Simple and Sustainable Living in My 100 Square Foot Tiny House

Watch the new, extended tiny house tour: https://www.youtube.com/watch?v=WqX9h… Welcome to my tiny house in Orlando, Florida where I live simply and sustainably! I built this tiny house along with friends for under $1,500, with nearly 100% secondhand and repurposed materials and while creating near zero waste- just 30 pounds of trash! This setup allows me to live simply so that I can dedicate my time to the service of others and the earth. It also serves as a demonstration site for those who desire to live simply and sustainably. In this tour I show you the inside of my tiny 100 square foot house, my outdoor kitchen with greywater, my rainwater shower and rainwater collection system, my closed loop compost toilet, my garden and more! I wanted to keep this video somewhat short, but will have more videos to come. (UPDATE: Watch the extended tour here: https://www.youtube.com/watch?v=WqX9h…) I have created an FAQ to answer most every question that has arisen about my tiny house. You can read that at http://www.robgreenfield.tv/tinyhousefaq To learn about the build and more details you can watch this video and read this guide: http://robgreenfield.tv/tinyhousebuild/ Video filmed and edited by John VonMutius http://johnvonmutius.com — Rob Greenfield is an adventurer, activist, and humanitarian for a sustainable and just world. He donates 100% of his media income to grassroots nonprofits. His YouTube channel is a source for all things sustainable living, off the grid, simple living, zero waste, tiny house, grow your own food, cycling, and green.

The Seed Cooperative

The Seed Co-operative is a community-owned seed company who believe passionately in breeding open pollinated and affordable seeds that everyone can grow for the coming year. The Seed Co-operative was founded by David Price and Kate Ayre who share the responsibilities of developing the organisation, growing seed and managing their online shop. They sell a wide range of vegetables, flowers and herbs and green manures and are committed to building a resilient food system that will benefit everyone through access to seed, advice and training.
seedcooperative.org.uk/

A Gaia Foundation film by Jason Taylor thesourceimage.com

gaiafoundation.org | seedsovereignty.info

La tierra agrícola está cansada

https://elpais.com/economia/2020/01/06/actualidad/1578341773_995506.html

El monocultivo, la poca materia orgánica, las siembras anuales y el excesivo laboreo provocan la degradación del 40% del suelo

Vidal Maté

Finca de girasol en Castilleja de Guzmán, Sevilla. PACO PUENTES

Paulino Martín, agricultor de 71 años en Fuente el Saúz (Ávila), recuerda cuando el pueblo diversificaba las producciones, de cereales a forrajes, pasando por leguminosas para alimentación de sus cabañas ganaderas y para la alimentación humana. El objetivo, sobre todo, era dejar descansar la tierra. “Ahora estamos abusando de ella, la estamos forzando a producir año tras año a base de abonos minerales y se va a volver contra nosotros”, señala. “Los agricultores sabíamos mejor que nadie qué tierra debía descansar como barbecho o leguminosa para así lograr buenas cosechas y, además, ahorrar en abonos”.

Diferentes foros coinciden en que aproximadamente un 40% de los suelos ya están degradados. En el caso de España, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) estima que un 75% del territorio ya es susceptible de desertificación y que un 20% ya sufre este problema. Cada año, como consecuencia de la erosión provocada por el viento y por la lluvia, se pierde una media de 30 toneladas de tierra por hectárea, según los datos recogidos en el Mapa de Aridez en España del Programa de Acción Nacional contra la desertización del Ministerio de Agricultura. Estudios de la Organización Mundial para la Agricultura (FAO) señalan que aumentar un centímetro el grosor de tierra puede tardar 1.000 años.

Como consecuencia de un excesivo laboreo, del abuso de monocultivos o de fertilizantes, la materia orgánica se halla por debajo del 2%; hay un riesgo de mineralización de los suelos; una excesiva compactación de la tierra; más salinización, acidificación y, en definitiva, un agotamiento y fatiga de los mismos por unas prácticas insostenibles. Todo ello supone un atentado contra la salud del suelo, pero, además, un riesgo para la propia alimentación humana ante una población en expansión.

