PAMPLONA.- El cuarto huerto ecológico comunitario de la ciudad

El Ayuntamiento propone una parcela junto a la Biblioteca General como huerto ecológico

https://www.noticiasdenavarra.com/2018/10/15/vecinos/pamplona/el-ayuntamiento-propone-una-parcela-junto-a-la-biblioteca-general-como-huerto-ecologico-

Gerencia de Urbanismo conocerá el miércoles la convocatoria para adjudicar la licencia de uso de un este espacio

Huerto ecológico en Noáin. (JAVIER BERGASA)

PAMPLONA.- El cuarto huerto ecológico comunitario de la ciudad estará ubicado en una parcela de más de 2.000 metros cuadrados junto a la Biblioteca y Filmoteca General de Navarra, en el barrio de Mendebaldea.

Se trata de un terreno propiedad municipal de 211 metros de perímetro que se extiende formando un triángulo entre el Paseo Antonio Pérez de Goyena y la calle Arcadio María Larraona y la biblioteca, y que actualmente alberga la compostadora comunitaria del barrio. Gerencia de Urbanismo abordará el próximo miércoles la convocatoria para la adjudicación de la licencia de uso de esa parcela, un procedimiento que deberá aprobar la Junta de Gobierno Local y publicarse en el Portal de Contratación de Navarra para abrir plazo de presentación de solicitudes.

El espacio que ocupará el huerto se ubica en la parcela catastral 1.360 del polígono 3 y tiene una superficie de 2.152,41 m2. Será el cuarto huerto ecológico de la ciudad tras el de La Piparrika en el Casco Antiguo, que se puso en marcha el año pasado, el de Txantrea, que también está en funcionamiento, y el de San Juan, ya adjudicado y que se pondrá en marcha en las próximas semanas.

El Ayuntamiento de Pamplona cuenta con un Plan de Huertos Urbanos que prevé poner en marcha este año otro en Rochapea. El Ayuntamiento de Pamplona ha regulado un procedimiento de adjudicación de la licencia de uso de esa parcela como huerto urbano, al igual que se hizo para los otros huertos urbanos, tras la solicitud realizada el pasado 5 de julio por parte de miembros de la Asociación Ermitaldea.

En ese procedimiento quienes deseen concurrir a esta convocatoria deberán ser personas jurídicas sin ánimo de lucro con capacidad para garantizar la gestión, con plena capacidad para obrar y no deberán estar incursas en las prohibiciones para contratar contenidas en la Ley Foral 6/2006.

Para ello, se presentará declaración jurada en la instancia de solicitud de participación. Además, no deben tener deudas con el Ayuntamiento de Pamplona en periodo ejecutivo, por lo que no se adjudicará la licencia a personas que las tengan. Por último, la asociación deberá figurar inscrita en el Registro de Asociaciones del Gobierno de Navarra.

Condiciones de uso y funcionamiento del huerto

El Ayuntamiento de Pamplona ha establecido unas condiciones de uso y funcionamiento del futuro huerto ecológico de Mendebaldea-Ermitagaña. Su horario será, en principio, de 8 a 20 horas en el periodo comprendido entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo;y de 7 a 21 horas el resto del año. Fuera de ese horario se prohíbe el acceso a la parcela, salvo causa justificada y mediante autorización expresa del Ayuntamiento.

El espacio se dedicará exclusivamente al uso hortícola y social – comunitario. Por tanto, no se podrá realizar en el espacio cedido ningún tipo de publicidad mercantil, ni propia ni de terceros, salvo autorización municipal. Se debe permitir el libre acceso al huerto a personas interesadas en visitarlo en el horario de uso establecido, así como de las personas que deseen participar en las actividades educativas o culturales que se programen.

La entidad adjudicataria deberá hacerse cargo de la limpieza y del mantenimiento del espacio;conservar correctamente y devolver, cuando finalice la cesión, todos los elementos aportados por el Ayuntamiento;y no causar molestias al vecindario ni perturbar la tranquilidad de la zona durante los horarios de utilización del espacio cedido.

Todas las actuaciones que requieran algún tipo de construcción serán temporales y, por lo tanto, no ancladas el suelo. Entre ellas se incluyen los bancales, bancos, casetas de aperos y setos. En el caso de los elementos vegetales, entre ellos los setos, se colocarán en jardineras y bancales, pero no directamente al suelo.

