Katia Hueso: «A los niños hay que regalarles tierra y charcos»

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/yes/2019/04/13/ninos-regalarles-tierra-charcos/0003_201904SY13P16991.htm?fbclid=IwAR2Yc90VDYs5n2Vy2orsiYp4PLnOhylvGdwQWnnY7BFtJkXgrCzFPniciyU

Es la fundadora de la primera escuela al aire libre de España, un modelo educativo que va a más en Galicia. «Hay que romper el “arresto domiciliario” y salir ahí fuera. Es una pena que un niño no pise el barro por no mancharse los zapatos», afirma

cedida Ana Abelenda
El juego es la mejor herramienta de desarrollo intelectual, físico y emocional, asegura Katia Hueso, que nació «un tórrido 14 de julio» en Madrid y fundó hace ya ocho años en un monte a las puertas del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama la primera escuela infantil al aire libre de España. Hoy son una treintena, y las escuelas bosque, una tendencia en boga en Galicia. «Somos naturaleza, hay que volver a la esencia. Y está en la esencia del juego que el juego sea libre», apunta esta bióloga y madre de tres hijas. Ellas fueron las que le dieron el empujón para montar su proyecto y romper el molde educativo. «Sí, la culpa la tienen ellas -ríe Katia-. Cuando nacieron, empecé a pensar de dónde venía esta afición por la naturaleza, que está en mis genes. Al escolarizar a mis hijas vi que lo que había alrededor eran centros convencionales, con proyectos muy curriculares». ¿Por qué es importante jugar y que el juego sea libre? «El juego es una necesidad vital, una herramienta de supervivencia, un instinto que no se puede reprimir. Y para obtener todo el rendimiento del juego, tiene que haber esa fase de creación, de decisión y de negociación entre compañeros de juego. Con un juego muy dirigido por adultos perderíamos el gran motor que es la motivación y un aprendizaje importante de habilidades sociales o de uso del lenguaje», afirma la autora de Jugar al aire libre.

-El modelo de una escuela al aire libre no consiste en soltar a los niños por el bosque y dejaros solos…

-No. El acompañamiento del adulto es siempre importante. Pero muchas veces lo que ves como adulto es que hay que dar un paso atrás, y limitarte a intervenir cuando hace falta, sin molestar ni complicar, solo en situaciones de peligro o conflicto. Yo lo comparo a la mosca que está en la pared: estás allí, viéndolo todo, pero nadie te presta atención a ti. Es un rol importante, no meterse en la acción pero estar, con capacidad de reacción.

-Tampoco es un mundo ideal.

-No. Aquí los conflictos surgen, como en todas partes, y los niños aprenden a trabajarlos de la forma más autónoma posible, ¡lo cual no quiere decir que les dejemos pegarse por un palo!

-¿Adultos y niños podemos convivir a un mismo nivel?

-Los adultos tienen una cosa ineludible, la experiencia de vida. A los adultos se nos presupone más experiencia. En determinadas situaciones debe prevalecer la decisión del adulto. Por ejemplo, cuando jugamos al aire libre y hay amenaza de tormenta es el adulto el que debe decidir. Sabe anticiparse a lo que viene.

-«Somos naturaleza», tu libro anterior, nos familiarizó con el concepto de vitamina N. ¿Qué es?

-Algo que, afortunadamente, no cuesta nada. La vitamina N no se dispensa en farmacias, pero sí está disponible al aire libre, en la naturaleza en un sentido muy amplio. No tenemos que irnos a un parque nacional. Basta con salir ahí fuera. En Galicia tenéis mucha vitamina N en el paisaje.

-¿Tenemos que cambiar el chip?

-Hay que cambiar el chip a escala social, y no quiero que ningún padre se sienta apuntado con el dedo. Hemos ido cayendo en la espiral del miedo. Por un lado es eso de «Uy, ¿qué les va a pasar a los niños si les dejo solos por ahí?», y por otro, una competitividad feroz que se refleja en la agenda infantil. Queremos que hablen inglés y chino desde pequeños, que toquen un instrumento, que tengan su currículo antes de salir de la escuela… A veces parecen pequeños adultos. La frontera entre infancia y edad adulta se está borrando.