Frente a este escenario, un preparador de baloncesto pediría un tiempo muerto para tratar de modificar la estrategia en la utilización de la tierra. Desde la Asociación Española de Agricultura de Conservación Suelos Vivos, AEAC-SV, su director, Emilio González, reclama un cambio en el modelo de gestión de los suelos: el laboreo mínimo o no laboreo, no voltear la tierra, dejar en el suelo restos de la cosecha como materia orgánica frenando así la erosión y sujetando el agua en la tierra, una mayor rotación de los cultivos, más superficies de barbecho, aumento de cultivos de leguminosas fijadores de nitrógeno y, en definitiva, dar un descanso a una tierra que está dando ya síntomas de fatiga.

Para acceder a las ayudas de la actual Política Agrícola Común y, sobre todo, la que se avecina, la Unión Europea contempla medidas más duras como la obligación de dejar un 5% de tierra de barbecho cuando la superficie de cultivo supere las 15 hectáreas; las rotaciones y diversificación de cultivos a partir de las 10 hectáreas de forma progresiva, y la obligación de la siembra de cultivos fijadores de nitrógeno con leguminosas como lentejas, guisantes, alholvas, vezas o yeros que, en el caso de España, en muchas zonas donde era habituales prácticamente han desaparecido.

Bruselas pide algo que antaño era una decisión voluntaria del propio agricultor, que conocía mejor que nadie las posibilidades de cada parcela. “Ahora se siembra año sí y año también, cumpliendo las exigencias comunitarias de superficie de abandonos. Tratamos de cuidar la tierra porque es nuestro patrimonio, a partir de análisis de suelos y usando las tecnologías más modernas para dar a cada parcela las dosis justas en volumen y del nutriente que necesita”, señala Edu Ausin, uno de los pocos jóvenes en Mazuela, Burgos. Raul Torrego, de Aldehorno, en Segovia, recuerda las sementeras cuando se vaciaban de basura corrales y tenadas para abonar los campos. Hoy casi no quedan esas basuras y se usan purines de las granjas de cerdos con la obligación de infiltrarlos en la tierra; abonos positivos, pero peligrosos por el riesgo de perjudicar la tierra y contaminar los acuíferos.

La AEAC-SV trabaja en distintos proyectos como el Life Agromitiga o Mosoex (Aumento de materia orgánica, gestión sostenible de sistemas extensivos), financiado por el Ministerio de Agricultura. Este último pretende impulsar y divulgar un modelo innovador de gestión de los suelos que permita aumentar el contenido en carbono, luchar contra la erosión y la degradación, la reducción de emisiones de gases efecto invernadero y, en definitiva, dar una nueva vida para una tierra que se agotaba mejorando su fertilidad.

 

Una región inhóspita

https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2019/12/07/region-inhospita/1074092.html

Las instituciones están conformadas para otros objetivos, por eso los departamentos y las políticas de medio ambiente carecen de peso político y presupuestario, y no existen verdaderos planes de actuación por el clima y por la transición energética

patricio hernández

“Es mucho peor de lo que imaginas”. Así comienza un libro sobrecogedor que todos deberíamos estar leyendo. Es El planeta inhóspito, del periodista norteamericano David Wallace-Wells. Y, claro, habla del cambio climático. Es tal la amenaza que representa para nosotros y para todas las formas de vida sobre el planeta, y se ha convertido, conforme se suceden los informes científicos, en una emergencia tan acuciante que no se debería hablar de otra cosa si fuéramos conscientes de la responsabilidad que hemos adquirido.

Ni viene de un remoto pasado ni es un problema al que deberán hacer frente en el futuro nuestros descendientes. El 50% del CO2 expulsado a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles corresponde a las tres últimas décadas. Y desde la Segunda Guerra Mundial hemos emitido el 85% de este gas. Una generación humana, dice Wallace-Wells, ha creado el problema, y una generación humana tiene la responsabilidad de evitar la catástrofe climática, y es la nuestra.