Buenas prácticas de la adjudicataria y aportación municipal

La entidad beneficiaria de la cesión de uso de esa parcela deberá comprometerse al cumplimiento de una serie de buenas prácticas y normas. Entre ellas, el condicionado recoge la práctica de la agricultura ecológica, la garantía de un uso racional del agua en el riego del huerto comunitario, el compostado de los restos vegetales generados o la prohibición de dar de comer o cobijar a animales domésticos asilvestrados.

El uso de la parcela se destinará exclusivamente al cultivo de hortalizas, flores, arbustos aromáticos y frutas. La entidad adjudicataria deberá realizar una planificación anual de los cultivos que incluya al menos las variedades a cultivar, la ubicación y un cronograma aproximado de tareas a llevar a cabo para cada variedad.

Asimismo, se llevará un control de las principales tareas realizadas en el huerto (siembra, plantación, abonado, podas…) y un control especial sobre la cosecha (fechas, cantidad…) y sobre las enfermedades y plagas e incidencias meteorológicas (descripción, fecha, tratamiento aplicado…)

El Ayuntamiento de Pamplona, por su parte, proporcionará la acometida de agua y la instalación del sistema de riego, así como la toma de electricidad necesaria para la maquinaria que se utilice en el momento de establecimiento del huerto. El aprovechamiento del espacio será público para todo el mundo, pero se considera necesario vallarlo para evitar vandalismo. El cierre lo llevará a cabo el Ayuntamiento, que estudiará el modo más adecuado al entorno.

 

¿Hay demasiados cerdos en nuestra Región?

https://www.eldiario.es/murcia/murcia_y_aparte/demasiados-cerdos-Region_6_819328063.html

El incremento a nivel mundial del consumo de carne y derivados conlleva graves problemas en el medio ambiente y la salud de las personas, además de producirse con un modelo de ganadería industrial que somete a muchos trabajadores a condiciones de explotación laboral y a los animales a una tortura constante. Pero, ¿hay alternativas?

Rafael Cordón

Que la alimentación en nuestro país se basa en el consumo abundante de carne es una realidad. Consumimos ahora casi 50 kilos por persona y año, mucho más de lo recomendable, pero la locura en por comer carne se dio a partir de los años 60 y llegó al máximo en el año 83, con algo más de 80 kilos. Tantos años de escasez de la apetecible carne nos convirtió en bulímicos de grasas: para comer, para cenar y bocadillos de embutidos y queso para el resto del día. Asociado a otros cambios en la alimentación pronto se vio que el diámetro de las cinturas aumentaba a la par que lo hacían ciertas enfermedades.

En nuestra alimentación el rey de la carne es el cerdo: ya sabemos que “hasta los andares se comen”. Su alimentación variada, muchas veces con deshechos de alimentos y residuos de cosechas, la versatilidad para su transformación en productos alimenticios, las cualidades de su carne y el uso de su estiércol hizo que en muchas casas se criara algún cerdo para consumo familiar. Aquello es cosa pasada pero el aumento de la población y del consumo hizo que a partir de los años 60 la producción se centrara en granjas cada vez con mayor capacidad y con una forma de producción intensiva, hasta llegar a nuestros días con macrogranjas en las que se hacinan miles de cerdos.

“Récord histórico del valor de la producción de porcino español en 2017” titulaba una publicación de Efeagro en junio de este año. Los empresarios del sector están muy contentos: cada año los resultados económicos son mejores, y no solo del sector porcino, todo el sector agroalimentario experimenta también una gran expansión debido en gran parte al aumento de las exportaciones: más del 50% de la producción de porcino del año pasado se exportó.

Así que España es la cuarta potencia productora a nivel mundial en el sector porcino, según fuentes del Mapama, y nuestra región es la tercera en capacidad productiva: hay casi 5.000 explotaciones ganaderas, de ellas 1.500 de porcino, que suman más cerdos que personas.

También, las empresas de carnes y productos cárnicos tienen cada vez más presencia. Inversiones, puestos de trabajo, competitividad, récord, exportaciones, proyectos, proteínas de calidad, seguridad alimentaria, cumplimiento escrupuloso, estrictas exigencias… son palabras que amalgaman los mensajes de los políticos responsables y que nos llegan desde los medios de comunicación al servicio empresarial como palabras mágicas con las que convencernos de las bondades indiscutibles del modelo de producción reinante.

Sí, es una realidad, el consumo de carne en nuestro país ha experimentado un gran incremento; también a nivel mundial. Y nos quieren convencer de que seguirá aumentando: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que la producción se sextuplicará en los próximos 35 años, mucho más que el crecimiento mundial de población en esos mismos años. Y los grandes grupos empresariales se preparan: llueven en las consejerías de las distintas comunidades autónomas la solicitud de permisos para la instalación de granjas de cerdos, cada vez más de mayores dimensiones.

