alimentos básicos, debiendo las familias destinar un mayor porcentaje de su salario a la adquisición de esos alimentos, muchos de ellos de importación.

Para contrarrestar esta problemática, las organizaciones no gubernamentales nos aconsejan consumir los llamados alimentos “kilómetro cero” o de proximidad, es decir, los productos cultivados localmente, a menos de 100 kilómetros de distancia con respecto al consumidor y de temporada, es decir, lo que se ha hecho toda la vida. Este tipo de productos involucran a pequeños agricultores locales, lo que fomenta la economía de cercanía. Las ventajas son obvias: la ausencia de transporte de larga distancia y la no utilización de envoltorios de plástico disminuye la emisión de CO2; se reduce el desperdicio de alimentos debido a las deficiencias en el transporte y almacenamiento y los descartes innecesarios; seremos conscientes de los ciclos de las frutas y verduras si consumimos preferentemente productos de temporada. Como consumidores se puede hacer de un modo muy sencillo. Basta con leer las etiquetas y comprobar los lugares de origen de los productos.

Si desde las instituciones se potenciara la agricultura de cercanía, fomentando los mercados de productores locales, la agroecología, los productos de cercanía, de alta calidad, tal vez nos replantearíamos nuestros hábitos de consumo. Pero parece que la Consejería apuesta más por la industria alimenticia, cuyas consecuencias se han analizado más arriba, actividad que contribuye al cambio climático y al atentado de la soberanía alimentaria en los países receptores, siguiendo la lógica capitalista del modo de producción.

 

El suculento negocio del agua en España

http://diario16.com/suculento-negocio-del-agua-espana/

Empresarios como Eugenio Calabuig, presidente de Global Omnium/Aguas de Valencia, controlan el suministro hídrico de buena parte del país pese a los escándalos judiciales

Por José Antequera

Fue Leonardo Boff, fundador de la Teología de la Liberación, quien dijo aquello de que quien controla el agua controla la vida y controla el poder. Hoy no son pocos los magnates de los negocios que han puesto sus ojos y sus inversiones en el líquido elemento sin el cual la sociedad estaría condenada a la extinción. En España, país de sequías que ha sido sancionado recientemente por la UE por no depurar adecuadamente sus aguas residuales, un hombre, Eugenio Calabuig, uno de los empresarios más poderosos e influyentes de la Comunidad Valenciana, ha sabido levantar todo un imperio gota a gota. La odisea hídrica de Calabuig, actual gerente de Global Omnium/Aguas de Valencia, le ha llevado a controlar el suministro y ciclo de gestión no solo en tierras valencianas, donde en los últimos años se ha codeado con lo más granado del poder político, sino en más de 300 ciudades españolas de once comunidades autónomas y en diversos países de África, Asia y América Latina. La firma de Calabuig presume de poseer una red de tuberías de 15.000 kilómetros, de dar empleo a 2.500 trabajadores y de ser la primera empresa de capital español dedicada a la gestión del agua en nuestro país. Además, es la entidad que “da un abastecimiento de calidad a más de 6 millones de personas” (entre servicio de agua potable y tratamiento residual)”, según la página web de Global Omnium, grupo que preside el directivo castellonense. Es decir, buena parte del país bebe el agua que le da Calabuig.

El industrial castellonense ha sido investigado en la causa por el agujero en las cuentas del Banco de Valencia (BdV)

El magnate valenciano del sector ha sabido prosperar durante todos estos años de crisis en los que ha logrado adjudicaciones y contratos tanto en el feudo valenciano del PP de Francisco Camps como en la taifa andaluza de Susana Díaz. A fin de cuentas el agua no entiende de ideologías y este industrial que no suele prodigarse demasiado en los medios de comunicación se ha conectado bien con el poder con independencia de su color político. Sin embargo, tras el hombre triunfador que en los últimos años ha progresado en los negocios se esconde una cara algo más turbia y menos cristalina que el agua que fluye, controla y le hace rico. Querellas, investigaciones judiciales, encarnizadas batallas con otros grupos empresariales, relaciones con amistades políticas poco recomendables y hasta pugnas familiares a cuenta de sus empresas jalonan su intensa biografía. Una serie de escándalos persigue a Calabuig, que aparece como investigado en la causa por el agujero en las cuentas del Banco de Valencia (BdV) y hasta tuvo que dar explicaciones ante el juez José Castro por sus supuestos negocios con el duque de Palma y el caso Noos.