Once años para evitar situaciones irreversibles, eso dicen los informes del IPCC. Pero no vamos en esa dirección: el Protocolo de Kioto (1997) no logró sus objetivos, como tampoco lo va a hacer el Acuerdo de París (2016). Los temidos dos grados de aumento de las temperaturas casi sería la situación más deseable de las posibles. Aunque redujésemos drásticamente las emisiones, el escenario más probable es de 4º o 5º de aumento a finales de siglo. Y las consecuencias serían de verdad terribles. Lo que se llama nuestro ‘tiempo de reacción’, nuestra lenta toma de conciencia y respuesta, no es compatible con la exigua ventana de oportunidad que tenemos abierta para tomar medidas decisivas (esa ventana de oportunidad, metáfora que vino con el 15M, hay que convertirla ahora en ‘ventana de socorro’ para romper y escapar, dicen Hector Tejero y Emilio Santiago).

Lo que define el modo de actuar de los humanos, según el sociólogo Harald Welser, no son las condiciones objetivas de la situación, sino la manera en que los humanos perciben e interpretan estas condiciones. Y las estamos interpretando mal, a pesar de lo que nos dice un amplio consenso científico al que hacemos caso omiso.

El escenario regional. Acerquémonos a nuestro escenario, la Región de Murcia. ¿Hay alguien que crea que el Gobierno regional y los gobiernos locales se han tomado en serio el cambio climático y actúan en consecuencia? A pesar de estar en una de las áreas más vulnerables del planeta y del país, a pesar de que se nos ha advertido que estamos en la zona más amenazada por las inundaciones, que puede afectar a 330.000 personas en los próximos diez años entre Valencia, Murcia y el oriente andaluz, según el Observatorio de la Sostenibilidad; a pesar de que ya hemos visto el colapso del Mar Menor por la conjunción de los abusos en la gestión del territorio, la locura del beneficio a costa de lo que sea, la desidia política de las instituciones y los fenómenos naturales extremos que se prevén cada vez más frecuentes e intensos; a pesar de que los informes hablan de que el turismo y la agricultura, dos sectores básicos de la economía regional, se verán profunda y negativamente alterados por el aumento de las temperaturas que ya es de 1,5º, ¿qué papel juega la lucha por mitigar y adaptarnos a los efectos del cambio climático en la región? Prácticamente irrelevante. ¿Cuánto tiempo necesitarán nuestras instituciones para cambiar radicalmente sus prioridades? Más del que disponemos, eso es seguro. Esos once años son apenas dos legislaturas y media: nadie puede creer que sea tiempo suficiente para la profunda transformación que debieran pilotar esas instituciones.

Modelo desarrollista. Nuestros actuales gobernantes vienen de una cultura política en la que estos temas no existían. En realidad saben muy poco de todo esto, y siguen instalados en las inercias del pasado. Las mismas instituciones están conformadas para otros objetivos, por eso los departamentos y las políticas de medio ambiente carecen de peso político y presupuestario, y no existen verdaderos planes de actuación por el clima y por la transición energética. Nuestro modelo sigue siendo el desarrollista: más autovías, nuevo aeropuerto, nuevo macropuerto, más urbanizaciones y más recursos para artificializar más espacios naturales y regar nuevos campos. Este es el sentido común hegemónico. El dios al que servimos es el PIB, y aumentarlo como sea es nuestra religión, justo cuando todo está más cuestionado pues es ya evidente que no podemos seguir creyendo en el consumo ilimitado de recursos, sino pensar en formas justas de decrecimiento. Mientras no cambien los dioses, como dijo Ferlosio, nada ha cambiado. Necesitamos una revolución cultural que reordene nuestro valores, cambie los actuales marcos interpretativos y defina un nuevo horizonte colectivo. Sólo así se conseguirá hacer políticamente posible lo que es ecológicamente necesario.

