El suculento negocio del agua en España

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Empresarios como Eugenio Calabuig, presidente de Global Omnium/Aguas de Valencia, controlan el suministro hídrico de buena parte del país pese a los escándalos judiciales

Por José Antequera

Fue Leonardo Boff, fundador de la Teología de la Liberación, quien dijo aquello de que quien controla el agua controla la vida y controla el poder. Hoy no son pocos los magnates de los negocios que han puesto sus ojos y sus inversiones en el líquido elemento sin el cual la sociedad estaría condenada a la extinción. En España, país de sequías que ha sido sancionado recientemente por la UE por no depurar adecuadamente sus aguas residuales, un hombre, Eugenio Calabuig, uno de los empresarios más poderosos e influyentes de la Comunidad Valenciana, ha sabido levantar todo un imperio gota a gota. La odisea hídrica de Calabuig, actual gerente de Global Omnium/Aguas de Valencia, le ha llevado a controlar el suministro y ciclo de gestión no solo en tierras valencianas, donde en los últimos años se ha codeado con lo más granado del poder político, sino en más de 300 ciudades españolas de once comunidades autónomas y en diversos países de África, Asia y América Latina. La firma de Calabuig presume de poseer una red de tuberías de 15.000 kilómetros, de dar empleo a 2.500 trabajadores y de ser la primera empresa de capital español dedicada a la gestión del agua en nuestro país. Además, es la entidad que “da un abastecimiento de calidad a más de 6 millones de personas” (entre servicio de agua potable y tratamiento residual)”, según la página web de Global Omnium, grupo que preside el directivo castellonense. Es decir, buena parte del país bebe el agua que le da Calabuig.

El industrial castellonense ha sido investigado en la causa por el agujero en las cuentas del Banco de Valencia (BdV)

El magnate valenciano del sector ha sabido prosperar durante todos estos años de crisis en los que ha logrado adjudicaciones y contratos tanto en el feudo valenciano del PP de Francisco Camps como en la taifa andaluza de Susana Díaz. A fin de cuentas el agua no entiende de ideologías y este industrial que no suele prodigarse demasiado en los medios de comunicación se ha conectado bien con el poder con independencia de su color político. Sin embargo, tras el hombre triunfador que en los últimos años ha progresado en los negocios se esconde una cara algo más turbia y menos cristalina que el agua que fluye, controla y le hace rico. Querellas, investigaciones judiciales, encarnizadas batallas con otros grupos empresariales, relaciones con amistades políticas poco recomendables y hasta pugnas familiares a cuenta de sus empresas jalonan su intensa biografía. Una serie de escándalos persigue a Calabuig, que aparece como investigado en la causa por el agujero en las cuentas del Banco de Valencia (BdV) y hasta tuvo que dar explicaciones ante el juez José Castro por sus supuestos negocios con el duque de Palma y el caso Noos.

¿Pero quién es en realidad Eugenio Calabuig? Castellonense de 58 años y descendiente de una familia de rancio abolengo de la capital de La Plana, estudió en los jesuitas de Valencia y se licenció en Ciencias Económicas. Hizo sus primeros pinitos en los negocios en la empresa familiar, Fomento Agrícola de Castellón (Facsa), fundada por su abuelo, Enrique Gimeno, allá por 1873. Ya en aquella época convulsa de la historia de España –se instauraba la primera República que apenas iba a durar un año– Facsa se dedicaba a la gestión del agua sin importarle que en este país mandara un rey o un civil.

Desde entonces el apellido Gimeno, un fetiche entre la clase empresarial de tierras levantinas, resuena como un poderoso tótem en Castellón, cuna de caciques como el ex presidente de la Diputación Provincial, Carlos Fabra, con quien Calabuig todavía queda para comer de vez en cuando en los mejores restaurantes de Oropesa, como prueba cierta fotografía robada por un diario digital. Hoy Fabra, condenado a cuatro años de cárcel por defraudar 700.000 euros a Hacienda, no es más que un jubilado que disfruta de su retiro dorado pero que todavía mantiene en su vieja agenda el teléfono de aquellos empresarios con los que se relacionó durante su azaroso mandato. De hecho, al gerente de Aguas de Valencia no le fue mal con Fabra, ya que en el año 1996, en medio del big bang del pelotazo inmobiliario y en pleno apogeo del régimen fabrista, fundó Fomento Urbano de Castellón (Fucsa), empresa de la que sigue siendo presidente y que se dedica a la gestión del suelo y a la promoción de viviendas en la provincia castellonense. Por lo visto en España el agua se transforma en cemento, y viceversa, con una facilidad pasmosa.