-Como padre, te mueves en función de tu tiempo, tus ingresos y de lo que hace tu entorno; la presión es inevitable y a veces te sientes atrapado, ¿no? Somos seres sociales.

-Sí. Hay mucha presión por parte de los pares. No de los padres, sino de los pares, de gente que es como tú. Y así entramos en una espiral de actividades programadas, de ansiedad que deberíamos romper.

-¿Es más sencillo de lo que parece?

-Sí, no necesitamos ningún organismo que nos provea de naturaleza, ¿no?

-Hoy hay piscinas de bolas, campamentos de todo tipo, salones infantiles… Pero ya no jugamos en la calle.

-Necesitamos calles adecuadas. Hay calles que mantienen el espíritu de las de hace 40 años, con parques, barrios y plazas… Esas calles sí. No me refiero al paseo de la Castellana de Madrid.

-¿Hay que humanizar la ciudad?

-Sí. Vivimos en una sociedad adultocéntrica, en la que está casi todo pensado para un adulto de entre 20 y 50 años, sano, ágil, con un estatus, y la ciudad debería adaptarse a otros colectivos.

-¿Sí a los límites?

-¡Claro! Es algo que los niños ven bien jugando al aire libre. Los límites son pocos pero claros. Al aire libre tienes 4 normas, que son las esenciales, quitas la morralla y te quedas con la esencia.

-¿Cómo detectamos que un niño tiene el síndrome de déficit de juego?

-Son niños con dificultades para procesar lo que les pasa, que sienten ira o tristeza. Hay una epidemia de diagnósticos de falta de atención, y creo que habría que hacer el experimento de dejar a ese niño jugar libremente y ver qué pasa. A lo mejor, se atenúa el problema.

-Una escena en muchos parques de las ciudades, en la que me reconozco: «¡No me metas los pies ahí! Es que no ves que te manchas los zapatos…».

-¡Pues habría que celebrarlo! El barro es el príncipe de los juguetes, decía Tonucci. A los niños hay que regalarles charcos. La naturaleza te ofrece todos los juguetes que puedas imaginar. Mi amiga María Mallorca habla de las cuatro pes, las piedras, los palos, las piñas y las plumas. Luego hay otras cosas que no empiezan por pe, la tierra, la arena, el agua, las semillas, las hojas… La naturaleza da «juguetes» que nos permiten crear de aquí al infinito, todo lo que queramos.

 

Adiós a los insectos de tu infancia

https://elpais.com/elpais/2017/09/19/ciencia/1505835144_925754.html?ssm=FB_CC&fbclid=IwAR3AL3PMQ5K05NK5GLWGVgVhU5AlaaPHLK01-Qb_nQPNVly3BqcbERTZh8s

Cada vez hay menos saltamontes, grillos, abejas y mariposas porque muchas de estas especies, que polinizan el 84% de las plantas que sirven de alimento, están amenazadas

Javier RicoCasi un tercio de las especies de ortópteros (como saltamontes, grillos o chicharras) están amenazadas, algunas en peligro de extinción. GETTY IMAGES

¿Hace cuánto que no ves un saltamontes en tu paseo dominical por el campo, escuchas a los grillos desde el porche o ves una luciérnaga en una caminata nocturna por un camino rural? La sensación de estar perdiendo esta fauna que tantas generaciones asocian con su infancia, es más que eso, es una realidad. Y lo que es peor, junto a estos animales van desapareciendo, además, elementos básicos para el sustento de numerosos ecosistemas de los que dependemos todos los seres vivos.

“No solo es una sensación popular, es algo que percibimos todos los entomólogos que salimos a hacer trabajos de campo y a investigar; el descenso del número de individuos de prácticamente todos los insectos es brutal”. Lo confirma Juan José Presa, catedrático de Zoología de la Universidad de Murcia y coautor de uno de los muchos informes y estudios recientes que ponen cifras a la disminución de artrópodos.