Además, el Gobierno de nuestra Comunidad autoriza ahora a las de mayores dimensiones a aumentar hasta un 20% su capacidad productiva; unido a las propuestas del Gobierno regional de rebajas medioambientales para los proyectos empresariales y a la de la creación de la Agencia Regional de Clima y Medio ambiente (ARCA), que pondrá en manos de los empresarios la legislación ambiental, el camino está servido.

No es de extrañar, pues, que en los próximos años, y como está ocurriendo en otras regiones, la alarma se extienda y especialmente las poblaciones cercanas a las granjas, preocupados por las posibles molestias y por los daños al medio ambiente, se opongan activamente. En Yecla lo saben muy bien y con una lucha ejemplar consiguieron que el gran grupo empresarial de la región diese un paso atrás. En otros lugares de la Región también como en Lorca y Cieza se han puesto en pie y han conseguido, por ahora, frenar la instalación de macrogranjas.

Porque ¿quién quiere tener cerca de sus viviendas una granja con miles de cerdos con los problemas de olores, de la dispersión de purines en tierras de cultivo —en zonas de Lorca y del Campo de Cartagena lo saben bien—, con la contaminación de las aguas subterráneas con nitratos que contienen esos purines y del propio Mar Menor?

¿Y, somos conscientes de la enorme cantidad de agua que requiere la ganadería intensiva en una región donde es tan escasa? ¿Nos damos cuenta de que la alimentación de los animales supone destinar a la producción de su alimento enormes extensiones de cultivos que de otra forma irían a la alimentación humana? ¿La población conoce que España es el país de la UE donde más antibióticos se usan en las granjas con el grave problema de resistencia a estos medicamentos? ¿Y sabe de la emisión de gases de efecto invernadero que provocan? ¿Y, somos conscientes del maltrato que sufren los animales? ¿Sabemos la relación directa entre el consumo de carnes rojas y las enfermedades cardiovasculares y el cáncer?

Seguramente una proporción elevada de personas conoce alguno de los problemas enumerados anteriormente y, a pesar de ello, siguen —seguimos— comiendo carne. Y es que los hábitos alimentarios no se modifican fácilmente; están tan arraigados en la población a través de prácticas tradicionales que parece que no cambiarán radicalmente, por lo menos a corto plazo.  Con el cuento de `Los tres cerditos´ los niños humanizan a estos animales. No hay encuentro familiar y de amigos en el que no se proponga hacer carne a la brasa. La matanza del cerdo era un momento de encuentro familiar y de fiesta, pero también de espectáculo aterrador en presencia incluso de niños. Por suerte esta tortura pública va desapareciendo.

El modelo de producción intensivo y a gran escala reduce costes, externaliza los daños al medio ambiente que no paga, daña nuestra salud y se basa en la explotación laboral, con lo que consigue carne barata que hace posible que su consumo pueda ser más frecuente y en mayor cantidad y si no es en nuestro país la globalización permite venderla  a otros países.

¿Pero, es deseable seguir con el incremento acelerado en el consumo de carnes en nuestro país y en el resto del mundo? ¿Debemos aceptar que nuestro país sea la cochiquera de los países que consumen nuestros cerdos como Francia, China o Japón?

Desde diversos sectores y en respuesta a los problemas de la agroindustria y del consumo excesivo de carnes se proponen medidas y alternativas: desde simplemente comer menos carnes y que su producción se haga con ganadería extensiva, hasta sustituirla por insectos o por carne artificial.

Sí, es necesario que cambie ya el modelo productivo que impera y para ello no tenemos que dejar que quienes decidan sea solo el agronegocio, sino que quienes creemos que otra forma de producir alimentos es posible nos preocupemos por conocer las alternativas que ya se están proponiendo, las  valoremos y hagamos lo posible para que se convierten en realidad.

Y sí, hay demasiados cerdos en nuestro país.

 

Supermercados cooperativos: efervescencia de proyectos

http://opcions.org/es/consumo/supermercados-cooperativos-efervescencia/

Alimentación 26.07.2018 Toni Lodeiro

En Madrid, Barcelona, Manresa o Zaragoza han nacido grupos promotores de nuevos supermercados cooperativos en los últimos meses. Explicamos cómo se gestan este tipo de procesos y en qué momento se encuentran.