Con todo, el magnetismo de Calabuig parece cautivar no solo a los gobiernos autonómicos y municipales del PP, sino también a los del PSOE. Hasta el mismísimo presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, cuando era alcalde de Morella, tuvo un hueco para la notable familia castellonense. De hecho, hace ya tiempo que Puig puso en manos de Calabuig el suministro de todo el agua potable que consumen sus paisanos morellanos. Hoy Empresa de Aguas y Servicios Públicos de Morella, la compañía que abastece a la localidad castellonense, es una sociedad estable formada por Global Omnium y el Ayuntamiento morellano en una proporción del 90 y el 10 por ciento, respectivamente. Y así, hectolitro a hectolitro, tejiendo buenas relaciones con unos y con otros, es como Calabuig ha alcanzado el estatus de dueño y señor de las aguas, no solo de Valencia, sino también de otras 11 comunidades autónomas españolas que contratan con él en un proceso de expansión que no parece tener límites. Aunque esa es otra historia que merece capítulo aparte.

 

Ahogados por la basura marina

https://www.laverdad.es/lospiesenlatierra/noticias/ahogados-basura-marina-20180729005052-ntvo.html

Basura marina acumulada junto a la Torre de Cope (Águilas), en el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre. europeo / Asociación Ambiente Europeo

La contaminación por plásticos se ha convertido en una pesadilla ambiental: ensucia las playas, mata a la fauna y llega a la cadena alimenticia. El punto más afectado de España es la Marina de Cope

MIGUEL ÁNGEL RUIZ

Empecemos con dos noticias, una mala y otra peor. La primera es que la gran isla de residuos del Pacífico ya tiene tres veces el tamaño de Francia. La segunda es que solo el 15% de los plásticos que arrojamos al mar flotan en la superficie. Después de varias décadas angustiados por el cambio climático, según todos los expertos la mayor amenaza a la que se enfrenta la humanidad, la basura marina se ha convertido en la nueva pesadilla ambiental. A prueba de negacionistas, es una marea global que no admite dudas: es visible donde quiera que vayamos, tiene consecuencias directas sobre la fauna de los océanos y nuestra salud y las cifras son cada vez más escandalosas: todos los años llegan al agua ocho millones de toneladas de plásticos, algo así como 200 kilos cada segundo.

La invasión del plástico también ha generado fotografías difíciles de olvidar, como la de una tortuga boba comiendo una bolsa -para ella una medusa- o la del caballito de mar agarrando un bastoncillo higiénico con la cola. Y la más reciente, hecha por desgracia en la Región y ya un icono de la lucha contra la basura marina: la del cadáver del cachalote encontrado en febrero en Cabo de Palos con 29 kilos de diferentes objetos en el estómago, entre sacos de rafia, redes, cabos e incluso un bidón. Una indigestión mortal.

Y no sabemos qué debe preocuparnos más: si el hecho de que una simple bolsa tarde en degradarse 400 años o que muchos desechos que acaban en el mar se descompongan en microplásticos -porciones de menos de cinco milímetros-, en ocasiones ingeridos por peces que pueden terminar en nuestra mesas. A la plancha y a la hora de la cena.

