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El debate sobre el tratado de libre comercio está viciado y ya no se trata del fondo de los asuntos sino de la forma de las negociaciones, poco democráticas.

05 mayo 2016  Thilo Schäfer

tschafer@lamarea.com

Hace apenas dos semanas, aprovechando la inauguración de la feria industrial de Hanover, en Alemania, Barack Obama y Angela Merkel hacían un gran ejercicio de defensa del tratado de libre comercio entre EEUU y la Unión Europea, el TTIP, en sus siglas en inglés. La creación del mayor área de libre comercio del mundo traería prosperidad y empleo a los pueblos a ambos lados del Atlántico. Los dos líderes sabían de sobra que en la sociedad europea va en aumento el escepticismo, si no el rechazo abierto, al TTIP que Obama pretende dejar listo antes de abandonar la Casa Blanca en enero próximo. La revelación este lunes por parte de la organización ecologista Greenpeace de documentos secretos que explican la posición negociadora de la parte norteamericana ha confirmado los peores temores entre los críticos del tratado. Los papeles evidencian la presión de Washington para rebajar toda una serie de normas y estándares en la UE que afectan la seguridad alimentaria o la protección del medio ambiente en nombre del comercio libre.

La Comisión Europea ya había hecho público algunos documentos sobre su posición negociadora hace un año, cediendo a una enorme presión de la sociedad civil y muchos partidos políticos que habían criticado la total opacidad con la que se llevaban las negociaciones entre ambas delegaciones hasta entonces. Muchos defensores del TTIP, como el vicecanciller alemán Sigmar Gabriel, admiten ahora que la falta de transparencia fue un grave error que permitió a los críticos ganarse buena parte de la opinión pública. Y en este momento, el debate sobre crear un espacio de libre comercio está ya totalmente viciado. Incluso políticos hasta hace poco a favor de la idea empiezan a tener dudas sobre la conveniencia del TTIP, cuya aprobación se está alejando.

Por supuesto que hay cosas mejorables en las relaciones comerciales entre ambos bloques que podrían beneficiar a los consumidores –un ejemplo clásico es el de las diferentes normas para sillas de niños en los coches que obligan a la industria a duplicar sus esfuerzos de producción. Pero una discusión abierta sobre qué sería conveniente –algo que hubiera venido muy bien, dado que la mayor parte de la gente no tiene ni idea de qué va el TTIP– ya no parece posible.

El asunto de fondo ahora es otro: no es aceptable que un grupo reducido de funcionarios de la Comisión Europea y del Departamento de Comercio de EEUU, muy influenciados por los lobbies industriales, negocien algo en secreto que tendrá un gran impacto en la vida de la ciudadanía, sin ningún debate público. Es el rechazo a esa especie de posdemocracia tecnocrática, como en el caso de la troika, los inspectores anodinos que mandaban la UE, el Banco Central Europeo y el FMI para dictar la política a los países rescatados sin tener que responder ante nadie, y que está provocando una seria crisis en torno a las instituciones políticas. Aunque no fuera por el fondo, habría que rechazar al TTIP por la forma.

Artículo publicado en El Heraldo (Colombia)

Greenpeace revela documentos sobre el TTIP: ‘Hay que tirar el acuerdo y volver a empezar’

http://www.elmundo.es/economia/2016/05/02/57276266ca4741717a8b45d5.htmlTTIPResponsables de Greenpeace informan de los documentos. FABRIZIO BENSCHREUTERS

La CE reitera tras filtración que el TTIP no rebajará la regulación europea

02/05/2016 16:22

Greenpeace ha hecho públicos documentos de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y la UE que podrían complicar aún más un acuerdo denunciado por poner los intereses corporativos por encima de los sanitarios o medioambientales. La ONG ha colgado en su web 248 páginas de material confidencial sobre la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), un acuerdo que está en fase de negociación y que se convertiría en el mayor tratado planetario de libre comercio.