Existen en el Estado español más de una decena de tiendas y supermercados cooperativos gestionados por las personas consumidoras. Algunas de estas iniciativas son de reciente creación, como Som Alimentació (Valencia) –la foto que encabeza el artículo es del día de su inauguración–, El Rodal (Sabadell) o L’Egarenca (Terrassa). Otras, más de una decena, pueden presumir de una larga trayectoria. Y algunas también de un alcance significativo, como en el caso de Landare (Pamplona) o Bio Alai (Vitoria). La primera de ellas la forman más de 3.000 unidades de consumo, y la segunda más de 1.000.
También existen en diversos territorios grupos de trabajo que buscan impulsar nuevas iniciativas. En este artículo os hablamos de cómo y dónde se están cociendo algunos de los supermercados cooperativos que vendrán.

La influencia de “Food Coop. La película”

El documental Food Coop nos acerca a un supermercado cooperativo en Brooklyn en el que consumen, participan y conviven 17 mil socias. Se estrenó en Francia a finales de 2016, y en sus primeros 4 meses la película fue vista por más de veinte mil personas en salas de cine. Su influencia parece haber sido determinante: hace dos años eran 8 los proyectos de este tipo existentes en el país vecino, y hoy este mapa de proyectos en Francia y Bélgica recoge más de treinta experiencias.

El audiovisual llegó al Estado español a finales de 2017 de la mano de MARES Madrid. En la capital y municipios vecinos lo han visto ya alrededor de 2.000 personas en decenas de pases, y las proyecciones han llegado en la primera mitad de 20018 a diversas localidades catalanas, gallegas, vascas y valencianas, y a ciudades como Pamplona o Zaragoza. En algunos casos los debates han podido contar con la presencia del productor de la película, Hernán Mazzeo, y de su  director Thomas Boothe. Este último es además fundador de La Louve de París, la experiencia de mayor alcance del país vecino. Fruto de las visitas de Boothe son esta entrevista en Madrid y este vídeo de su intervención en Zaragoza.

Los pases de Food Coop. La película en nuestro entorno suelen congregar a decenas de personas y, a menudo, a más de un centenar. Y van casi siempre acompañados de debates o jornadas posteriores. Acostumbran a ser espacios de presentación y captación de socias de nuevos proyectos locales, u oportunidades en las que personas motivadas se agrupan para crear nuevas iniciativas.

Semillas en campos abonados

El documental está consiguiendo agitar los imaginarios de miles de consumidoras conscientes, y generando deseo de participar o crear nuevos proyectos. Sabemos de la existencia de grupos motores de nuevos proyectos en Madrid (¡4 grupos en diferentes barrios!), Barcelona (2 iniciativas trabajando en 3 nuevos proyectos), Manresa y Zaragoza. No dudéis en ayudarnos a ampliar nuestro conocimiento sobre otros procesos locales en marcha en los comentarios de este artículo.

Pero un fenómeno así no nace de la nada, y es solo la parte visible de un iceberg mucho mayor y de raíces más profundas. Cuando se estrenó Food Coop existían ya ocho supermercados cooperativos en Francia. Y el de mayor dimensión, la Louve de París, que se acababa de inaugurar, venía gestándose desde hacía cinco años. Un largo embarazo antes del parto. A lo que seguramente sí contribuyó el documental fue a el crecimiento de La Louve, pues en solo dos años de existencia cuenta ya con 6.000 cooperativistas. Podemos entender, por lo tanto, el éxito del audiovisual como una levadura. Pero sin perder de vista que el poder acelerador de este fermento actúa sobre una mezcla que se venía amasando tiempo atrás.

Conozcamos esta mezcla. En el Estado español existen desde hace décadas grupos de consumo agroecológico, cuyo número ha crecido rápidamente en las últimas décadas. Solo en Cataluña las expèriencias se multiplicaron por cuatro de 2007 a 2013, pasando de ser 40 a 160. Pero desde entonces parece haber cierto estancamiento. En el que seguramente haya influido que supermercados como Carrefour, Aldi, Veritas, Bon Preu o Casa Ametller cuenten ya en sus lineales con cientos o algún millar de referencias de alimentos de proximidad o de producción ecológica, en ocasiones a precios muy competitivos. Y siempre con horarios amplios, y acompañados de una amplia oferta de productos de todo tipo.