Un estudio de la Universidad de Deusto revela que el litoral de Águilas y Lorca es la zona del país con más residuos

Todos somos un poco culpables: desde el bañista que abandona sobre la arena una lata vacía y el automovilista que tira una botella de plástico por la ventanilla hasta el fumador que apaga una colilla en cualquier sitio. Porque se estima que el 80% de la basura marina proviene de tierra. Y no hay que irse a un lugar perdido para comprobar cómo estamos plastificando el planeta: España es el segundo país europeo que más plástico arroja al Mediterráneo -126 toneladas cada día- y, atención, el Parque Regional de Cabo Cope-Puntas de Calnegre, en el litoral de Águilas y Lorca, es el punto de mayor concentración de basuras marinas del país: 21,77 residuos por metro lineal de costa, según un estudio reciente de la Universidad de Deusto basado en 249 limpiezas de playas y riberas de ríos realizadas en diferentes puntos del territorio nacional entre 2010 y 2015.

La investigación ha cribado los datos recogidos por miles de voluntarios convocados por la asociación Ambiente Europeo, con sede en Murcia. Durante cinco años se recogieron 47.682 kilos de basuras marinas debidamente caracterizadas. Es decir, cada residuo está registrado en una ficha para identificar su origen y, llegado el momento, trabajar con más eficacia en la solución del problema.

Esta metodología permite saber no solo que la Marina de Cope es la zona cero de la basura marina en España, sino que estos desechos proceden en su mayoría de la intensa actividad agrícola que se desarrolla en el espacio protegido.

Los cultivos de lechugas, tomates y sandías generan una enorme cantidad de residuos que terminan en las playas, arrastrados por el viento o a través de las ramblas. Mallas de invernaderos, tuberías de PVC y polietileno, pinzas de silicona para injertos, cuerdas de nylon, bandejas de poliespán, goteros y válvulas de riego salpican el paisaje de forma bien visible, en una concentración que aumenta conforme nos acercamos al mar. Según el informe ‘Basuras marinas: una exploración de datos obtenidos en limpiezas de playas y riberas en España de 2010 a 2015’, el Parque Regional Cabo Cope-Puntas de Calnegre concentra el 67,3% de este tipo de desechos en la Región de Murcia, que sufre la presencia de una media de 10,37 residuos por metro lineal limpiado. En el lado contrario, la costa más limpia es la del País Vasco, con solo 0,53 residuos por metro.

«Tan sencillo como recoger»

«La situación es insostenible», se lamenta Daniel Rolleri, director de Ambiente Europeo y vicepresidente de la Asociación Española de Basuras Marinas, quien no ve una solución fácil por la «resistencia» del sector agrícola y la «escasa presión» de la Administración: «No se trata de ir contra los agricultores ni de perjudicar a nadie, pero la sociedad no puede pagar sus malas prácticas. Es tan sencillo como recoger y gestionar adecuadamente sus residuos», explica.

El consejero Javier Celdrán apuesta por la divulgación: «Enseñaremos en los colegios los residuos que mataron al cachalote de Cabo de Palos»

¿Alguna solución? «Hay mucho por hacer y por entenderse. Lo ideal es que se pusieran de acuerdo todos los actores implicados: agricultores, administración y empresas que ofrecen tecnologías limpias, como una firma de plástico biodegradable que ya trabaja con éxito con agricultores de Navarra [un procedimiento habitual es labrar sin retirar el plástico de la cosecha anterior, una práctica que termina sellando el suelo]. En la Marina de Cope podría ponerse en marcha un laboratorio de gestión agrícola alternativa y sostenible que se exportara a otros lugares», sugiere.

Los agricultores son conscientes de que deben mejorar la limpieza del entorno de sus cultivos, aunque aseguran que siguen el código de buenas prácticas que les obliga a trasladar sus residuos a un gestor autorizado: «No lo hacemos a propósito, cuando viene una riada el agua lo arrastra todo por la rambla, pero es verdad que a esto hay que darle una solución», admite Pedro Navarro, vicepresidente del sindicato agrario ASAJA en Águilas y pequeño productor en la Marina de Cope. «Igual tenemos que ponernos de acuerdo con el Ayuntamiento para hacer alguna limpieza, lo cierto es que estamos buscando fórmulas para solucionar estos problemas».

Pese al rastro evidente de su actividad en playas y cauces, Pedro Navarro rechaza los calificativos de «insostenible y contaminante» a la agricultura que se practica en esa llanura litoral de más de diez kilómetros de longitud y alega las numerosas auditorías y certificados de calidad que deben pasar los productores para vender en los exigentes mercados europeos.