Estamos desarmados. El mayor acelerador de estos procesos debía ser una ciudadanía exigente y movilizada, que presionara a los Gobiernos, pero ya vemos que no es el caso. En nuestra sociedad actual de esferas separadas, reforzadas por la emergencia del nuevo paradigma digital y de la redes sociales que favorecen las burbujas de afinidad que lo son también de aislamiento, es aún una minoría la que tiene esa conciencia de la urgencia en reaccionar. La mayoría es capaz de votar, como acaba de ocurrir en la Región de Murcia, a un partido negacionista, y otorgarle la segunda posición al mayor responsable de todos los desastres ambientales acumulados, que son muchos y muy graves. Juntos suman más del 50% del electorado. El malestar acumulado puede producir estas reacciones populistas y reaccionarias, como acaba de ocurrir aquí, que nos hemos convertido en el territorio políticamente más extremo-derechizado del país.

Hace años que llegué a la conclusión de que el sistema político murciano (por razones que son largas de explicar) es incapaz de producir los cambios imprescindibles que necesitamos. Aquí toda esperanza ha de venir de fuera, del Gobierno de España, de las leyes que apruebe el Parlamento, de la Unión Europea. Tienen que forzarnos a cambiar, ya que no somos capaces de hacerlo solos. En esto es en lo que mejor se aprecia que somos una comunidad políticamente atrasada, socialmente resistente, culturalmente lastrada. Y por eso nos enfrentamos desarmados a la mayor amenaza de nuestra historia como región que es el cambio climático que ya está pasando y que puede convertirnos en una región inhóspita.

 

Katia Hueso: «A los niños hay que regalarles tierra y charcos»

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/yes/2019/04/13/ninos-regalarles-tierra-charcos/0003_201904SY13P16991.htm?fbclid=IwAR2Yc90VDYs5n2Vy2orsiYp4PLnOhylvGdwQWnnY7BFtJkXgrCzFPniciyU

Es la fundadora de la primera escuela al aire libre de España, un modelo educativo que va a más en Galicia. «Hay que romper el “arresto domiciliario” y salir ahí fuera. Es una pena que un niño no pise el barro por no mancharse los zapatos», afirma

cedida Ana Abelenda
El juego es la mejor herramienta de desarrollo intelectual, físico y emocional, asegura Katia Hueso, que nació «un tórrido 14 de julio» en Madrid y fundó hace ya ocho años en un monte a las puertas del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama la primera escuela infantil al aire libre de España. Hoy son una treintena, y las escuelas bosque, una tendencia en boga en Galicia. «Somos naturaleza, hay que volver a la esencia. Y está en la esencia del juego que el juego sea libre», apunta esta bióloga y madre de tres hijas. Ellas fueron las que le dieron el empujón para montar su proyecto y romper el molde educativo. «Sí, la culpa la tienen ellas -ríe Katia-. Cuando nacieron, empecé a pensar de dónde venía esta afición por la naturaleza, que está en mis genes. Al escolarizar a mis hijas vi que lo que había alrededor eran centros convencionales, con proyectos muy curriculares». ¿Por qué es importante jugar y que el juego sea libre? «El juego es una necesidad vital, una herramienta de supervivencia, un instinto que no se puede reprimir. Y para obtener todo el rendimiento del juego, tiene que haber esa fase de creación, de decisión y de negociación entre compañeros de juego. Con un juego muy dirigido por adultos perderíamos el gran motor que es la motivación y un aprendizaje importante de habilidades sociales o de uso del lenguaje», afirma la autora de Jugar al aire libre.

-El modelo de una escuela al aire libre no consiste en soltar a los niños por el bosque y dejaros solos…

-No. El acompañamiento del adulto es siempre importante. Pero muchas veces lo que ves como adulto es que hay que dar un paso atrás, y limitarte a intervenir cuando hace falta, sin molestar ni complicar, solo en situaciones de peligro o conflicto. Yo lo comparo a la mosca que está en la pared: estás allí, viéndolo todo, pero nadie te presta atención a ti. Es un rol importante, no meterse en la acción pero estar, con capacidad de reacción.

-Tampoco es un mundo ideal.

