Cómo acabar con el machismo – ‘Carne Cruda 2.0’ (13/12/2013)

Hablamos con las artífices de Pikara Magazine, revista con perspectiva feminista y de género. También hablamos con E. Lledó y P. Careaga sobre sexismo en el lenguaje y el señor Pérez nos descubre mujeres que han roto los estereotipos femeninos en el jazz

13/12/2013 | FEMINISMO VS. SEXISMO

la revolución será feminista... o no será

Mujeres de…diciembre 13, 2013  

La Infanta Cristina es la mujer DE Urdangarín que no sabía lo que su marido le hacía firmar. Es la hija DEL rey a la que Montoro tiene que salvar de las garras de Hacienda porque ella no sabía que su esposo elaboraba facturas falsas. Ana Mato era la señora DE Sepúlveda que no sabía que su marido tenía un Jaguar en el garaje. Es la ex mujer DE Jesús que no sabía quién pagaba sus viajes a Eurodisney porque de eso se encargaban los amigotes de su esposo, los de la Gürtel. Es la madre DE unos niños adorables a los que viste una sirvienta para felicidad de la ministra. Y es la ministra que da un contrato a un ex consejero del PP sin saberlo. Son mujeres de…

Son mujeres de un hombre que decidía por ellas, que era ellas porque ellas no eran. No son. Han renunciado a ser por conveniencia y por siglos de sometimiento de las mujeres. Hacen como que no son nada sin los hombres que las justifican, que justifican sus errores y su existencia. Ninguna de ellas se hace responsable. Los hombres que se encargaban de sus asuntos, se encargan también de asumir la carga.

Miguel Blesa se encargaba de meter mano en la hucha de Cajamadrid para facilitarle un crédito a su sobrina. La sobrina DE Blesa. Otra mujer de. El consejero de educación de Castilla la Mancha se saltó las listas de espera para que operasen a su mujer. Otra mujer de. Como Ana Botella que será siempre la mujer DE Aznar y que es alcaldesa por ser mujer de quien es. Mujeres que renuncian a ser mujeres de sí mismas. Mujeres que aceptan que solo valen por el hombre al que acompañan. Mujeres a la medida de sus hombres.

Han vuelto a aquellos oscuros tiempos en los que la mujer tenía que pedir permiso al marido para firmar cualquier papel. Han vuelto al papel de esposa amantísima, madre sacrificada, sirvienta y criada, mujer pobrecita que no puede valerse por sí misma. Hacen el papel de tonta. Y nos toman por tontos. Les hacen un flaco favor a las mujeres y un gran favor al macho dominante al que le gustaría que las cosas siguieran siendo así. A muchos hombres les gusta que sea así.

Sería muy saludable que imputasen a la Infanta solo para demostrar que ningún hombre va a salvar a una mujer responsable de sus decisiones. Sería positivo no solo para nuestra democracia sino para nuestra igualdad que las Anas, Botella y Mato, dejasen de ser protegidas de José María y Mariano. Es necesario que esas mujeres dejen de comportarse como mujeres de y que esos hombres dejen de tratarlas como sus señoras. Estas mujeres que no asumen su responsabilidad, los periódicos, partidos y ciudadanos que las justifican, los hombres que las amparan o excusan, perpetúan un mundo dominado por hombres que primero meten a la mujer en un lío, con su consentimiento sin duda, para después presentarse como sus salvadores.

Pues no. No son mujeres de nadie por mucho que se escuden en alguien para salvarse. No. Estas mujeres que ocupan posiciones de privilegio y pueden ser un referente, son libres. Son dueñas de sus actos, sean viles o loables.

«Me encantaría una revolución, aunque fuera cruenta»

‘Carne Cruda 2.0’ (11/12/2013) – Carlos Boyero

Charlamos con el crítico de cine Carlos Boyero y ‘Neuman & Ken Stringfellow’ nos presentan su disco conjunto ‘Bye fear/ Hi love’. Además, un nuevo capítulo del serial ‘Compañeros’ titulado ‘Casino’

carlos boyero

Gilipollasdiciembre 11, 2013  

Dice Montoro que “el PP volverá a ganar las elecciones porque los mercados no son gilipollas”. Los mercados no serán gilipollas pero el ministro se comporta como tal. No solo se comporta como si fuera El Padrino amenazando con una inspección a todo el que le desafía, ahora además gasta lenguaje de mafioso barriobajero. Y es tal su chulería que ni es consciente de que nos ha llamado gilipollas por creer que vivimos en una democracia en la que nuestros votos cuentan.

Va tan sobrado que no le importa declarar abiertamente que quienes quitan y ponen gobiernos son esos entes a los que llaman “los mercados”, un eufemismo tras el que se esconden financieros, entidades y empresas bien concretas. Montoro, sin embargo, no esconde que el PP trabaja para ellos. Cuando un mafioso rompe la ley del silencio es porque le han ofrecido inmunidad. Rajoy le protege pase lo que pase y por eso él se pasa de frenada. Sus palabras confirman lo que su gestión en Hacienda hace sospechar: que el gobierno trabaja para las grandes familias de la mafia.

Todo apunta a que el ministro ha metido la mano en la Agencia Tributaria para proteger a la “familia”, a la familia del rey, a una gran empresa defraudora como Cémex y a los grandes defraudadores a los que regaló una amnistía fiscal que no recaudó más pero legalizó sus robos. Hoy en el Congreso lo ha negado todo, como Capone. Como Capone, no ha podido evitar sus maneras de mafioso y ha vuelto a lanzar veladas amenazas a los medios de comunicación que le señalan. Cualquier día nos encontramos una cabeza de caballo ensangrentada bajo nuestras sábanas. Pues que no se olvide el ministro que al mafioso lo pillaron por un delito fiscal. No es una amenaza, es una advertencia.

Más que a Capone, Montoro se parece cada vez más al señor Burns de los Simpsons y ya no solo físicamente. Gestiona la Agencia Tributaria como si fuera su imperio del mal y no es difícil imaginarle frotándose las manos mientras maquina alguna maldad. No es el único: eldiario.es publica hoy unos correos de Miguel Blesa en los que se frotaba las manos por haber vendido miles de preferentes de Cajamadrid engañando a sus clientes.

Son mafiosos y nos llaman gilipollas. A escondidas y a la cara. Incluso a sus propios votantes les llaman gilipollas por ir a votar pensando que su voto importa. Reconozcamos que si vuelven a gobernar, no les faltará razón para llamarnos gilipollas otra vez.