La memoria de 2017 del Servicio de Limpieza y Mantenimiento de Zonas Verdes también refleja la deficiente conservación del parque: el año pasado se recogieron allí más de 13.000 kilos de desechos en 169 limpiezas. En total, los operarios de la Consejería de Empleo, Universidades, Empresa y Medio Ambiente retiraron casi 142.000 kilos de desperdicios en espacios protegidos de toda la Región en más de 400 batidas. De esta cantidad, 43.636 kilos se recogieron en el litoral, y entre el 70% y el 95% de esta basura marina eran residuos plásticos.

Aunque la Comunidad Autónoma tiene claro que es casi más importante informar y divulgar que limitarse a pasar la escoba. Por eso ha lanzado este verano la campaña ‘Un mar sin nuestros plásticos’, que se apoya en un vídeo del creativo Pablo Almansa en el que personas de diferentes edades se tragan los desechos que habitualmente dejamos tirados en plena naturaleza. Un mensaje directo a la conciencia… y al estómago.

«Todos somos parte de la solución desde nuestra responsabilidad individual», destaca el consejero Javier Celdrán. «Por eso hemos puesto en marcha acciones de divulgación, una de ellas en los centros educativos, el próximo curso, donde llevaremos los paneles de metacrilato en los que exponemos los desechos que mataron al cachalote de Cabo de Palos». «También nos preocupa la alta incidencia de los residuos agrícolas», añade, «tanto en la Región de Murcia como en el conjunto del Levante, y el abandono de aparejos por los pescadores, algo muy peligroso para la vida marina. Hay que trabajar con estos sectores profesionales», advierte Javier Celdrán.

Pescando plástico

Los pescadores ya han elegido formar parte de la solución. Un sector tradicionalmente indolente y generador de basura marina se sumó la semana pasada al proyecto Upcycling the Oceans, promovido por la firma de ropa Ecoalf y el gestor de envases Ecoembes. Los veintitrés arrastreros con base en los puertos de Cartagena, Mazarrón, Águilas y San Pedro del Pinatar depositarán en contenedores ubicados en tierra los objetos que saquen en sus redes, con una previsión de entre 10 y 15 toneladas al año. Los que sirvan para ser reciclados tendrán una segunda vida como chaquetas, bolsos y calzado de la marca de moda fundada en 2012 por el empresario madrileño Javier Goyeneche. 462 barcos de 33 puertos españoles, 2.000 profesionales del mar en total, se dedican ya a pescar plástico convencidos por un ecoemprendedor que ha sido requerido por el gobierno de Tailandia para que le ayude a reducir la presencia de basura marina en sus aguas generando a la vez una industria sostenible.

A los pescadores les afecta especialmente que estemos convirtiendo en un vertedero los océanos: la mayor despensa del planeta, unos ecosistemas que suponen el 95% del espacio disponible para la vida en la Tierra y donde se produce el 70% del oxígeno. Y no solo por la degradación del medio marino, sino porque los microplásticos ya han llegado a la cadena alimenticia a través de especies tan populares en las pescaderías como la merluza, los salmonetes, las bogas y las pintarrojas. Lo confirman dos estudios del Instituto Español de Oceanografía realizados hace un par de años por científicos de sus centros de San Pedro del Pinatar, Galicia y Baleares. «No existen evidencias de efectos negativos en la salud humana, pero sería conveniente estudiarlo», advierte Juan Bellas, uno de los autores de la investigación.

La Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE) trabaja intensamente desde hace años con las basuras marinas. Primero con recogidas en zonas de difícil acceso, como el Rincón de Tiñoso y la ensenada de la Fuente, en Cabo Cope, dos enclaves costeros donde se acumulan los residuos, empujados por los vientos de levante. Envases, fragmentos de plástico de todo tipo y cajas son los objetos más frecuentes, explica a ‘La Verdad’ Pedro García, director de la organización ecologista.

