España supera a la ficciónjunio 27, 2013  

Carne Cruda 2.0 (27/06/13) – Especial series: De ‘Anatomía de Grey’ a ‘The Wire’

España supera la ficciónUnos padres han entregado a sus dos hijos al Ayuntamiento de Talavera por falta de recursos. Hace unos años, parecía un disparate aquella escena de la película de Almodóvar “Qué he hecho yo para merecer esto” en la que Carmen Maura regalaba a uno de sus hijos a un dentista porque ella no podía hacerse cargo. Hoy es realidad. Hoy unos padres tienen que dar a sus hijos a la administración porque no pueden cuidarlos. Hoy nos preguntamos qué hemos hecho para merecer una realidad tan patética y dramática como la de aquella mujer desesperada. Hoy estamos al borde de un ataque de nervios y algunos desgraciadamente saltan desde ese quicio. España es almodovariana en el sentido más tristemente absurdo. España es esperpéntica. El esperpento ya no es una deformación de nuestra realidad, es nuestra realidad misma. La realidad española supera la ficción.

Hace dos años, comparé en un artículo las series de televisión con la actualidad de nuestro país. Entonces me pareció una comparación divertida, hoy me parece una lamentable realidad. La política española es tan corrupta y hedionda como el ayuntamiento de Baltimore en The Wire. Dentro de la cárcel de Prision Break hay personajes más honestos que en algunos partidos e instituciones españoles. Aquí no tienen que huir de prisión porque nunca entran en ella. España se desangra con True Blood, sangre verdadera, mordida por vampiros bancarios. La Modern Family española no tiene motivo ninguno para reírse. Los españoles se sienten tan Perdidos como abandonados y la democracia está más zombie que un muerto viviente de Walking Dead.

El ala oeste de la Moncloa la ocupa un gobierno que es todo lo contrario que el del Ala Oeste de la Casa Blanca. El presidente nunca da explicaciones, es más conservador que un republicano estadounidense y le ha metido más tajos al ciudadano, al Estado de Derecho y al Estado del Bienestar que Dexter en un día de furia. Su partido trapichea con la educación y la sanidad pública con la misma impunidad que la banda de los Soprano. La policía pega palizas en la calle tan brutales como las de Tony. En los hospitales españoles ahora hay que pagar hasta para que te hagan unas pruebas o para que te pongan una prótesis, como en los hospitales yanquis de Anatomía de Grey o House. Los científicos españoles están tan maltratados como el brillante químico que protagoniza Breaking Bad y como él, tienen que buscar salidas desesperadas, a veces fuera de nuestro país.

La Casa Real española está más podrida que la Casa Lannister de Juego de Tronos, el rey y su yerno tienen negocios y relaciones personales tan turbias como las que se dan en Desembarco del Rey. La justicia es un nido de conspiraciones, traiciones, intereses y politiqueos tan putrefacto como en Damages y nuestra cúpula judicial es tan poco fiable como Patty Hewes, el personaje que interpreta Glenn Close. El lema de la serie sirve para definir a todas las instituciones de nuestro país: “No confíes en nadie”. Como en Homeland, los traidores están dentro.

Brasil juega mejor que Españajunio 26, 2013  ‘Carne Cruda 2.0’, en ‘Hora 25’ (26/06/2013) – Si echas agua a Montoro se convierte en Gremlin

Montoro el gremlin Brasil juega mejor que España. Sus jugadores no especulan ni marean al personal con interminables jugadas que no conducen a nada. No esconden la pelota como aquí. No son tan marrulleros ni pegan tantas patadas ni golpes bajos. No entran por detrás para hacer daño. Y si cometen faltas, están dispuestos a rectificar. Están dispuestos a replegarse cuando se equivocan en el ataque. No tratan de colar goles ilegales. Cuando la grada les abuchea, terminan escuchándola. Saben que juegan para el público, no para su beneficio y fama. Son mejores que los nuestros, juegan para el equipo, no para su propio lucimiento. No hablo de fútbol, claro, hablo de política. Qué diferencia entre los políticos españoles y los brasileños. El equipo de políticos españoles y sus palmeros mediáticos, han despreciado, desoído, criminalizado y reprimido todas las protestas ciudadanas de los últimos años. Los diputados brasileños han cedido a los pocos días de manifestaciones y han puesto en marcha la reforma que les pedía la calle. Brasil juega mejor a la política que España.

En Brasil la calle pide lo mismo que aquí llevamos pidiendo años: que termine la impunidad de la corrupción política. En solo unos días, los ciudadanos brasileños han conseguido que los políticos rectifiquen una ley que limitaba las investigaciones de tramas corruptas. Lo hicieron mal, como lo hacen los nuestros, pero por lo menos ahora han dado marcha atrás. Este ha sido el mejor gol desde que empezó la Copa Confederaciones.

Puede que lo hayan hecho porque el mundo entero mira a Brasil estos días. Pero toda Europa conoce ya la podredumbre de la política española y aquí no hay reacción ninguna de nuestras instituciones después de años de presión popular. Ninguna. Ni siquiera cuando se presentan un millón y medio de firmas en el Congreso ni después de las miles de manifestaciones, de los millones de personas que han salido a la calle en estos años. A todos ellos, este y el anterior gobierno les ha regateado, los ha tratado a patadas y les ha metido un gol tras otro por debajo de las piernas.

En Brasil, los políticos rectifican y derogan leyes injustas. Aquí no se mueven y decretan leyes injustas. Aquí el ministro de Educación se ha visto obligado rectificar pero ni se ha planteado dimitir después de un año y medio de escándalos y errores. Aquí el ministro de hacienda no da explicaciones de errores flagrantes de su cartera y encima dice con chulería que “ya ha pedido perdón”. Aquí nos roban el partido. Lo tengo claro: yo voy con Brasil.