“Denominamos Certificación Participativa al proceso de generación de credibilidad que presupone la participación solidaria de todos los segmentos interesados en asegurar la calidad del producto final y del proceso de producción” (Laércio Meirelles: La agricultura orgánica y la certificación participativa. Centro Ecológico Ipê).

La certificación ecológica institucional tiene ciertas ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas destacan dar una garantía de calidad a los consumidores, proteger a los agricultores que se esfuerzan en cumplir la normativa y democratizar las reglas de acceso al mercado ecológico. Entre las desventajas destacan:

-El precio y la excesiva burocratización del proceso de certificación, que favorece la especialización de las fincas al ser menos costoso y más simple a nivel de burocracia la certificación de monocultivos, en detrimento de la diversidad necesaria para el buen funcionamiento de un agroecosistema.

-La metodología utilizada en el proceso de certificación que favorece a las grandes producciones, y a la agricultura ecológica de monocultivo y sustitución de insumos frente a las fincas familiares y la premisa de desconfianza hacia los agricultores que implica el proceso.

-Fomenta la visión “enfermedad – tratamiento” (agricultura ecológica como sustitución de insumos), en detrimento de una visión del sistema de manejo más integral y preventivo.

-Homogeneiza la producción ecológica, en detrimento de la diversidad local de manejos y variedades.

Debido a estas desventajas, desde distintas localidades y distintas realidades existe una búsqueda por desarrollar otros procesos de confianza en torno a la agricultura ecológica más adecuados a la realidad de las fincas familiares y el consumo local que son los que realmente promueven una sustentabilidad tanto ambiental como social.

La certificación participativa, o los sistemas participativos de garantía como los denomina la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM), se diferencian de la certificación de tercera parte o de agencias en que cumplen con las normas orgánicas, pero mantienen procedimientos de verificación simples, mínima burocracia, costos mínimos y normalmente incluyen un proceso educacional y control social que involucra a los actores de la cadena productiva (productores y consumidores). Esta forma de certificación no tiene un costo directo al productor y no tiene como meta la exportación de los productos.

Este modo de funcionar garantiza la adaptación de cada sistema a los contextos social, político, ecológico y cultural de los actores que los construyen. Así, no son modelos únicos, extrapolables a cualquier realidad y condición. Son modelos muy variables geográfica y temporalmente, construidos por colectividades determinadas y, por lo tanto, adaptados a ellas.

La certificación participativa también pretende evitar la creciente convencionalización de la agricultura ecológica derivada de las exigencias del mercado que han apartado al movimiento orgánico de muchos de sus principios (Red EcoVida de Agroecología, Brasil).

Proyecto EcoAgroculturas – Fomento de la Agricultura Ecológica

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