Y más recientemente, caracterizando los residuos flotantes en la Zona de Especial Conservación Valles Submarinos del Escarpe de Mazarrón, una extensión de mar de unas 154.000 hectáreas, entre Cartagena y Águilas, que peinaron durante seis meses a bordo del velero ‘Else’. Durante ese tiempo, y a lo largo de 2.284 kilómetros de navegación, documentaron 1.345 objetos, el 91% de ellos de plástico: sobre todo botellas, cajas de poliestireno y fragmentos de envoltorios. Una campaña de investigación en la que lamenta haber encontrado «más plástico que vida marina».

ANSE se encuentra ahora completando este estudio, en el marco del proyecto Libera, que impulsan Ecoembes y la sociedad científica y conservacionista SEO/BirdLife, con el objetivo de acabar con la ‘basuraleza’ en los espacios naturales.

Terminemos con dos buenas noticias: la primera es que la presencia de bolsas de plástico en las playas se redujo en un 80% durante el periodo 2010-2015. Los expertos de la Universidad de Deusto relacionan este dato con el descenso en su consumo «por el paulatino cobro en los supermercados». «Dado el impacto que ha tenido una sola medida, parece que terminar con las basuras marinas es cuestión de voluntad política y concienciación», concluyen los autores del informe.

La mirada de dos artistas

La segunda es que están surgiendo voces influyentes para convencer a la sociedad de la necesidad de cuidar el medio ambiente. Como la escultora Belén Orta, que recreó el episodio del cachalote reventado por una indigestión de plástico con una escultura que removió conciencias, plantada en pleno centro de Cartagena, en el certamen Mucho Más Mayo. La obra de arte, tan necesaria como sangrienta, todavía puede verse este verano en el Faro de Cabo de Palos. «Le he sacado las tripas a propósito», declaró la creadora cartagenera ante las críticas por el excesivo realismo de su pieza ‘Va llena de plástico’.

La lacra de las basuras marinas también han conmovido a Isabel Muñoz, una de las grandes fotógrafas españolas -dos premios World Press Photo, Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes y Premio Nacional de Fotografía-, que trabaja actualmente en un proyecto de largo recorrido -la serie ‘Agua’- con el que denuncia la plastificación de los mares. Lo inició precisamente en la Marina de Cope y lo ha continuado en Cataluña y Japón. Ya ha expuesto parte de este trabajo, pero sigue entregada a retratar la relación de las personas con el mar. Tanto le preocupó el desastre ecológico que le mostró hace dos años Ambiente Europeo que interrumpió el trabajo que ha marcado un antes y un después en su vida -los retratos de grandes primates- para mojarse por los océanos.

 

El huerto escolar: la revolución en la escuela

http://huertoseducativos.org/un-huerto-escolar-la-revolucion-en-la-escuela/?utm_campaign=Ligatus_CPP&utm_medium=cpc&utm_source=Ligatus_cp

Por Montse Escutia, Asociación Vida Sana

La escuela siempre ha hablado de objetivos, proyectos, interdisciplinariedad, secuenciación, procedimientos, contenidos, actitudes, valores y normas. Y ahora le llega una revolución con el huerto escolar ecológico. A pesar de que la escuela sea un reflejo de la sociedad, debe evitar verse inmersa en la precipitación de la misma sociedad.

El mundo en un clic no puede inundar las aulas. Las habas, tomates, coles, cebollas, fresas tienen un crecimiento pausado, armonioso. Por eso son tan buenas y nos aportan tantos nutrientes. Cuando el crecimiento de una planta se acelera el resultado es un montón de agua, con unas pocas sustancias nutritivas.

Derecho a una alimentación de calidad

Y cada vez más la gente se preocupa por su alimentación. Pero… ¿ya sabemos que la alimentación es un derecho universal? Y no cualquier alimentación: una alimentación de calidad, que nos nutra, no que nos harte. Por eso hay que hablar alto y claro y darlo a conocer, por eso hay que romper los tabúes. Entrar en los comedores escolares y gritar bien fuerte: “¿Qué menú de calidad puede valer 2,5 €?” Y gritar bien fuerte que trabajar la tierra no es ser un esclavo de ella, sino un lujo al alcance de muy pocos, que los agricultores son los guardianes de nuestra salud, los jardineros de nuestro paisaje, que hay que pagar un precio justo por los alimentos y que el gasto en alimentación no debe ser el primero en reducirse en tiempos de crisis, porque es una apuesta por nuestra salud.