¿Pero quién es en realidad Eugenio Calabuig? Castellonense de 58 años y descendiente de una familia de rancio abolengo de la capital de La Plana, estudió en los jesuitas de Valencia y se licenció en Ciencias Económicas. Hizo sus primeros pinitos en los negocios en la empresa familiar, Fomento Agrícola de Castellón (Facsa), fundada por su abuelo, Enrique Gimeno, allá por 1873. Ya en aquella época convulsa de la historia de España –se instauraba la primera República que apenas iba a durar un año– Facsa se dedicaba a la gestión del agua sin importarle que en este país mandara un rey o un civil.

Desde entonces el apellido Gimeno, un fetiche entre la clase empresarial de tierras levantinas, resuena como un poderoso tótem en Castellón, cuna de caciques como el ex presidente de la Diputación Provincial, Carlos Fabra, con quien Calabuig todavía queda para comer de vez en cuando en los mejores restaurantes de Oropesa, como prueba cierta fotografía robada por un diario digital. Hoy Fabra, condenado a cuatro años de cárcel por defraudar 700.000 euros a Hacienda, no es más que un jubilado que disfruta de su retiro dorado pero que todavía mantiene en su vieja agenda el teléfono de aquellos empresarios con los que se relacionó durante su azaroso mandato. De hecho, al gerente de Aguas de Valencia no le fue mal con Fabra, ya que en el año 1996, en medio del big bang del pelotazo inmobiliario y en pleno apogeo del régimen fabrista, fundó Fomento Urbano de Castellón (Fucsa), empresa de la que sigue siendo presidente y que se dedica a la gestión del suelo y a la promoción de viviendas en la provincia castellonense. Por lo visto en España el agua se transforma en cemento, y viceversa, con una facilidad pasmosa.

Con todo, el magnetismo de Calabuig parece cautivar no solo a los gobiernos autonómicos y municipales del PP, sino también a los del PSOE. Hasta el mismísimo presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, cuando era alcalde de Morella, tuvo un hueco para la notable familia castellonense. De hecho, hace ya tiempo que Puig puso en manos de Calabuig el suministro de todo el agua potable que consumen sus paisanos morellanos. Hoy Empresa de Aguas y Servicios Públicos de Morella, la compañía que abastece a la localidad castellonense, es una sociedad estable formada por Global Omnium y el Ayuntamiento morellano en una proporción del 90 y el 10 por ciento, respectivamente. Y así, hectolitro a hectolitro, tejiendo buenas relaciones con unos y con otros, es como Calabuig ha alcanzado el estatus de dueño y señor de las aguas, no solo de Valencia, sino también de otras 11 comunidades autónomas españolas que contratan con él en un proceso de expansión que no parece tener límites. Aunque esa es otra historia que merece capítulo aparte.

 

Recordad que en Agosto sólo repartimos los martes 7 y 14.

Hola a tod@s,

El pedido está listo en el portal web www.biosegura.es, a recoger el MARTES 7 de AGOSTO de 2018. Recordad que en Agosto sólo repartimos los martes 7 y 14.

NO OLVIDEIS HACER VUESTROS PEDIDOS, por fin han llegado los productos de temporada, echáis una mano a nuestros agricultores del SPG y también nos ayudáis con el inventario en estos tiempos de escapada generalizada, MIL GRACIAS!

Novedades de AGOSTO:

Estas dos semanas de agosto disponemos de frambuesas, cerezas, higos, melones, sandías varias, higos chumbos, varios tipos de peras, manzanas del terreno, melocotones, ciruelas… todas deliciosas. También hay muchas variedades de tomates tradicionales, acelgas, cebollas y zanahorias tiernas, apio, berenjenas, pimientos, puerros, lechugas, rábanos, calabazas, calabacines, rúcula…

NUESTRO BANCO DE SEMILLAS A REBOSAR

¡Disfrutad los buenos alimentos de cercanía!

Saludos biosegureños,

La Junta Directiva

………………………………………………………….

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                Para pedidos: pedidos.biosegura@gmail.com

DÍA DE REPARTO: 627227590-677111628

OFERTA E INFORMACIÓN GENERAL: Paco 627227590

INCIDENCIAS PEDIDOS, SALDOS, CUOTAS: Heidi 677111628

CONTABILIDAD EXTERNA: José García (GESTINOR SL).