Es en este contexto en el que podemos ver los pases del documental Food Coop como semillas que caen en campos húmedos y abonados. Confluyen factores como la mencionada consciencia de la crisis o insuficiencia de los grupos de consumo de pequeña escala; el éxito de algunas alternativas de consumo de mayor dimensión (como la banca ética o las cooperativas eléctricas); o los recientes debates en el seno de la economía solidaria sobre la profesionalización y el salto de escala de las iniciativas o sobre la necesidad de ofrecer opciones asumibles para capas más amplias de la población. A todo ello hay que sumar dos elementos clave en nuestro contexto: el clima de empoderamiento ciudadano derivado de procesos colectivos como el 15M o el Procés catalán, y la existencia de gobiernos comprometidos con este tipo de iniciativas.

El impulso nace en Madrid

El primer impulso a esta “nueva ola” de proyectos en el Estado español ha llegado desde el programa MARES, promovido por el Ayuntamiento de Madrid y entidades de economía solidaria de la ciudad, y generosamente financiado por la Unión Europea. MARES ha promovido más de diez pases de la película en Madrid, Getafe y Rivas, siempre conectados a experiencias locales motivadas con promover una iniciativa de este tipo, como centros sociales, grupos de consumo o proyectos comunitarios. Además, Food Coop estuvo durante una semana en la cartelera de la sala La Cineteca. De los pases han surgido cuatro “grupos motores” en Malasaña,  Retiro/Vallecas, Lavapies y Getafe.

Kois delante del Park Slope Food Coop.

Fue a finales de 2017 cuando Jose Luis Fdez. Casadevante Kois, uno de los promotores de MARES, encendió varias mechas. En noviembre, días después del estreno de Food Coop en Madrid, Kois publicó “¿Y si la alternativa a los supermercados fuesen los supermercados cooperativos?”. Este excelente artículo fue clave para extender el debate más allá de la capital. El mismo día de la publicación del artículo, Kois dinamizó una jornada de debate entre los departamentos de consumo de los tres ayuntamientos españoles que cuentan con planes estratégicos de impulso del consumo consciente (Madrid, Barcelona y Zaragoza). En esa jornada, en la que éramos ponentes Álvaro Porro y yo mismo, Kois nos explicó la propuesta. Y decidimos trasladar el debate a Barcelona y a otras localidades, proponiendo a proyectos  agroecológicos y redes de economía solidaria de diferentes territorios organizar una “gira Food Coop”.

De la mencionada cadena de acontecimientos y del contacto con el productor de Food Coop, Hernán Mazzeo –que nos facilitan desde Madrid–, nacen muchas de las proyecciones de esta primavera. Y es a partir de algunos de estos eventos donde se han gestado grupos de trabajo para la promoción de nuevas iniciativas locales.

He entrado al terreno de la microhistoria y los nombres propios para ilustrar mediante un ejemplo, cómo suceden este tipo de procesos. Fruto de una mezcla de experiencia acumulada, deseos y aportaciones colectivas, trabajo en red, aciertos personales… y también casualidades.

Esta secuencia de hechos muestra también cuán determinantes están siendo en la extensión de las alternativas las sinergias entre los gobiernos municipalistas y las redes asociativas y cooperativas. Y cómo son también elementos clave la transferencia de conocimientos, recursos y personal cualificado entre estas redes y los procesos institucionales. Sin todos estos ingredientes, el desarrollo de políticas públicas innovadoras no existiría. Y las posibilidades de éxito y el alcance de los proyectos impulsados desde la sociedad civil sería mucho menor.

Barcelona, Manresa y Zaragoza

En Barcelona florecieron en marzo dos iniciativas que acabaron confluyendo. La primera de ellas fueron unas jornadas promovidas por el Ayuntamiento, el Plan Estratégico Metropolitano. En los debates, con nutrida asistencia, algunas de las agrupaciones consumo agroecológico de mayor trayectoria, como la navarra Landare y La Magrana Vallesana, explicaron su experiencia a las participantes. La segunda propuesta fue una convocatoria a personas interesadas en participar en una iniciativa de este tipo, promovida con escasos medios por un activista de la economía solidaria –Ferran Reyes–, y amplificada por las entidades del sector. El éxito fue sorprendente, al reunir el 15 de marzo a 250 personas motivadas, de las cuales algunas decenas trabajan desde entonces en la promoción del proyecto.

Álvaro Porro, Comisionado de Economía Social, Desarrollo Local y Consumo del Ayuntamiento de Barcelona, durante su visita a la Park Slope Food Coop.

