https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/22369-desanudar-feminismos.html

Miriam Solá y Ana Burgos

Activistas feministas e integrantes de La Centrifugadora

04/04/14

Asistimos a un momento de especial visibilidad y legi­timización social de los mo­vimientos feministas. Senti­mos que el 15M supuso un punto de inflexión, un momento disparador que generaba interesantes ­condi­ciones de posibilidad para la incorporación, e incluso la transversalización, de las reivindicaciones feministas en la agenda política. En los últimos meses, la Marea Violeta, el Tren de la Libertad o la ‘marca Fe­men’ dan cuenta, además, del impacto mediático que ciertos feminismos están consiguiendo. Asimismo, las masivas manifestaciones del 8 de marzo o el rechazo de la ciudadanía a uno de los mayores retrocesos en los derechos de las mujeres, como el que supone el anteproyecto de contrarreforma de la Ley del Aborto, constituyen fenómenos de los cuales los medios de comunicación, hegemónicos y alternativos, se están haciendo eco.

Pero esta reciente visibilidad también ha hecho saltar las alarmas y emerger viejas tensiones en los sectores feministas autónomos y más críticos con el feminismo institucionalizado. Como señalan las activistas de ReCrear el 8 de Marzo, de Madrid, “nos dimos cuenta de que el 8 de marzo estaba siendo cooptado por instituciones y partidos, y decidimos recuperarlo”. Dicha institucionalización, por un lado, le hace el juego a un poder que precariza nuestras vidas y que tiene formas de hacer y gestionar los recursos que a muchas no nos representan. Por otro, conlleva la aceptación de la vulneración de los derechos que esas mismas instituciones ejercen amparándose en la supuesta crisis económica: generación de leyes y reformas insuficientes, conservadoras y antisociales; incumplimiento sistemático de las ­leyes de igualdad, dependencia, violencia, reproducción asistida, etc.

Así, nos encontramos con un feminismo autónomo que se debate entre la necesidad de salir de la burbuja feminista, de trazar alianzas y redes más amplias para luchar contra las políticas neoliberales y generar alternativas… frente a la realidad de un feminismo mediático o institucional y de partidos incapaz de articular una agenda que vaya más allá del aborto y de la violencia machista en las parejas heterosexuales.

Y sí, somos conscientes, como bien nos enseñan muchas hermanas latinoamericanas, de que el binarismo institucional-autónomo es reduccionista, simplificador e insuficiente para explicar las realidades complejas y porosas de los feminismos. Pero también es cierto que, en gran medida, opera y tiene consecuencias. En este contexto situado, hay una línea que separa lo visible y lo mediático de lo invisible y lo periférico, que pasa por la estrategia política, por una cuestión de recursos, de accesibilidad y de redes, pero también por el tipo de demandas que se articulan y por las prioridades políticas. Muchas voces expresan la necesidad de trabajar una agenda feminista conjunta. Pero ¿se han generado las condiciones de posibilidad para que se dé un dialogo simétrico y horizontal entre todas las agentes implicadas en los feminismos? ¿Está teniendo lugar ese diálogo? En caso afirmativo, ¿se están teniendo en cuenta la realidad de las migrantes, los derechos de las trabajadoras del sexo, la patologización de las personas trans, los derechos sexuales y reproductivos de las lesbianas…? Nos hacemos estas preguntas que no acertamos a resolver, pero sí olemos hegemonías, discursos céntricos que se imponen, realidades que solapan a otras.

Por todo ello, apostamos por agendas compartidas siempre que se expliciten las desigualdades de poder entre nosotras y se establezcan mecanismos para trabajarlas y eliminarlas. Siempre que se compartan unos básicos referentes a la autogestión y la autonomía. Siempre que luchemos por generar las condiciones que permitan que hablemos todas, todxs, y se recojan nuestras demandas. Apostamos por agendas compartidas siempre que se expliciten las desigualdades de poder entre nosotras Por eso nos gustan iniciativas como la de ReCrear el 8 de Marzo de Madrid o la Vaga de Totes, promovida desde Bar­celona, que, además de en la cuestión del aborto y de la violencia machista, se centran en temas como la salud, el trabajo reproductivo y de cuidados, o la vulnerabilidad. Tam­bién ponen el acento en cómo afectan a las mujeres cuestiones como las reformas laborales, o el racismo implícito en las políticas migrato­rias. También apostamos por ­espa­cios como el Octubre Trans y las Jorna­des Feministes Autòmo­mes Se Va Armar la Gorda de Bar­ce­lona, que amplían las agendas feministas.