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Ahogados por la basura marina

https://www.laverdad.es/lospiesenlatierra/noticias/ahogados-basura-marina-20180729005052-ntvo.html

Basura marina acumulada junto a la Torre de Cope (Águilas), en el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre. europeo / Asociación Ambiente Europeo

La contaminación por plásticos se ha convertido en una pesadilla ambiental: ensucia las playas, mata a la fauna y llega a la cadena alimenticia. El punto más afectado de España es la Marina de Cope

MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Empecemos con dos noticias, una mala y otra peor. La primera es que la gran isla de residuos del Pacífico ya tiene tres veces el tamaño de Francia. La segunda es que solo el 15% de los plásticos que arrojamos al mar flotan en la superficie. Después de varias décadas angustiados por el cambio climático, según todos los expertos la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad, la basura marina se ha convertido en la nueva pesadilla ambiental. A prueba de negacionistas, es una marea global que no admite dudas: es visible donde quiera que vayamos, tiene consecuencias directas sobre la fauna de los océanos y nuestra salud y las cifras son cada vez más escandalosas: todos los años llegan al agua ocho millones de toneladas de plásticos, algo así como 200 kilos cada segundo.

La invasión del plástico también ha generado fotografías difíciles de olvidar, como la de una tortuga boba comiendo una bolsa -para ella una medusa- o la del caballito de mar agarrando un bastoncillo higiénico con la cola. Y la más reciente, hecha por desgracia en la Región y ya un icono de la lucha contra la basura marina: la del cadáver del cachalote encontrado en febrero en Cabo de Palos con 29 kilos de diferentes objetos en el estómago, entre sacos de rafia, redes, cabos e incluso un bidón. Una indigestión mortal.

Y no sabemos qué debe preocuparnos más: si el hecho de que una simple bolsa tarde en degradarse 400 años o que muchos desechos que acaban en el mar se descompongan en microplásticos -porciones de menos de cinco milímetros-, en ocasiones ingeridos por peces que pueden terminar en nuestra mesas. A la plancha y a la hora de la cena.

Un estudio de la Universidad de Deusto revela que el litoral de Águilas y Lorca es la zona del país con más residuos

Todos somos un poco culpables: desde el bañista que abandona sobre la arena una lata vacía y el automovilista que tira una botella de plástico por la ventanilla hasta el fumador que apaga una colilla en cualquier sitio. Porque se estima que el 80% de la basura marina proviene de tierra. Y no hay que irse a un lugar perdido para comprobar cómo estamos plastificando el planeta: España es el segundo país europeo que más plástico arroja al Mediterráneo -126 toneladas cada día- y, atención, el Parque Regional de Cabo Cope-Puntas de Calnegre, en el litoral de Águilas y Lorca, es el punto de mayor concentración de basuras marinas del país: 21,77 residuos por metro lineal de costa, según un estudio reciente de la Universidad de Deusto basado en 249 limpiezas de playas y riberas de ríos realizadas en diferentes puntos del territorio nacional entre 2010 y 2015.

La investigación ha cribado los datos recogidos por miles de voluntarios convocados por la asociación Ambiente Europeo, con sede en Murcia. Durante cinco años se recogieron 47.682 kilos de basuras marinas debidamente caracterizadas. Es decir, cada residuo está registrado en una ficha para identificar su origen y, llegado el momento, trabajar con más eficacia en la solución del problema.

Esta metodología permite saber no solo que la Marina de Cope es la zona cero de la basura marina en España, sino que estos desechos proceden en su mayoría de la intensa actividad agrícola que se desarrolla en el espacio protegido.

Los cultivos de lechugas, tomates y sandías generan una enorme cantidad de residuos que terminan en las playas, arrastrados por el viento o a través de las ramblas. Mallas de invernaderos, tuberías de PVC y polietileno, pinzas de silicona para injertos, cuerdas de nylon, bandejas de poliespán, goteros y válvulas de riego salpican el paisaje de forma bien visible, en una concentración que aumenta conforme nos acercamos al mar. Según el informe ‘Basuras marinas: una exploración de datos obtenidos en limpiezas de playas y riberas en España de 2010 a 2015’, el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre concentra el 67,3% de este tipo de desechos en la Región de Murcia, que sufre la presencia de una media de 10,37 residuos por metro lineal limpiado. En el lado contrario, la costa más limpia es la del País Vasco, con solo 0,53 residuos por metro.