De nuevo la confluencia entre impulso institucional y empuje ciudadano. Y es que en Barcelona el impulso de las políticas públicas puede ser clave para el éxito de la propuesta. Por una parte porque el Ayuntamiento cuenta con líneas de ayudas a las economías comunitarias bien dotadas económicamente. Además un colectivo vecinal, Gràcia cap a on vas, se ha sumado a colaborar reivindicando un espacio en un mercado municipal de su barrio para un proyecto de estas características.

Otras dos propuestas se están gestando en la capital catalana. Los impulsa l’Economat Social, una cooperativa que da servicio hoy a 150 unidades de convivencia, pero que de momento abre sus puertas solo dos tardes a la semana. L’Economat camina hacia el salto de escala con dos proyectos en su distrito, Sants. Se trata de dos comercios cooperativos “de barrio” de tamaño intermedio, que aspiran a llegar a algunos centenares de cooperativistas cada una. Una de las tiendas sería la evolución del proyecto hoy en funcionamiento, y otra sería en un barrio vecino.

A Manresa el debate llegó en mayo, de nuevo con más de un centenar de personas asistentes. Y otra vez confluyen una cooperativa de larga trayectoria en el sector –Frescoop–; un programa de impulso de la economía social gestionado por cooperativas pero financiado por la Generalitat –el Ateneu Cooperatiu de la Catalunya Central–; y el Ayuntamiento de la ciudad, implicado con el sector, y que estudia facilitar un espacio en un céntrico mercado municipal de la ciudad, anteriormente ocupado por un supermercado. En Manresa el apoyo o interés público por el proyecto viene desde dos administraciones diferentes, e implica a áreas lideradas por partidos de colores políticos diversos (ERC y PDeCat). Es una muestra de cómo, felizmente, la economía social y solidaria puede ser apoyada y entendida como un bien común desde diferentes visiones de la economía y la sociedad.

A los apoyos municipales cabe sumar otro importante: los programas Ateneus Cooperatius i Projectes Singulars de la Generalitat, dotados en 2016 con un presupuesto de más cinco millones de euros, que en 2017 se amplió hasta superar los doce millones. Ambas propuestas están dando en los últimos años un buen empujón a decenas de iniciativas cooperativas. Y también han promovido los supermercados cooperativos mediante pases de vídeo y debates en diversas comarcas catalanas (a través de la red de Ateneus Cooperatius). En algunos casos, además de los Ateneus, proyectos específicos como MerCAT Cooperatiu o el Cercle de Consum Cooperatiu de Barcelona, financiados por el mismo programa, están siendo apoyos importantes en el proceso de los grupos motores y grupos de consumo locales que quieren crear nuevas iniciativas.

Otra forma de colaboración público-cooperativa puede ser que la administración pública sea directamente parte integrante de la cooperativa en forma de socia colaboradora. Es el caso de Cuidem Lluçanés, una cooperativa que ofrece cuidados a las personas, y de la cual administraciones como el Ayuntamiento y el Consorcio del Lluçanés son socias. Otro caso es Forestal Coop, proyecto de creación de cooperativas de trabajo en el ámbito forestal promovido por la Agencia de Desarrollo del Berguedà (una comarca catalana). En este caso la Agencia prevé formar parte, aunque solo en el arranque del proyecto hasta ayudar a hacerlo viable. Aportará espacios, maquinaria y apoyo técnico. Estos casos de administraciones públicas socias de los proyectos podrían ser un modelo a seguir para, por ejemplo, la cesión de espacios a supermercados cooperativos por parte de las administraciones públicas.

El último grupo motor creado del que hemos tenido noticia es el de Zaragoza, a raíz de un reciente pase de Food Coop –en junio– en el marco de las XIII Jornadas de Economía Solidaria de REAS Aragón.

Thomas Boothe y Hernán Mazzeo durante su participación en las Jornadas de Economía Solidaria de REAS Aragón.

Voluntarismo versus profesionalización

En Madrid las primeras asambleas de los grupos promotores arrancaron con una fuerte participación, que rondaba las sesenta personas por encuentro. Pero el impulso ha ido decayendo con los meses, especialmente en los grupos de base más asamblearia y sostenidos en el trabajo voluntario. En cambio, los colectivos en los que participan proyectos ya profesionalizados que se plantean un cambio de escala mantienen una mayor constancia. De hecho desde MARES se plantean la necesidad de avanzar hacia un único gran supermercado a nivel de ciudad, y varios proyectos más pequeños en diferentes barrios. Además, quieren promover que los liderazgos recaigan preferentemente en las personas con vocación de comprometerse profesionalmente o de implicarse de forma intensa en los proyectos.