«Ese tratado amenaza con tener implicaciones a largo plazo para el entorno ambiental y la salud de los 800 millones de ciudadanos de la (UE) y Estados Unidos», han subrayado al presentar los documentos en Berlín. En su opinión, la forma en la que se han llevado las negociaciones no deja otra salida que empezar de nuevo. «No se puede salvar ya este acuerdo. Lo mejor que puede hacer esta comisión es decir: ‘Lo siento. Cometimos un error. No nos hemos informado desde el principio, ni involucrado de manera suficiente a los órganos democráticos'», ha dicho Jürgen Knirsch, experto en comercio de Greenpeace. «Ahora debemos empezar desde el principio sin presiones de Estados Unidos«, agregó.

La Comisión Europea no ha tardado en reaccionar, atribuyendo las acusaciones a «malentendidos» y asegurando que Europa «nunca rebajará su nivel de ambición» en dominios tan sensibles.

Washington y Bruselas pretenden alcanzar un acuerdo este año, antes del fin del mandato del presidente Barack Obama, pero las conversaciones encuentran cada vez más reservas a ambos lados del Atlántico.

En Europa se teme que el TTIP favorezca ante todo a las grandes empresas, en detrimento de las normas de protección social, ambiental y de consumo. Y en Estados Unidos enfrenta una creciente resistencia proteccionista. Greenpeace asegura que el texto prevé la supresión de normativas europeas en áreas como las de la alimentación o la aprobación de productos químicos peligrosos, para facilitar el comercio bilateral.

«El TTIP es una gigantesca transferencia de poder de los ciudadanos a los grandes negocios», afirmó Greenpeace, que proyectó imágenes de los documentos secretos sobre la fachada del Parlamento alemán.

‘Peor que los pronósticos sombríos’

Según Greenpeace, las páginas publicadas representan las dos terceras partes del borrador elaborado después de la última ronda de negociaciones en abril y cubren gran cantidad de sectores, desde la agricultura a las telecomunicaciones, pasando por la industria automovilística.

El diario alemán Sueddeutsche Zeitung, que se había procurado los documentos con antelación, afirmó que su contenido «muestra que los temores de los adversarios [del TTIP] no carecen de fundamentos» y que «la realidad de las negociaciones es peor que la de esos pronósticos sombríos».

El rotativo de Múnich indica que Estados Unidos se dice dispuesto a flexibilizar la importación de automóviles europeos para obtener contrapartidas para exportar más productos agrícolas a Europa, que podrían incluir organismos genéticamente modificados (OGM).

El Sueddeutsche Zeitung -uno de los diarios que publicó las revelaciones sobre los papeles de Panamá relacionados con la evasión fiscal a escala planetaria- asegura que los defensores del TTIP «ignoran el contenido de las negociaciones o quieren dejar en la oscuridad al público». El periódico apunta en particular a una cláusula del TTIP que permitiría a las multinacionales recurrir a instancias arbitrales privadas para demandar a gobiernos por presuntos obstáculos a la libre competencia.

Bruselas y Berlín habían afirmado que esa propuesta había quedado fuera de la agenda, pero el diario asegura que «eso no es verdad», dado que «Estados unidos rechazó» excluirla de las negociaciones y que el tema aún no se había abordado seriamente.

‘Malentendidos’, según Bruselas

La Comisión Europea (el ejecutivo de la UE) lamentó las filtraciones y atribuyó las polémicas a «malentendidos».

«Ningún acuerdo comercial de la UE rebajará el nivel de protección de nuestros consumidores, de la seguridad alimentaria o del medioambiente», declaró la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström.

«Los tratados comerciales no modificarán nuestra legislación sobre los OGM, sobre la manera de fabricar carne vacuna respetando las normas de seguridad ni sobre la manera de proteger el medioambiente», agregó Malström en una nota publicada en su blog.

Estos documentos «reflejan las posiciones de cada parte, nada más. Y no debería causar sorpresa que haya partes en que la UE y EEUU tengan diferentes puntos de vista», señaló.

El jefe de los negociadores europeos, Ignacio Garcia Bercero, afirmó que algunas de las declaraciones de Greenpeace sobre estos documentos «son erróneas». «Los documentos no agregan nada a las posiciones conocidas de la UE», aseguró.