«Tan sencillo como recoger»

«La situación es insostenible», se lamenta Daniel Rolleri, director de Ambiente Europeo y vicepresidente de la Asociación Española de Basuras Marinas, quien no ve una solución fácil por la «resistencia» del sector agrícola y la «escasa presión» de la Administración: «No se trata de ir contra los agricultores ni de perjudicar a nadie, pero la sociedad no puede pagar sus malas prácticas. Es tan sencillo como recoger y gestionar adecuadamente sus residuos», explica.

El consejero Javier Celdrán apuesta por la divulgación: «Enseñaremos en los colegios los residuos que mataron al cachalote de Cabo de Palos»

¿Alguna solución? «Hay mucho por hacer y por entenderse. Lo ideal es que se pusieran de acuerdo todos los actores implicados: agricultores, administración y empresas que ofrecen tecnologías limpias, como una firma de plástico biodegradable que ya trabaja con éxito con agricultores de Navarra [un procedimiento habitual es labrar sin retirar el plástico de la cosecha anterior, una práctica que termina sellando el suelo]. En la Marina de Cope podría ponerse en marcha un laboratorio de gestión agrícola alternativa y sostenible que se exportara a otros lugares», sugiere.

Los agricultores son conscientes de que deben mejorar la limpieza del entorno de sus cultivos, aunque aseguran que siguen el código de buenas prácticas que les obliga a trasladar sus residuos a un gestor autorizado: «No lo hacemos a propósito, cuando viene una riada el agua lo arrastra todo por la rambla, pero es verdad que a esto hay que darle una solución», admite Pedro Navarro, vicepresidente del sindicato agrario ASAJA en Águilas y pequeño productor en la Marina de Cope. «Igual tenemos que ponernos de acuerdo con el Ayuntamiento para hacer alguna limpieza, lo cierto es que estamos buscando fórmulas para solucionar estos problemas».

Pese al rastro evidente de su actividad en playas y cauces, Pedro Navarro rechaza los calificativos de «insostenible y contaminante» a la agricultura que se practica en esa llanura litoral de más de diez kilómetros de longitud y alega las numerosas auditorías y certificados de calidad que deben pasar los productores para vender en los exigentes mercados europeos.

La memoria de 2017 del Servicio de Limpieza y Mantenimiento de Zonas Verdes también refleja la deficiente conservación del parque: el año pasado se recogieron allí más de 13.000 kilos de desechos en 169 limpiezas. En total, los operarios de la Consejería de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente retiraron casi 142.000 kilos de desperdicios en espacios protegidos de toda la Región en más de 400 batidas. De esta cantidad, 43.636 kilos se recogieron en el litoral, y entre el 70% y el 95% de esta basura marina eran residuos plásticos.

Aunque la Comunidad Autónoma tiene claro que es casi más importante informar y divulgar que limitarse a pasar la escoba. Por eso ha lanzado este verano la campaña ‘Un mar sin nuestros plásticos’, que se apoya en un vídeo del creativo Pablo Almansa en el que personas de diferentes edades se tragan los desechos que habitualmente dejamos tirados en plena naturaleza. Un mensaje directo a la conciencia… y al estómago.

«Todos somos parte de la solución desde nuestra responsabilidad individual», destaca el consejero Javier Celdrán. «Por eso hemos puesto en marcha acciones de divulgación, una de ellas en los centros educativos, el próximo curso, donde llevaremos los paneles de metacrilato en los que exponemos los desechos que mataron al cachalote de Cabo de Palos». «También nos preocupa la alta incidencia de los residuos agrícolas», añade, «tanto en la Región de Murcia como en el conjunto del Levante, y el abandono de aparejos por los pescadores, algo muy peligroso para la vida marina. Hay que trabajar con estos sectores profesionales», advierte Javier Celdrán.

Pescando plástico

Los pescadores ya han elegido formar parte de la solución. Un sector tradicionalmente indolente y generador de basura marina se sumó la semana pasada al proyecto Upcycling the Oceans, promovido por la firma de ropa Ecoalf y el gestor de envases Ecoembes. Los veintitrés arrastreros con base en los puertos de Cartagena, Mazarrón, Águilas y San Pedro del Pinatar depositarán en contenedores ubicados en tierra los objetos que saquen en sus redes, con una previsión de entre 10 y 15 toneladas al año. Los que sirvan para ser reciclados tendrán una segunda vida como chaquetas, bolsos y calzado de la marca de moda fundada en 2012 por el empresario madrileño Javier Goyeneche. 462 barcos de 33 puertos españoles, 2.000 profesionales del mar en total, se dedican ya a pescar plástico convencidos por un ecoemprendedor que ha sido requerido por el gobierno de Tailandia para que le ayude a reducir la presencia de basura marina en sus aguas generando a la vez una industria sostenible.