Un ejemplo de ésto es el caso de Som Alimentació, inaugurado en la primavera de 2018 en Valencia. El impulso definitivo a su creación vino del hecho de que un reducido grupo de personas, de entre las que debatían sobre la creación de proyecto, diese un paso adelante hacia la profesionalización y la asunción de la apuesta empresarial necesaria.

No es extraño que no sea fácil impulsar desde el voluntariado proyectos que, según estimaciones de MARES Madrid, necesitan para nacer de una inversión cercana al medio millón de euros, en el caso de supermercados de entre 400 y 600 m². Son empresas que, para su supervivencia, necesitan unas 2.000 unidades de consumo y una plantilla de entre cinco y diez trabajadoras, cuyo coste puede superar los doscientos mil euros anuales. Afortunadamente para proyectos de menor tamaño (80 m²) la inversión puede ser menor (alrededor de ochenta mil euros) y la viabilidad se puede alcanzar a partir de 250 socias activas, según datos de L’Economat Social.

En Barcelona también está costando mantener el “tirón participativo” en el grupo promotor del supermercado cooperativo. Y algunas voces cercanas a los procesos de Barcelona y Zaragoza coincidimos con el análisis de MARES Madrid y la lección del caso de Valencia. Así, consideramos que sería beneficioso apostar cuanto antes por la profesionalización y la vinculación al proyecto de iniciativas socioempresariales consolidadas. En el caso de los proyectos impulsados en Barcelona desde l’Economat Social esto ya sucede de entrada, pues l’Economat es desde su inicio una cooperativa de trabajo asociado que tiene la generación de empleo como una de sus bases.

Ejemplo y lecciones de Geltoki Iruña

Geltoki Iruña es un espacio de novecientos metros cuadrados dedicado a la promoción de la economía solidaria, la soberanía alimentaria y el arte y cultura alternativa. Cuenta con un bar y dos tiendas, una de alimentación y otra de artesanía y productos de segunda mano. Una cooperativa sin ánimo de lucro formada por diez trabajadoras se ocupa de la gestión del local.

Es muy importante su ubicación, en la antigua estación de autobuses de Pamplona. Tanto por ser un lugar muy céntrico y accesible, como por su carga simbólica, ya que está muy cerca de El Corte Inglés de la ciudad. Todo un contraste de modelos.

Aunque Geltoki merece un artículo propio, y aunque no se trata de un supermercado cooperativo, lo incluyo como guinda de este artículo porque su experiencia aporta elementos a tener muy en cuenta para los proyectos que ambicionan un mayor impacto.

El primer elemento es su ya comentada ubicación, posible gracias a la implicación del Ayuntamiento. Otro factor es precisamente el fuerte apoyo municipal, que ha supuesto una importante inversión en obras de acondicionamiento del espacio: 683.471,63 euros. Además, la administración ofrece el local en unas condiciones muy favorables: un canon mínimo de alquiler de solo 2.000 euros anuales y una cesión hasta 2024.

Para finalizar, destacar dos claves más que son la base del éxito y hacen posible el mencionado apoyo público.

La primera es la persistencia: las ideas y conversaciones sobre el proyecto recién inaugurado nacen hace 7 años, una cifra similar a la que comentábamos en el caso de La Louve de París.

La segunda clave es la intercooperación (cooperación entre proyectos cooperativos). La iniciativa es liderada por entidades tan representativas como la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) Navarra, el sindicato agrario EHNE, Traperos de Emaús, el Consejo de la producción Agraria Ecológica de Navarra (CPAEN) y la Asociación de elaboradores de alimentos artesanos de Navarra. Es la trayectoria y referencialidad de estos actores la que posibilita una implicación municipal como la anteriormente expuesta.

 

ESPERANZAS EN UN CLIMA CAMBIANTE

John D. Liu – ESPERANZAS EN UN CLIMA CAMBIANTE (doblaje de voz en español)

Subtítulos en español: Environmental Education Media Project http://eempc.org/translation/hope-in-… Original title: Hope in a changing climate by John D. Liu Doblaje de voz en español por Trinidad García Espinosa

ESPERANZAS EN UN CLIMA CAMBIANTE Cuando llegué a la meseta Loess me asombró el nivel de pobreza y de decadencia. Y me pregunté cómo era posible que el pueblo chino, el mayor grupo étnico del planeta, y mis padres y antepasados vinieran de un lugar tan árido. La meseta Loess de China es una región de 640.000 km2 en el norte de China central. Valles conservados en la cercana Sichuan nos muestran cómo debe haber sido alguna vez. Es una especie de exuberancia natural, necesaria para mantener una civilización emergente. ¿Cómo se pudo reducir a esto un sitio con semejante potencial?

