-José Couso, reportero gráfico

José Couso fue el operador de cámara elegido por Informativos Telecinco para cubrir el acontecimiento del año 2003: la invasión de Irak por parte del ejército de Estados Unidos. Junto a él, el popular —que no por ello prestigioso— periodista Jon Sistiaga marchó al conflicto para narrar los acontecimientos desde el Hotel Palestina, un recinto que estaba ocupado por profesionales de la comunicación y que debía permanecer fuera del objetivo de los ataques, algo de lo que estaban informados tanto el bando iraquí como el estadounidense.

El día 8 de abril de 2003, un tanque norteamericano disparó un proyectil contra el edificio. El impacto, de gran magnitud, provocó la muerte del periodista ucraniano Taras Protsyuk —agencia Reuters— y la del reportero español José Couso.

Desde entonces, muchas han sido las protestas y las voces que se han alzado exigiendo responsabilidades. Lo cierto es que, a día de hoy, nadie se ha responsabilizado y ningún miembro del ejército de los Estados Unidos ha sido condenado por tales hechos.

A pesar del revuelo que se montó a nivel mediático, hay hechos en esta historia que están pendientes de despejarse:

Telecinco no tenía cubierto a su reportero con un seguro de vida, alegando que era un profesional autónomo. Lo cierto es que José no era, ni mucho menos, el candidato más idóneo para cubrir un conflicto armado y, para más delito (y nunca mejor dicho) ni siquiera tenía un seguro que le protegiera ante la posibilidad de que sucedieran unos hechos que finalmente ocurrieron. Finalmente, la cadena llegaría a un vergonzoso acuerdo por el que se le darían a la familia cinco millones de las antiguas pesetas, y esperando a que se lo agradecieran porque no estaban obligados a pagar ni un céntimo. Ese fue el precio de la vida del cámara.

-Parece ser que Jon Sistiaga, el periodista que le acompañaba, instó al reportero a grabar unas imágenes desde la azotea del hotel, por lo que fue disparado al ser confundido por un francotirador (a pesar de que la cámara que llevaba al hombro, de 15 kilos de peso, no dejaba dudas para identificarlo como reportero). Los profesionales que se encontraban en el hotel sabían que no era recomendable acceder a esa zona del edificio, pero aun así Jon le dijo que fuera. Aquella acción le costó la vida.

Según unas informaciones reveladas por Wikileaks, EEUU presionó al Gobierno español para “frenar o boicotear” las causas judiciales abiertas en España contra políticos y militares estadounidenses presuntamente involucrados en el caso Couso.

-Algunas fuentes señalan a que el entorno de la familia de Couso, especialmente la que era su esposa y sus hijos, disfrutan de un muy alto nivel de vida desde que sucedieron aquellos hechos; sin embargo, desde entonces, disponen de un sueldo menos en esa familia. ¿Casualidad?

Lo triste de todo aquello es que, poco a poco, el tema se fue saliendo de la agenda mediática y fue quedando en el olvido. Hoy en día a cualquiera le suena el nombre de Couso y lo que sucedió con él, pero nadie tiene fuerza, valor ni ganas de reclamar justicia.

Indiferentemente de la ideología que alguien pueda tener o con la que pueda simpatizar, cada periodista tiene un estilo y una forma de contar los acontecimientos que no deben ser apoyados ni denostados por los medios; simplemente obviarse como una circunstancia más en el ámbito de la comunicación. Ni mucho menos eso debe ser objeto de acoso profesional o incluso, como hemos visto en este artículo, razón para despedirlos o asesinarlos.

Sirva este escrito como sentido homenaje, tanto a ellos como a todos esos profesionales que, cada día, sufren las presiones del día a día en sus redacciones para publicar o dejar de publicar informaciones en función de los intereses de los poderosos.