A los pescadores les afecta especialmente que estemos convirtiendo en un vertedero los océanos: la mayor despensa del planeta, unos ecosistemas que suponen el 95% del espacio disponible para la vida en la Tierra y donde se produce el 70% del oxígeno. Y no solo por la degradación del medio marino, sino porque los microplásticos ya han llegado a la cadena alimenticia a través de especies tan populares en las pescaderías como la merluza, los salmonetes, las bogas y las pintarrojas. Lo confirman dos estudios del Instituto Español de Oceanografía realizados hace un par de años por científicos de sus centros de San Pedro del Pinatar, Galicia y Baleares. «No existen evidencias de efectos negativos en la salud humana, pero sería conveniente estudiarlo», advierte Juan Bellas, uno de los autores de la investigación.

La Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE) trabaja intensamente desde hace años con las basuras marinas. Primero con recogidas en zonas de difícil acceso, como el Rincón de Tiñoso y la ensenada de la Fuente, en Cabo Cope, dos enclaves costeros donde se acumulan los residuos, empujados por los vientos de levante. Envases, fragmentos de plástico de todo tipo y cajas son los objetos más frecuentes, explica a ‘La Verdad’ Pedro García, director de la organización ecologista.

Y más recientemente, caracterizando los residuos flotantes en la Zona de Especial Conservación Valles Submarinos del Escarpe de Mazarrón, una extensión de mar de unas 154.000 hectáreas, entre Cartagena y Águilas, que peinaron durante seis meses a bordo del velero ‘Else’. Durante ese tiempo, y a lo largo de 2.284 kilómetros de navegación, documentaron 1.345 objetos, el 91% de ellos de plástico: sobre todo botellas, cajas de poliestireno y fragmentos de envoltorios. Una campaña de investigación en la que lamenta haber encontrado «más plástico que vida marina».

ANSE se encuentra ahora completando este estudio, en el marco del proyecto Libera, que impulsan Ecoembes y la sociedad científica y conservacionista SEO/BirdLife, con el objetivo de acabar con la ‘basuraleza’ en los espacios naturales.

Terminemos con dos buenas noticias: la primera es que la presencia de bolsas de plástico en las playas se redujo en un 80% durante el periodo 2010-2015. Los expertos de la Universidad de Deusto relacionan este dato con el descenso en su consumo «por el paulatino cobro en los supermercados». «Dado el impacto que ha tenido una sola medida, parece que terminar con las basuras marinas es cuestión de voluntad política y concienciación», concluyen los autores del informe.

La mirada de dos artistas

La segunda es que están surgiendo voces influyentes para convencer a la sociedad de la necesidad de cuidar el medio ambiente. Como la escultora Belén Orta, que recreó el episodio del cachalote reventado por una indigestión de plástico con una escultura que removió conciencias, plantada en pleno centro de Cartagena, en el certamen Mucho Más Mayo. La obra de arte, tan necesaria como sangrienta, todavía puede verse este verano en el Faro de Cabo de Palos. «Le he sacado las tripas a propósito», declaró la creadora cartagenera ante las críticas por el excesivo realismo de su pieza ‘Va llena de plástico’.

La lacra de las basuras marinas también han conmovido a Isabel Muñoz, una de las grandes fotógrafas españolas -dos premios World Press Photo, Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes y Premio Nacional de Fotografía-, que trabaja actualmente en un proyecto de largo recorrido -la serie ‘Agua’- con el que denuncia la plastificación de los mares. Lo inició precisamente en la Marina de Cope y lo ha continuado en Cataluña y Japón. Ya ha expuesto parte de este trabajo, pero sigue entregada a retratar la relación de las personas con el mar. Tanto le preocupó el desastre ecológico que le mostró hace dos años Ambiente Europeo que interrumpió el trabajo que ha marcado un antes y un después en su vida -los retratos de grandes primates- para mojarse por los océanos.