El reverso de las exportaciones agrícolas

http://lacronicadelpajarito.com/blog/federicogcharton/2018/08/reverso-exportaciones-agricolas

Federico G. Charton

Vista del Mar Menor desde el Cabezo de la Fuente.

La agricultura de la Región de Murcia se ha lanzado a la vorágine de la exportación. Si hasta ahora era la UE, EEUU y los países árabes los receptores de los productos agrícolas murcianos, el nuevo objetivo es el mercado asiático. Lechugas, endibias, escarolas, cítricos, coles, coliflores, melones, uva… viajarán miles de kilómetros para surtir los mercados de China, Japón, Corea del Sur y otros países del lejano Oriente. Aunque esto supone una inyección de dinero a las empresas agrícolas de la región, esta política comercial pone en evidencia una tendencia que se produce en todo el planeta y que es fruto de la globalización capitalista: el auge de los llamados “alimentos kilométricos”, que conllevan costes ecológicos y sociales considerables.

“La industrialización de la agricultura, gran demandante de agua y necesitada de un uso masivo de fertilizantes y pesticidas de origen artificial… tiene como efecto directo la contaminación de los acuíferos y, en la Región, el deterioro del Mar Menor”

Se calcula que cerca del 70% de los alimentos consumidos en un país determinado provienen de un país extranjero, y que esos alimentos viajan, de promedio, casi 4.000 kilómetros desde el lugar de producción hasta el supermercado donde se consumen. Varias son las consecuencias de este trasiego de productos alimenticios de un lugar a otro. Desde el punto de vista ecológico, la emisión de gases de efecto invernadero debido al transporte de esos productos, agravando el cambio climático, es la principal consecuencia. La industrialización de la agricultura, gran demandante de agua y necesitada de un uso masivo de fertilizantes y pesticidas de origen artificial, usados para hacer frente a la demanda de productos agrícolas, tiene como efecto directo, como es sabido, la contaminación de los acuíferos y, en la Región de Murcia, el deterioro del Mar Menor, afectando al ecosistema más singular de nuestra región, además de afectar a nuestra salud. La homogeneización de los productos agropecuarios es otro efecto de la globalización alimentaria. Las dietas en diferentes partes del mundo se van pareciendo cada vez más, y los consumidores de los países importadores adquieren hábitos alimentarios alejados de sus tradiciones, empobreciendo su acervo cultural y atentando a su soberanía alimentaria, haciendo que aumente la dependencia a los alimentos importados.

Desde el punto de vista social, el movimiento de productos alimenticios de un lugar a otro supone, por un lado, la precarización del trabajo en los países exportadores, ya que, en nombre de la competitividad, los contratos eventuales con salarios bajos, principalmente a trabajadores inmigrantes, son la norma para conseguir que las empresas productoras consigan beneficios a corto plazo. En los países receptores de los productos alimenticios se verifica un aumento del precio de los alimentos básicos, debiendo las familias destinar un mayor porcentaje de su salario a la adquisición de esos alimentos, muchos de ellos de importación.

Para contrarrestar esta problemática, las organizaciones no gubernamentales nos aconsejan consumir los llamados alimentos “kilómetro cero” o de proximidad, es decir, los productos cultivados localmente, a menos de 100 kilómetros de distancia con respecto al consumidor y de temporada, es decir, lo que se ha hecho toda la vida. Este tipo de productos involucran a pequeños agricultores locales, lo que fomenta la economía de cercanía. Las ventajas son obvias: la ausencia de transporte de larga distancia y la no utilización de envoltorios de plástico disminuye la emisión de CO2; se reduce el desperdicio de alimentos debido a las deficiencias en el transporte y almacenamiento y los descartes innecesarios; seremos conscientes de los ciclos de las frutas y verduras si consumimos preferentemente productos de temporada. Como consumidores se puede hacer de un modo muy sencillo. Basta con leer las etiquetas y comprobar los lugares de origen de los productos.

Si desde las instituciones se potenciara la agricultura de cercanía, fomentando los mercados de productores locales, la agroecología, los productos de cercanía, de alta calidad, tal vez nos replantearíamos nuestros hábitos de consumo. Pero parece que la Consejería apuesta más por la industria alimenticia, cuyas consecuencias se han analizado más arriba, actividad que contribuye al cambio climático y al atentado de la soberanía alimentaria en los países receptores, siguiendo la lógica capitalista del modo de producción.