Dicho estudio, de principios de año y surgido de la colaboración entre la Unión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), destaca que casi un tercio de las especies de ortópteros evaluadas (saltamontes, grillos y chicharras, entre otros) están amenazadas, algunas en peligro de extinción.La transformación y destrucción del hábitat es sistemáticamente señalada en todos los estudios como la principal causa de esta hecatombe. Michael Fiala REUTERS / Cordon Press

Wolfgang Wägele, director del Instituto Leibniz de Biodiversidad Animal (Alemania) habla, junto a otros colegas, en Science del “fenómeno parabrisas”, por el cual los conductores pasan menos tiempo limpiando sus coches de la miríada de insectos que antes morían estrellados contra cualquier punto de la carrocería. Los investigadores citados en el artículo son conscientes del descenso generalizado, a pesar de reconocer, como el resto de la comunidad científica, que es muy difícil establecer datos más precisos del declive de las poblaciones por la variedad de especies, distribución y número de individuos.

En Science se cita el caso de la Sociedad Entomológica de Krefeld, en Alemania, cuyas visitas al campo han constatado que la biomasa de insectos que queda atrapada en sus diferentes métodos de captura ha disminuido un 80% desde 1989. Presa lo lleva al terreno de sus observaciones de campo en la provincia de Pontevedra: “Antes conseguíamos atraer a infinidad de mariposas nocturnas con las trampas de luz, ahora entran muy pocas”.

“Aproximadamente tres cuartas partes de las especies de mariposas en Cataluña, y esto puede ser extrapolable al resto de España, están en declive y esto es incontestable”. Constantin Stefanescu, del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals y el Museu de Ciències Naturals de Granollers (Barcelona), llega a esta conclusión tras más de dos décadas de trabajos de campo y estudiar junto a otros investigadores a 66 de las 200 especies presentes en Cataluña. “La reducción es alarmante y aumenta cada año. Asustan, además, los datos de 2015 y 2016, los más bajos desde 1994”, apostilla Stefanescu.

El catálogo nacional de especies amenazadas solo incluye 90 de invertebrados, de los cuales 35 son insectos y únicamente 17 tienen un categoría de amenaza que permite activar planes de recuperación. Vasily Fedosenko REUTERS / Cordon Press

Ignacio Ribera, del Instituto de Biología Evolutiva, centro mixto del CSIC y la Universitat Pompeu Fabra, especialista en entomofauna de hábitats subterráneos y acuáticos, menciona otras dos especies que han estado presentes en la infancia de muchas generaciones: las libélulas y los zapateros, estos últimos son hemípteros de largas patas que se deslizan sobre la superficie del agua y que en algunos lugares se les llama aclaradores. “Cuando canalizan un río, desecan una charca o tapan una rambla –afirma el investigador– este tipo de insectos, entre otros, desaparecen”. Hace diez años, la UICN ya avisaba de que “las libélulas amenazadas de la cuenca mediterránea necesitan una acción urgente para mejorar su estado”.

La transformación y destrucción del hábitat es sistemáticamente señalada en todos los estudios como la principal causa de esta hecatombe que nos afecta muy directamente a las personas. Se pudo ver con el efecto que ocasionan determinados insecticidas (neonicotinoides) sobre las poblaciones de abejas, responsables de la polinización de numerosas plantas, incluidas el 30% de las que nos sirven de alimento. En general, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “alrededor del 84% de los cultivos para el consumo humano necesitan a las abejas o a otros insectos para polinizarlos y aumentar su rendimiento y calidad”.

Casi un tercio de las especies de ortópteros evaluadas por un estudio están amenazadas, algunas en peligro de extinción

Las consecuencias sobre las redes tróficas que sustentan todo tipo de ecosistemas, también los agrarios, ganaderos y forestales, pueden ser fatales. Hay que pensar que la fauna invertebrada también actúa como controladora de plagas y alimento esencial del resto de animales. Stefanescu recuerda que “muchas aves se alimentan de las orugas de las mariposas que precisamente están en declive y numerosas avispas y moscas dependen también de las fases de larva y crisálida de los lepidópteros”.