La escuela juega más que nunca un papel capital cuando la sociedad ha perdido el rumbo. A pesar de todos los obstáculos, debe recuperar el protagonismo, la guía, el acompañamiento de los niños y niñas para convertirlos en ciudadanos autónomos, críticos y respetuosos con el mundo que les rodea.

Huerto escolar: la herramienta global

El huerto escolar como proyecto es una herramienta excelente. El huerto entra de lleno en esta mirada competencial que nos pide el sistema educativo. ¿Qué competencia queda al margen? ¿La competencia científica? ¿La artística? ¿La lingüística? ¿La autonomía personal? ¿La competencia ciudadana? … ¿Qué área dejamos fuera de estudio y análisis? ¿Matemáticas? ¿Ciencias sociales? ¿Ciencias naturales? ¿Música? ¿Tecnología? .¿Qué edad puede quedar excluida? ¿Los niños y niñas de 3 años? ¿Los de 10 años? ¿Los de 16 años?

La familia puede participar. Puede ser una excelente puerta de diálogo entre el profesorado y las madres y padres. Los abuelos recuperan el protagonismo y aportan conocimiento. Los inmigrantes no se sienten excluidos y hasta tienen el trabajo del huerto más cercano que nuestros hijos.

El huerto ha entrado en las escuelas y ha supuesto una revolución. Es un lugar seguro donde niños y niñas pueden experimentar directamente con la vida, con la naturaleza. Donde todavía pueden disfrutar de la conexión que como especie animal tenemos con la tierra que es nuestro hogar. El éxito estaba asegurado.

 

BOLOS HUERTANOS – EL HUERTANICO

El Huertanico y la Federación de Bolos Huertanos.

Ángel, experto y presidente de la Federación de Bolos Huertanos, nos acogió en su restaurante La Chamba (Carril González, Los Garres), para explicarnos las reglas de esta tradición tan nuestra, los Bolos Huertanos.

CONSEJO DE DEFENSA DEL NOROESTE

Acosados agricultores acosadores

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2018/07/04/acosados-agricultores-acosadores/935566.html

pedro costa morataLas prácticas descaradas de la roturación ilegal, pero diaria, del secano en regadío, el atentado de los pozos pirata a las fuentes tradicionales y la destrucción implacable de la cultura agraria tradicional, se han constituido en materia y objeto de trabajo por parte del Consejo de Defensa del Noroeste, creado recientemente en Caravaca

Empiezan a hacerse frecuentes las quejas de nuestros agricultores más conflictivos sobre lo mal que son tratados y lo poco que lo merecen, y esto es un indicio de que, por fin, han empezado a inquietarse. Si los que configuran el poder agrario en la región, usufructuarios desmedidos de bulas y privilegios que repercuten en daños a la colectividad, tratan de disimular su consolidado estatus de acosadores (como aguerridos intimidadores hacia el poder político, vociferantes periódicos en demanda de derechos con caducidad, manipuladores de la realidad agro-económica y contaminadores por tierra mar y aire) atribuyéndose el de acosados e incomprendidos la cosa empieza a ponerse interesante.

Se trata de quejas amargas, que aluden a maltrato, incomprensión, criminalización? pero que excluyen, radicalmente, un mínimo de autocrítica: como hacia su actitud ferozmente antiecológica, el rechazo a reconocer que llevan años pasados de la raya (roja) debido a una codicia que se expresa sin límite, la exhibición sistemática de fuerza ante un poder político pasmado y sometido, etcétera.

Quejas de este tipo han salido recientemente de una reunión de la asociación de exportadores agrícolas, Proexport, y concretamente de su nuevo presidente, Juan Marín, que se ha expresado con profundo dolor de su corazón por tanta incomprensión, hilando con técnica manida un pliego de cargos hacia «esos paisanos nuestros» que, «envueltos en la bandera medioambiental y conservacionista, transitan velozmente hacia la agitación social y no sabemos con qué intereses». Porque es verdad que «nunca antes el sector agrario de nuestra región había vivido una situación similar», como también lo es que estamos ante «una locura que viven desde mayo de 2016» (que debe ser la del descubrimiento de la ‘sopa del Mar Menor’).

