La reforma energética no frena a las cooperativas

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Som Energia es la punta de lanza de un movimiento que sigue creciendo a pesar de las trabas. Vicent Canet

11_cooperativismo_verde_ecoooLos usuarios se organizan y lo hacen en forma de cooperativa de consumo para gestionar ellos mismos sus necesidades energéticas. Quieren garantizarse un bien básico como es la energía en unas condiciones justas y duraderas, con un precio justo y transparente, y obtenido a partir de fuentes renovables de producción local o autoconsumo en el marco de un sistema sostenible. No quieren saber nada de las grandes compañías energéticas que han copado una gran mayoría del mercado durante las últimas décadas.

El ejemplo más destacado y que cuenta con más socios es el de Som Energia: una cooperativa nacida en Girona hace tres años, con más de diez mil socios repartidos por todo el Estado español, distribuidos en más de 50 grupos locales que cuentan con ocho cubiertas fotovoltaicas y una planta de biogás de producción propia. También son remarcables los casos de GoiEner, con base en el Goierri (País Vasco), que comenzó su actividad en 2012 y ha conseguido reunir a más de 800 cooperativistas, y Zencer de Fuengirola (Andalucía), que supera los 300 y tiene dos años de vida.  Se dedican todas ellas a la producción y comercialización de energía, sin contar con red propia de distribución.

Marc Rosselló, presidente de Som Energia, las define como parte de “un movimiento social para cambiar el modelo energético”, por eso apuesta por una organización democrática y por la economía local. En el ámbito europeo sus referentes estarían en Bélgica (Ecopower), Francia (Enercoop) y Alemania (Greenpeace Energy).

El coste de ser socio de estas empresas sería sólo el de la inversión inicial de cien euros, reembolsables en caso de baja, un capital inicial que daría derecho a consumir la energía adquirida al mismo precio que la tarifa de último recurso (TUR), la más económica del mercado. “Estamos convencidos de que esta apuesta por las renovables traerá a la larga un abaratamiento del precio”, añade Olatz Azurza, miembro del Consejo Rector de GoiEner. Pese a ello, destaca que su prioridad no es la de abaratar el precio como primera opción, “sino cambiar el modelo energético: optar por las renovables, por una regulación transparente en cuanto al precio que se fija”. Un precio que, explica Rosselló, “ha subido un 80% en los últimos años, no es transparente, no penaliza el derroche y que no está liberalizado en todos sus ámbitos”.

Producción local

El objetivo de las cooperativas es producir de forma local y con fuentes renovables energía para abastecer, al menos, a sus socios, aunque esto no es posible al 100%. Y lo será menos con la reforma energética que propone el Gobierno –aún pendiente de aprobación definitiva– . “La idea inicial de GoiEner fue la de generar, mediante sus propias instalaciones, tanta energía como consumen sus socios. Los cambios en la regulación del sector han dificultado esta actividad y hemos empezado por comercializar energía renovable –certificada por el Consejo Nacional de Energía– que adquirimos en el mercado eléctrico”, afirma Azurza.

La reforma, que entre otras cosas eliminaría las primas a las renovables, “ha paralizado muchos de los proyectos de nueva potencia de renovables para 2013 y ha duplicado o triplicado el período de amortización de la inversión necesaria para que sea rentable, lo que pone en serias dificultades al sector”, afirma Francisco Javier Porras, presidente de Zencer. Por su parte, Rosselló acusa al Ejecutivo de no apostar por un cambio de modelo que priorice las renovables, la eficiencia energética y por un precio justo para la electricidad. “Su reforma –dice Rosselló– es una respuesta a las demandas de las grandes compañías para no perder ingresos por el descenso en el consumo”.

El autoconsumo (que un consumidor produzca su propia energía) es otra de las opciones que promueven estas cooperativas. La reforma energética penalizaría esta práctica con el llamado peaje de respaldo, un impuesto que Porras considera “claramente abusivo”. El cooperativista destaca que esta tasa no existe en ningún otro país del mundo” y acusa al Ejecutivo español de querer “cobrar impuestos por el sol”. En este sentido, el reciente congreso Rural Smart Grids, celebrado en Lleida a principios de noviembre, reclamaba un marco legal y unas políticas públicas que faciliten la creación de redes eléctricas locales, en este caso circunscritas al ámbito rural, a partir de fuentes renovables. En este congreso se puso de manifiesto que existe la tecnología suficiente como para desarrollar este modelo energético más local, pero que se hace necesario eliminar las barreras legales.

Pese a todo, se trata de un movimiento social dinámico que busca alternativas a los frenos que se le intentan poner desde las instituciones y sigue creciendo. Existen núcleos, aún no constituidos como cooperativas, en Cantabria y norte de Castilla y León (Enerplus) y Galicia (Nos Energia) que demuestran su capacidad de iniciativa.

Las cooperativas eléctricas no son una novedad en el territorio español, aunque están mucho más centradas en la creación de una red de distribución de energía en el ámbito local de pueblos apartados. La mayoría de ellas están ubicadas en el País Valenciano, donde existe una federación de cooperativas eléctricas. En la actualidad, entre las mas conocidas está la Cooperativa Eléctrica San Francisco de Asís de Crevillent, con su propia red de distribución, que ha formado un grupo cooperativo, Enercoop, que produce renovables. El resto también suele optar por el impulso de las renovables como fuente energética, así como por la producción local, aunque puede que no de forma tan militante por un cambio de modelo energético como Som Energia.