Pero la destrucción del hábitat (urbanismo, agricultura intensiva, turismo…) no actúa sola como elemento distorsionador, también el abandono del campo y el cambio climático contribuyen a abonar este inquietante camino. Los científicos citan, por ejemplo, la alteración de los períodos de sincronía entre la floración de las plantas y la llegada o eclosión de los insectos.

La Sociedad Entomológica de Krefeld, en Alemania, ha constatado que la biomasa de insectos que queda atrapada en sus diferentes métodos de captura ha disminuido un 80% desde 1989

El problema es que el ritmo de protección es mucho más lento que el de declive, por el desconocimiento preciso que se tiene de las poblaciones y por la menor relevancia, aparente, que tienen los insectos. El catálogo nacional de especies amenazadas solo incluye 90 especies de invertebrados, de los cuales 35 son insectos y únicamente 17 (ocho vulnerables y nueve en peligro de extinción) tienen una categoría de amenaza que permite activar planes de recuperación. La Comunidad Virtual de Entomología estima en 38.311 el número de especies de insectos en la península ibérica.

El Atlas y libro rojo de los invertebrados amenazados de España propone para la península ibérica como vulnerables 69 especies de insectos, 30 en peligro de extinción y tres en peligro crítico. Mientras tanto, Juan José Presa advierte: “Es muy posible que, ahora mismo, tras un incendio o una fumigación intensiva de cultivos, estemos perdiendo a especies que ya estaban muy tocadas”.

¿Y los gorriones, lagartijas, ranas y salamandras?

  1. R.

El efecto es generalizado. Cualquier conversación con gente del campo sobre la biodiversidad que les rodea suele contener la frase “por aquí antes se veían más pájaros”. Y también se encontraban, y capturaban con todo tipo de artilugios, lagartijas, se oía más a menudo el croar de las ranas y se disfrutaba con el deambular de las vistosas salamandras entre pozos, charcas y acequias. Hasta al otrora muy abundante y ubicuo gorrión común se le echa en falta. La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha constatado en sus censos las disminuciones de aves comunes como gorriones, golondrinas, perdices y tórtolas, todas ellas protagonistas de veranos más biodiversos.

Los incendios, la sequía y el fenómeno que multiplica estos dos efectos, el cambio climático, están detrás de las disminuciones de reptiles como las lagartijas y de anfibios como la rana común y la salamandra. Un análisis de 539 estudios científicos en el que participaron investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN/CSIC) permitió concluir que el 65% de las 313 especies de estos dos grupos evaluadas sufre los efectos negativos del cambio climático. En 2013, un estudio de la misma institución científica confirmaba que el calentamiento global disminuye la eficacia de las señales sexuales en la lagartija carpetana, especie considerada en peligro de extinción.

 

EL GRAN HACKEO

https://www.documaniatv.com/ciencia-y-tecnologia/el-gran-hackeo-video_a56bd7bdd.html

Los datos, posiblemente el activo más valioso del mundo, están siendo armados para librar guerras culturales y políticas. El oscuro mundo de la explotación de datos se descubre a través de los impredecibles viajes personales de jugadores en diferentes lados de la explosiva historia de datos de Cambridge Analytica / Facebook. El gran hackeo presenta los detalles del escándalo de Cambridge Analytica con energía y destreza gráfica, pero también saca a la luz los problemas en un paradigma de lucha contra el poder que es empalagoso y simplista.

ClownRurales: Rebélate

Nace, crece, produce, consume, y qué? ¡Rebélate! Este es el rap “Entre Pan y Pan, Pin Pan Pum” , parte de la obra que las #ClownRurales Teatro han diseñado para los talleres en institutos de Justicia Alimentaria en Andalucía y de nuestras campañas educativas para una alimentación sana y sostenible.

