La solución final

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por Javier Gallego  |  20 marzo, 2013

Feliz día de la felicidad, amigos. Parece que las marcas comerciales han convencido a las Naciones Unidas para que declare que hoy es el Día Mundial de la Felicidad. O sea que hoy todos felices y mañana a seguir sufriendo. No creo que tenga ningún éxito el Día de la Felicidad excepto entre mangantes, explotadores y represores que viven unos días de plena felicidad a costa de nuestra infelicidad. Pero además está condenado desde su origen porque todo lo que propone la ONU, las naciones desunidas del mundo se lo pasan por el forro, desde los derechos humanos a la resolución sobre la invasión ilegal de Irak. Si la Organización de Naciones quiere que seamos felices como un anuncio de burbujeante refresco que garantice la independencia del Sáhara o que reconozca el Estado Palestino con plenos derechos. Eso sí que nos haría felices. Pero por lo visto en este planeta no se puede hacer infeliz al Estado de Israel. Ni al estadounidense.

Para que cunda el ejemplo, yo si voy a hacer caso a las Naciones Unidas. Razones no nos faltan para la felicidad. Me pone la mar de contento que el ministerio de Hacienda haya decidido quitar las subvenciones a los trasplantes en aquellas comunidades que tengan déficit. Los enfermos que necesitan un órgano nuevo y están en comunidades deficitarias se van a morir de felicidad. Nada provoca tanta alegría como pagar con tu vida el despilfarro de un político, de un señor como Montoro. Nada provoca tanto deleite como saber que tu supervivencia puede depender de un dirigente inconsciente, indignante, desalmado. La felicidad absoluta es saber que te puedes morir por culpa de un imbécil.

A mí también me llena de alegría y satisfacción saber que el mismo ministro que amnistía a los ladrones, ahora quiere robarle la formación a los médicos, la vida a los pacientes y el futuro a una de las instituciones que más orgullo nos produce en este país: la Organización Nacional de Trasplantes. Y me vuelve loco de alegría que el Gobierno haya ocultado esta medida desmedida. No solo nos quitan la Sanidad y las subvenciones, también las explicaciones. 

Y estoy muy feliz porque entre Cospedal y Montoro van a conseguir reducir el problema del paro, las enfermedades mortales y la Sanidad, ellos solitos. Por la vía del exterminio. Es una solución, sí. Los nazis la llamaban “la solución final”.

Nos llaman ciudadanos y no lo somos

por Javier Gallego  |  19 marzo, 2013

Lo llaman democracia y no lo es, gritaba Evaristo de La Polla Records antes de tocar “Ellos dicen mierda (nosotros amén)”. Los indignados tomaron ese grito como propio con acierto. Si algo nos ha quedado claro en este oscuro tiempo es que nada es lo que parece sino todo lo contrario.

Lo llaman crisis y no lo es, es una estafa. Lo llaman Estado del Bienestar aunque le han roto los huesos. Lo llaman Estado de Derecho aunque es un Estado del Revés. La llamaron Guerra de Irak cuando empezó hace hoy justo 10 años pero fue una invasión ilegal que ha destrozado el país y aniquilado la vida de cientos de miles, posiblemente más de un millón de personas. Las llamamos personas y sí lo son. Las llamamos víctimas y sí lo son. Por eso podemos decir que los llaman suicidios por desahucio pero son asesinatos. Lo llaman Justicia pero no es igual para todos. Y si la ley no es igual para todos, no podemos llamarnos ciudadanos.

Nos llaman ciudadanos y no lo somos. Cualquier portada de estos días es un acta más de nuestro fallecimiento. En Chipre, los bancos, la Unión Europea y Alemania les ha metido la mano en la cartera a los chipriotas, les han robado parte de sus ahorros y no les dejan rechistar. El poder abusa de su poder y obliga al lacayo a callar. En Luxemburgo, el Tribunal de la Unión ha establecido que nuestra ley hipotecaria también es un abuso y es ilegal. Y nuestro Gobierno calla porque tiene otro abuso hipotecario que esconder. En España, los que pierden su vivienda por impago aún tienen que pagar un impuesto por la transmisión de la propiedad pero los bancos están exentos si traspasan la misma casa al banco malo porque así lo ha establecido el Gobierno.

No somos ciudadanos. Ni siquiera somos clientes porque el cliente siempre lleva la razón y a nosotros nos han quitado hasta la posibilidad de defender nuestras razones. La palabra más exacta para definir lo que somos es “siervo” o “esclavo”: Que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra. Algunos dirán que exagero pero estamos hartos de ver cómo las palabras más extremas se quedan cortas. La primera estafa de esta estafa es cambiar el nombre de las cosas para confundirnos.

Y lo primero que hace el amo para someternos es hacernos creer que no somos esclavos sino sacrificados ciudadanos. Nos llaman sacrificados ciudadanos pero somos ciudadanos sacrificados. En el matadero. Los que no se dan cuenta de que están encadenados jamás podrán liberarse.

Lo llaman política pero es mierda. Ellos dicen mierda y no hay quien se la trague. No digamos amén. Empezará a ser democracia el día en el que les hagamos tragársela y decir amén con la boca llena.

Rajoy pasa olímpicamente

por Javier Gallego  |  18 marzo, 2013

Rajoy pasa olímpicamente de todos nosotros. La última vez que compareció ante la prensa para responder a las preguntas de los periodistas fue el 4 de febrero y lo hizo en Alemania. Quedó claro entonces que es en Berlín donde está nuestro gobierno. La fecha de su anterior rueda de prensa con preguntas no la recuerdan ni los cronistas más ancianos. La anterior comparecencia fue una simulación de comparecencia en un plasma de televisión lo que le convirtió en el primer presidente que teledirige el país a distancia como si fuera un niño, nosotros un coche teledirigido y la opinión pública un canal que se puede apagar. Desde el Papamóvil no habíamos visto a un mandatario blindarse tanto detrás de una mampara.

Desde aquello no se ha prestado a contestar a las preguntas de los periodistas, salvo alguna cosa. Y no son pocas las cuestiones que todos tenemos y no solo sobre Bárcenas. Tampoco explica Rajoy por qué nos hemos convertido en uno de los países con más desigualdad de Europa. Ni ha explicado dónde están las cuentas de su partido que le han reclamado la Fiscalía y el Juez Ruz por dos veces y que su partido no envía. Ni razona por qué en Hacienda tampoco las encuentran. Ni justifica por qué ha endurecido los requisitos para conseguir el subsidio de paro a los mayores de 55 que son los que más difícil lo tienen para recolocarse. Su silencio, lo siento, parece decir lo mismo que el exabrupto de Andrea Fabra: que se jodan. Que se jodan los ciudadanos, los periodistas, la Hacienda Pública y los jueces.

Solo un político que no tiene respuestas no admite preguntas. Solo calla un político cuando no tiene argumentos para justificar sus decisiones. Solo calla un presidente que pasa olímpicamente de los ciudadanos. Rajoy pasa olímpicamente de nosotros pero ha acudido raudo y veloz a hacerse la foto con el Comité Olímpico Internacional. Si quiere usted que Rajoy le escuche, hágase del comité olímpico.

Rajoy cree que los problemas se solucionan pasando olímpicamente de ellos. Y que a nosotros nos callará pasando olímpicamente de nosotros. Pues si hablamos de Olimpiadas, a ver quién es más resistente: él o nosotros. Yo no pienso cansarme de repetirle: “Rajoy, dé la cara, no sea cobarde”. Ni me cansaré de recordarle que él pasará olímpicamente a la Historia. Pasará como el plusmarquista nacional del paro, la corrupción, los recortes y el desprecio.