Cualquier construcción acusadora vale, aun del corte más tradicional, con tal de eludir la autocrítica: cualquier invectiva contra el mensajero sirve para jalearse a sí mismos, antes que reconocerse en falta flagrante.

Contra el cierre de perspectivas agroalimentarias con que nos obsequian estas organizaciones (que al mismo tiempo saben perfectamente que el futuro a medio plazo no les será favorable y por ello aprietan el acelerador allá donde pueden) surgen y resurgen murcianos que se indignan, se alzan y dicen ‘hasta aquí hemos llegado’, buscando la coalición de fuerzas que, sobre todo organizadas desde la periferia de una región cuya costa sufre devastación, se oponen a que este modelo de minuciosa destrucción de la naturaleza amplíe su acción perversa.

Esta agricultura y estos agricultores están cada día más próximos a enfrentarse a todas las comarcas de la región. Y así, las prácticas descaradas de la roturación ilegal, pero diaria, del secano en regadío, el atentado de los pozos pirata a las fuentes tradicionales y la destrucción implacable de la cultura agraria tradicional, se han constituido en materia y objeto de trabajo por parte del Consejo de Defensa del Noroeste, creado recientemente en Caravaca; y lo mejor es que en el acto de creación de este Consejo comarcal han figurado líderes de otras comarcas que sufren de la misma plaga, como el Altiplano y el Río Mula (más la Vega Baja, cuya saga de degradación hidrológica combina las miserias históricas con las insidias recientes): la extensión de la revuelta no habrá de parar, ya que las causas no dejan de ampliarse y endurecerse.

Más que nunca, nuestro país se ha convertido en una constelación de plataformas, frentes y asociaciones reivindicativas que vienen a sustituir la ineptitud y el desinterés del poder político, en ejercicio y en la oposición, por muchos y muy serios problemas de alcance y trascendencia, singularmente los relacionados con el medio ambiente en su globalidad. Y en este contexto de indignación y hartazgo nuestra región posee experiencia y ha de explotarla. Este Consejo pretende, sencillamente, impedir que los crímenes y barbaridades que se cometen en la costa por obra y gracia de la ‘agricultura mediterránea’ no se extiendan hacia el interior, donde ya han puesto el pie con el peor estilo y los más insufribles augurios.

Al margen de la sesión fundacional de esta nueva plataforma, pero como asuntos a asumir más pronto que tarde, se trató de la conspiración de silencio que existe entre todos los sectores de la Administración relacionados (media docena) para consentir las intervenciones ilegales e ilegitimas contra la lluvia (cohetes antigranizo, cañones de ultrasonidos y avionetas difusora de aerosoles) tan legendarias y truculentas como visibles y funcionales. En la necesaria y urgente reivindicación del secano se inscribe la más dura de las acusaciones que se puede formular contra la agricultura intensiva, química y de mayor valor económico: la de obstaculizar la lluvia por considerarla ¡perjudicial! Todo un affaire, elemento clave de la causa general del agua en la región, con su cosa de misterio, de indecencia y hasta de culebrón, que se tendrá que aclarar alguna vez, y al que quizás le ha llegado la hora.

Aun sin conocer el nombre del nuevo presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura, que la alternancia habrá de inscribir en la lista de los ingenieros de Caminos de matiz socialista (y que puede no venir limpio del todo de la penosa historia de esta institución), se aludió a la escasa confianza que el futuro nombramiento ha de suscitar (ya que no caben ingenuidades) y a la conveniencia de advertir, aun desde antes de conocer de quien se trata en concreto, que los tiempos marcan la pauta esencial de su ejercicio, que es acabar con un comportamiento incalificable de decenios; y que o se desmarca nítida y activamente de la línea de ilegalidades y prevaricaciones que la mayoría de sus últimos antecesores han seguido o acabará ante los tribunales en tiempo récord.