Disfruta de la música 10 may 2012

EL AUDIO

 Flash mob in the Copenhagen Metro

Una estación de metro en Copenhague, Dinamarca. Bajo tierra, la gente espera distraída, aburrida, dormida. Empieza un día más de trabajo. Uno más tan rutinario como cualquiera. Un cartel luminoso anuncia la llegada de un “tren clásico” y a continuación un mensaje: “disfrute de la música”. Casi nadie le presta atención. Algunos se miran, quizá piensan que va a entrar en la estación un tren antiguo pero llega un metro como el de todos los días. Entran y se distribuyen por el vagón en silencio con cara de tedio, cada uno a lo suyo. Como siempre.

Y de repente, ocurre algo distinto a lo de siempre. Suena una flauta y es como si sonara la flauta. Las primeras notas del Peer Gynt de Edvar Grieg salen del instrumento de una flautista que toca sola sentada como una pasajera más. Algunas cabezas buscan curiosas como los niños de Hamelin de dónde sale ese sonido precioso que se detiene de improviso. En otro punto del vagón, un oboe responde como un pájaro a la llamada de otro y continúa la melodía. De otras partes del vagón surgen las voces, los trinos de otros vientos. Un chico que lleva los auriculares puestos se los quita y se los guarda para escuchar. Las caras de los viajeros también se mueven como girasoles hacia el sonido.

Entonces, como un ejército, un montón de pasajeros desenfundan violines, violas y chelos que llevaban ocultos y empiezan a tocar. Las caras del pasaje cambian como si despertaran de un sueño. Mejor, como si despertaran a un sueño, un sueño que comparten y en el que se reconocen y se miran por primera vez. Los rostros se relajan, la sonrisa empieza a abrirse paso hasta ocuparlos por completo. Hay una mujer mayor que tiene los mismos ojos que tenía de niña y sonríe con ellos empañados por el brillo de unas lágrimas detenidas. Y el tren que circulaba por un túnel oscuro, sale a la superficie donde luce un sol espléndido.

Parece como si la música les hubiera sacado del túnel. Parecen todos distintos. Los pasajeros se miran, se ríen. Los músicos también. Tanta felicidad no se ve junta normalmente. En mitad de todos ellos, vestido como un pasajero más, el director de la orquesta marca el ritmo con los brazos. Y la placidez de todos los rostros parece reunirse en la cara de una niña sonrosadísima de ojos cristalinos que les mira embobada.

La música va desvaneciendo. El tren está llegando a su primer destino. Algunos pasajeros se bajan mirando para atrás, enviándoles una sonrisa esplendorosa a los músicos y quizá unas lágrimas que llevan por dentro. El tren se aleja. Un mensaje cierra el vídeo que te estoy contando. Explica que es la sinfónica de Copenhague la que ha hecho ese regalo a los viajeros a los que se despide con un sabio consejo: Disfruta la música en la radio. Disfruta la música en la sala de conciertos. Disfruta la música en la red.

Muy lejos de allí, en nuestro país, los únicos regalos se les dan a los que tienen todo, mientras los demás vamos por un túnel que parece interminable. Pero el tren va lleno de músicos, de gente que sabe tocar y hacer regalos. Regalos que te tocan.

Así que abre las orejas. Abre los ojos y mira a los que tienes al lado. Disfruta de la música. Disfruta. No todo va a ser sufrir.