Baños de bosque – El bosque es un medicamento sin efectos secundarios

https://www.cuerpomente.com/salud-natural/terapias-naturales/bosque-cura-sin-efectos-secundarios_2354?fbclid=IwAR3TIxwVoWeL0d9jxxcM8nR0HFuRubNnx0YQFod_C9RnEXUaYcWMqCKJXuo

Ignacio Abella

Entre árboles las células se regeneran y el alma se nutre. La nueva terapia del “shinrin-yoku” invita a sumergirse en los bosques antiguos por su poder sanador.

Hasta hace unas décadas en Cuba mantenían en secreto la cultura y creencias de su extraordinaria religión afrocubana. Solo los iniciados podían acceder al caudal de sus rituales y conocimientos.

Lydia Cabrera y Natalia Bolívar recogieron de los ancianos el testigo de esa tradición y la transmitieron al mundo occidental. La propia Natalia nos contó con el tono grave y pausado con que debió escucharla ella la leyenda de Iroko, la Ceiba, que habla de cada uno de nosotros y de nuestro mundo.

El poder sanador de los árboles

El origen de los baños de bosque

En el principio reinaba un perfecto entendimiento entre la Tierra y el Cielo. El Cielo velaba sobre la Tierra. La vida era feliz y la muerte venía sin dolor. Todo pertenecía a todos y nadie tenía que gobernar o conquistar.

Pero la Tierra comenzó un día a discutir con el Cielo y dijo que ella era más vieja y poderosa, la creadora y sostenedora: “sin mí el Cielo no tendría apoyo y se desmoronaría, yo creo a todos los seres vivos y los alimento. Todo nace de mí y todo vuelve a mí”. Oba Olorun, el rey Sol, no respondió pero hizo al Cielo una seña y el Cielo se alejó murmurando: “Tu castigo será tan grande como tu orgullo”.

Iroko, la Ceiba, comenzó a meditar en medio del gran silencio que sobrevino. Ella tenía sus raíces hundidas en las entrañas de la Tierra, mientras sus ramas se extendían en lo profundo del cielo. Comprendió entonces que había desaparecido la armonía y sobrevendría una gran desgracia.

El Cielo dejó de velar sobre la Tierra, paró de llover y un sol implacable hizo desaparecer toda la vegetación. Así aparecieron sobre el mundo la fealdad y la angustia, la enfermedad, el miedo y la miseria.

Tan solo la Ceiba, que desde tiempos inmemoriales había reverenciado al Cielo, permaneció verde y saludable y sirvió de refugio a aquellos que habían podido penetrar el secreto que estaba en sus raíces. Ellos se purificaron a los pies de la Ceiba. Hicieron ruegos y sacrificios y el Cielo al fin se conmovió y envió grandes lluvias sobre la Tierra.

Lo que quedaba vivo en ella se salvó gracias al refugio que les ofreció Iroko. Pero desde entonces, aunque todo reverdeció de nuevo, el Cielo ya no es amigo, permanece indiferente. Iroko salvó a la Tierra y, si la vida no es más feliz, la culpa hay que echársela al orgullo…

Este mito coincide con muchos otros por todo el mundo que hablan de los árboles y del bosque como guardianes de la armonía y de la salud física y psíquica del ser humano. Los bosques son incansables tejedores de los delicados equilibrios atmosféricos y climáticos de este planeta, nos alimentan y nos protegen de mil modos distintos.

Aún hoy los santeros cubanos se internan en la manigua como quien entra a un templo para recuperar su salud y recoger remedios medicinales para el cuerpo y el espíritu.

Los 5 grandes beneficios de la naturaleza para la salud

Shinrin-yoku, a sumergirse entre los árboles

Las bienaventuranzas del árbol alcanzan todas las dimensiones del ser humano y su entorno y en los últimos tiempos ha hecho furor una práctica que comenzó en Japón y se está extendiendo por todo el mundo. Se llama shinrin-yoku, y podría traducirse como “baño de bosque”.

Inspirada en las tradiciones sintoísta y budista, se trata de integrarnos en la naturaleza y caminar por los bosques, a ser posible entre viejos árboles, olvidando las preocupaciones, los móviles y las cámaras de fotos. Entrando con actitud calmada y meditativa en la atmósfera límpida de las arboledas, dejándose guiar por los sentidos. Escuchando, oliendo y degustando, tocando y abrazando, mirando y observando.