-No. Aquí los conflictos surgen, como en todas partes, y los niños aprenden a trabajarlos de la forma más autónoma posible, ¡lo cual no quiere decir que les dejemos pegarse por un palo!

-¿Adultos y niños podemos convivir a un mismo nivel?

-Los adultos tienen una cosa ineludible, la experiencia de vida. A los adultos se nos presupone más experiencia. En determinadas situaciones debe prevalecer la decisión del adulto. Por ejemplo, cuando jugamos al aire libre y hay amenaza de tormenta es el adulto el que debe decidir. Sabe anticiparse a lo que viene.

-«Somos naturaleza», tu libro anterior, nos familiarizó con el concepto de vitamina N. ¿Qué es?

-Algo que, afortunadamente, no cuesta nada. La vitamina N no se dispensa en farmacias, pero sí está disponible al aire libre, en la naturaleza en un sentido muy amplio. No tenemos que irnos a un parque nacional. Basta con salir ahí fuera. En Galicia tenéis mucha vitamina N en el paisaje.

-¿Tenemos que cambiar el chip?

-Hay que cambiar el chip a escala social, y no quiero que ningún padre se sienta apuntado con el dedo. Hemos ido cayendo en la espiral del miedo. Por un lado es eso de «Uy, ¿qué les va a pasar a los niños si les dejo solos por ahí?», y por otro, una competitividad feroz que se refleja en la agenda infantil. Queremos que hablen inglés y chino desde pequeños, que toquen un instrumento, que tengan su currículo antes de salir de la escuela… A veces parecen pequeños adultos. La frontera entre infancia y edad adulta se está borrando.

-Como padre, te mueves en función de tu tiempo, tus ingresos y de lo que hace tu entorno; la presión es inevitable y a veces te sientes atrapado, ¿no? Somos seres sociales.

-Sí. Hay mucha presión por parte de los pares. No de los padres, sino de los pares, de gente que es como tú. Y así entramos en una espiral de actividades programadas, de ansiedad que deberíamos romper.

-¿Es más sencillo de lo que parece?

-Sí, no necesitamos ningún organismo que nos provea de naturaleza, ¿no?

-Hoy hay piscinas de bolas, campamentos de todo tipo, salones infantiles… Pero ya no jugamos en la calle.

-Necesitamos calles adecuadas. Hay calles que mantienen el espíritu de las de hace 40 años, con parques, barrios y plazas… Esas calles sí. No me refiero al paseo de la Castellana de Madrid.

-¿Hay que humanizar la ciudad?

-Sí. Vivimos en una sociedad adultocéntrica, en la que está casi todo pensado para un adulto de entre 20 y 50 años, sano, ágil, con un estatus, y la ciudad debería adaptarse a otros colectivos.

-¿Sí a los límites?

-¡Claro! Es algo que los niños ven bien jugando al aire libre. Los límites son pocos pero claros. Al aire libre tienes 4 normas, que son las esenciales, quitas la morralla y te quedas con la esencia.

-¿Cómo detectamos que un niño tiene el síndrome de déficit de juego?

-Son niños con dificultades para procesar lo que les pasa, que sienten ira o tristeza. Hay una epidemia de diagnósticos de falta de atención, y creo que habría que hacer el experimento de dejar a ese niño jugar libremente y ver qué pasa. A lo mejor, se atenúa el problema.

-Una escena en muchos parques de las ciudades, en la que me reconozco: «¡No me metas los pies ahí! Es que no ves que te manchas los zapatos…».

-¡Pues habría que celebrarlo! El barro es el príncipe de los juguetes, decía Tonucci. A los niños hay que regalarles charcos. La naturaleza te ofrece todos los juguetes que puedas imaginar. Mi amiga María Mallorca habla de las cuatro pes, las piedras, los palos, las piñas y las plumas. Luego hay otras cosas que no empiezan por pe, la tierra, la arena, el agua, las semillas, las hojas… La naturaleza da «juguetes» que nos permiten crear de aquí al infinito, todo lo que queramos.