Marejadas feministas

https://www.diagonalperiodico.net/la-plaza/22370-marejadas-feministas.html

JUSTA MONTERO

Activista feminista desde 1974, actualmente en la Asamblea Feminista de Madrid

01/04/14

Es innegable que estamos en un momento de fuertes marejadas feministas, de movimientos tumultuosos, vivos, críticos, radicales y creativos empujados por sucesivas generaciones de mujeres jóvenes que responden a nuevas formas de sentir, percibir y reaccionar ante una realidad, propia y colectiva, injusta y dolorosa.

Una de estas marejadas puso el foco en la diversidad y la subjetividad, en las nuevas políticas de representación sexual, de los cuerpos y las sexualidades, de lesbianas y transexuales, y en la crítica al binarismo de las identidades impuestas. Así se expresó en las Jornadas Fe­ministas de Granada en 2009, organizadas por la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas.

Otra oleada centra su análisis en las nuevas resistencias ante los devastadores efectos de la crisis sistémica que precariza la vida en todas sus dimensiones, y que tan creativamente se teatralizó en la Pasarela de la Precariedad el domingo 16 de marzo en Madrid.

La propia crisis ha animado otro movimiento en el que la crítica a la economía política y las luchas anticapitalistas han recobrado nueva centralidad. Y los envites del neoliberalismo han convertido el derecho al aborto en catalizador de la revuelta contra el intento de deshacer lo que el feminismo había conseguido: la legitimidad de las diversas formas de sentir y expresar el cuerpo y la maternidad o no maternidad.

Vivimos tiempos de análisis radicales, en el sentido más literal del término, para avanzar en proyectos emancipadores, y en los que es imprescindible un feminismo crítico que busque relacionar todas estas manifestaciones de opresión, donde los análisis anticapitalistas no puedan estar desligados de los de género, de la crítica al heteropatriarcado y al racismo; donde hay urgencia por responder ante una situación que vuelve a marcar inequívocamente –por si alguien se había despistado– las diferencias de género y las relaciones de poder patriarcal –entre otros– como elementos estructurales de este modelo ­social.

El resultado es la suma de viejos y nuevos temas del feminismo, la reformulación de muchos otros y, desde mi punto de vista, la vigencia de todos ellos.

Genealogías imprescindibles

Estas marejadas de mujeres su­ponen la emergencia de nuevos ­discursos y prácticas políticas. ¿De­ba­tes y diferencias intergene­racio­nales? Bienvenidas sean –tam­bién las intrageneracionales– ­por­que son la prueba de que el ­feminismo es un movimiento vivo, potente y conectado entre generaciones. Un movimiento con fuerza para conseguir cambios concretos en la situación de las mujeres y una propuesta de transformación necesariamente radical, si quiere ser justa, que obliga a transitar por las ­fami­lias, la escuela, las leyes, el modelo sexual, las relaciones personales, la subjetividad, la economía y las estructuras sociales, culturales y políticas.

Si estas diversas y múltiples expresiones feministas se dan en procesos colectivos, se transforman en fuertes complicidades y fortalezas. El movimiento feminista no tiene un acta fundacional ni unas madres o abuelas fundadoras supuestamente poseedoras de la verdad, ni, por tanto, unas hijas o nietas que se la tengan que arrebatar. Es a partir de la propia acción y de los procesos colectivos que se generan como se redefinen la acción política, los discursos, las representaciones simbólicas que sustentan la lucha feminista antagonista.

No existe una única forma de analizar y expresar las opresiones de las mujeres. Y si el feminismo aspira a ser un movimiento crítico no queda otra que situarse en permanente confrontación con la realidad y con la propia evolución interna del movimiento, de interrogar a la sociedad y a nosotras mismas sobre lo que somos, sobre el mundo que nos rodea y sobre en qué mundo queremos vivir todas y todos.

En este recorrido se construyen genealogías feministas imprescindibles para nuestra historia y nuestro movimiento. Una genealogía que tanto valora mi generación huérfana, a quien la dictadura usurpó el legado de las mujeres que nos precedieron en la lucha y en cuya recuperación seguimos comprometidas.