El bosque es un medicamento sin efectos secundarios. Cura del mejor de los modos posibles, devolviéndonos la naturalidad.

Gran parte de su virtud sanadora radica para empezar, en que nos aparta de hábitats y hábitos nocivos. Los ambientes artificiales crean una gran parte de nuestras enfermedades y el retorno a la naturaleza puede ser suficiente para restaurar la salud física, mental y espiritual. Podríamos hablar así de una salud integral que el bosque regenera.

¿Hacemos una cura de bosque? Pautas para el shinrin-yoku

Medicina al aire libre

Esta “medicina” empezó a ser promovida en la década de los 80 por organismos oficiales como la Agencia Forestal de Japón, tras constatar científicamente los efectos benéficos de estas inmersiones. Se comprobó que dos horas de caminata consciente pueden bastar para rebajar los niveles de estrés y que los efectos se prologan durante muchos días después de cada “baño”.

Por otra parte se han descubierto otros mecanismos benéficos que van mucho más allá de los efectos saludables que tiene una simple caminata. Al parecer en la atmósfera del bosque se activan de manera automática las áreas cerebrales relacionadas con el placer y la emoción.

Quedan aparcadas las metas y las inquietudes y empezamos a disfrutar del momento. Casi sin darnos cuenta entramos a formar parte de esta singular simbiosis que se produce a cada paso y con cada respiración. Volvemos a ser animales que absorbemos el aire limpio y vital que exhalan los árboles, mientras ellos a su vez recogen nuestro aliento, para ellos nutritivo.

El simple hecho de frecuentar el bosque tiene además beneficios sobre el sistema inmunitario, el nivel del azúcar en sangre, la ansiedad o la hipertensión… Las evidencias halladas han llevado a la reciente creación de una Sociedad Internacional de Medicina Forestal que identifica una gran diversidad de sustancias, las llamadas fintoncidas que emiten los árboles, como responsables de algunos de estos efectos salutíferos.

Pero al margen de consideraciones médicas, constatamos de forma empírica que las arboledas proporcionan un placer elevado, íntimo y sereno, una felicidad perdurable y restauradora que nos reconcilia con nosotros mismos.

Precisamente al cobijo de un haya frondosa nos contaba una amiga que de niña tenía su casa cerca de un bosque al que escapaba a jugar con sus hermanos. La experiencia era tan hermosa que cada vez que entraban abrían una puerta imaginaria con una enorme llave que habían encontrado en el desván y al salir volvían a cerrar con cuidado, dándole muchas vueltas.

Era su modo de proteger ese mundo en el que la realidad superaba la magia. La cerradura, por supuesto, estaba en el gran árbol guardián del lugar.

¿Cómo se toma un baño de bosque?

Mejor en los bosques antiguos

Diferentes estudios concuerdan en que esta terapia resulta mucho más efectiva en los viejos bosques. Tremenda paradoja, pues casi hemos terminado con ellos y apenas dejamos a los árboles crecer una ínfima parte de su tiempo.

Es preocupante el impacto que pueden tener visitas masivas a estos últimos reductos, si se convierte en moda la práctica del shinrin-yoku, como está ocurriendo en Oriente. Hay que ser cautos para no establecer un nuevo consumo compulsivo que puede ser devastador para estos frágiles ecosistemas.

La alternativa sería integrar en las ciudades los parques dejando su tiempo y espacio a los grandes árboles. Todo un reto para una civilización que ha olvidado cómo convivir con estos ellos sin dañarlos constantemente.

Quizá aprendamos por fin que, como cuenta la leyenda de Iroko, todo está relacionado: nuestra salud y la de los bosques, la tierra y el cielo. Así lo enseña un antiguo proverbio hindú que asegura que, si uno se sienta el tiempo suficiente bajo un árbol, alcanzará la iluminación. No aspiramos a tanto, pero sí nos gustaría que sea el bosque el que nos deje su profunda e indeleble huella.