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elmundo.es 03/04/2016 la energia solar sale a flote

© EL MUNDO Cómo es la mayor planta flotante del mundo / EL MUNDO

A la vera del río Támesis, en uno de los embalses que sacian la sed de Londres, flotan 23.000 paneles solares que se funden en la distancia con la superficie cristalina del agua. A vista de gaviota, la reserva de la reina Isabel II se extiende a lo largo y ancho de 128 hectáreas. Y es entonces cuando la mayor planta solar flotante de Europa cobra su auténtica dimensión: el equivalente a ocho campos de fútbol.

Con esta instalación de 6,3 megavatios, que suministra energía limpia a la planta potabilizadora de Thames Water, el Reino Unido confirma su condición de «salvavidas» de la industria solar europea. El país de la nubosidad variable tiene previsto romper este año el techo de los 10 gigavatios y ganar ya por goleada a España. El país del sol sigue sin levantar las persianas, estancado en los cinco gigavatios y bajando enteros en el ranking

La insospechada alianza entre el sol y el agua llega entretanto al nuboso suroeste de Londres, y también a los alrededores de Manchester (en un proyecto de United Utilities), y pronto lo hará a lo grande en Japón, con la planta solar flotante de Yamakura: más de 50.000 paneles capaces de generar 13,7 megavatios.

«Estamos marcando el camino y esperamos que otros nos sigan», advierte el ingeniero Angus Berry, de Thames Water. «Las industrias con un uso intensivo de energía tienen que pensar en alternativas más eficientes y sostenibles. En nuestro caso, no teníamos suficiente terreno para instalar los paneles, pero sí una extensión enorme de agua al lado de la planta potabilizadora».

Los paneles ocupan al final el 6% del embalse. Más de 60.000 flotadores y 177 sistemas de anclaje han hecho falta para garantizar su estabilidad incluso en las condiciones climáticas más adversas. «Hemos minimizado el impacto ambiental en la fauna silvestre y hemos garantizado que los productos usados en los panales y en los sistemas de flotación no tengan un efecto en la calidad del agua», asegura Berry.

El coste de la planta, construida por Lightsource, ha sido de 7,5 millones de euros, notablemente superior a la instalación en tierra, aunque posible gracias a la generosa política de primas del Gobierno británico que ha concluido precisamente en marzo de 2016. «A nosotros no nos han afectado los recientes recortes a las renovables, pero los cambios van a hacer que sea difícil replicar proyectos como éste», advierte el ingeniero de Thames Water.

La compañía privada de agua se ha propuesto generar el 33% de su propia energía con renovables en el año 2020. Thames Water -pionera junto con British Gas en la conversión del gas de aguas residuales en biometano para uso doméstico- confía en que otras industrias sigan la tendencia de producir una parte de su energía in situ y aliviar el peso sobre la red eléctrica. «Estamos ante un ejemplo de cómo la energía solar puede usarse donde la disponibilidad de espacio (y en este caso de agua) es un valor añadido», asegura por su parte Nick Boyle, director ejecutivo de Lightsource, referente obligado de la fotovoltaica en el Reino Unido. «Ha sido nuestro primer proyecto flotante, pero esperamos hacer muchos más. La principal ventaja es que los paneles funcionan óptimamente a bajas temperaturas, y el agua sirve para enfriarlos, lo que hace que aumente su eficiencia».

La solar flotante ha sido la guinda al boom solar del Reino Unido, que el año pasado instaló 3,7 gigavatios hasta encaramarse al podio solar europeo. «Estamos hablando ya del tercer mercado europeo, después de Alemania e Italia, responsable de casi la mitad de la potencia instalada en el viejo continente en 2015», advierte James Watson, director de Solar Power Europe. «En 2016, el Reino Unido volverá a ser seguramente el principal actor en Europa por los proyectos acumulados, pero después veremos seguramente un declive como ha ocurrido en otros países, aunque no será tan extremo como el que ha ocurrido en España, donde el Gobierno ha matado a la energía fotovoltaica y ha penalizado incluso el autoconsumo».

En el Reino Unido, pese al reciente recorte de hasta un 65% de los subsidios, aún existen al menos «incentivos reducidos» para instalar placas fotovoltaicas en los tejados. La principal preocupación, según Watson, está en cómo el Gobierno Cameron (que ha dado preocupantes señales de «marcha atrás» en renovables) manejará a partir de ahora los sistemas de licitación: «La falta de transparencia puede significar que no habrá subastas para grandes plantas solares en el futuro».

El ingeniero jienense Javier Asensio, que trabajó en la consultora OST y ahora en una empresa de capital riesgo en centrales fotovoltaicas, ha vivido desde dentro la eclosión solar del Reino Unido. «Pese al espectacular crecimiento, aquí se ha hecho un plazo más prolongado que en España, lo que ha permitido una ‘absorción’ más tranquila de la nueva capacidad instalada. Pero la principal diferencia ha sido la madurez del sector y la bajada de precios de los módulos: aquí se ha instalado más y a menos coste».

Asensio ha sido también testigo del desembarco solar español, comparable al de los futbolistas: «Desde la planificación a la instalación, desde los inversores a las auditorías de mantenimiento, podríamos estar hablando perfectamente en español entre nosotros». En el Reino Unido, eso sí, el tejido industrial se ha beneficiado poco: los módulos son chinos y los ingenieros principalmente europeos (como en la Premier).

El tópico de «no es país para la energía solar» ha ido cayendo también por su propio peso, sobre todo en el sur y en el este de Inglaterra, donde el nivel de irradiación -pese a ser notablemente inferior al de España- no es muy distinto al de Alemania. «En contraste con España, en el Reino Unido ha habido también un mayor equilibrio», sostiene Asensio. «Un 40% de los proyectos son pequeñas instalaciones de hasta 50 kilovatios, que seguirán además creciendo cuando despegue el mercado de las baterías domésticas, y un 60% son instalaciones industriales».

«Con todos sus defectos, lo ocurrido en el Reino Unido ha servido al menos para demostrar una de las grandes virtudes de la fotovoltaica: se puede instalar mucha potencia en poco tiempo», asegura Mario Sánchez-Herrero, profesor de Económicas en la Universidad Complutense y fundador de la empresa social Ecooo. «A partir de ahora cabe esperar sin embargo un parón, aunque no tan acusado como el que vivimos en España. Las políticas regulatorias han sido más razonables y al menos no se han puesto trabas al autoconsumo, que es lo que toca».

Vaticina Sánchez-Herrero que tras estos cinco años de inusitada intensidad solar en las islas británicas, la pelota volverá al sur de Europa y a nuestro propio tejado a tiempo para la inaplazable y definitiva partida. Lo mismo espera Alfonso Moya, gerente de Automatismos Mofer, que con sus 73 montadores ha sido capaz de instalar el último año en el Reino Unido un total de 80 megavatios (casi el doble del total de la potencia instalada en toda España en el 2015).

«Tuvimos que salir de España porque no había trabajo y encima nos perseguían sistemáticamente», denuncia Alfonso Moya, al frente del exilio solar que ha echado raíces en los últimos cuatro años de Cornualles hasta Cumbria. «Aquí no tenemos el sol de Bullas (Murcia) y las condiciones climatológicas han sido a veces muy duras. Pero trabajo no nos ha faltado, ni siquiera después del recorte de las primas. En 2016 hemos instalado ya 28 megavatios, y nos están pidiendo ofertas para después de marzo. Tenemos esperanza de poder seguir en Inglaterra».

«Las mejores empresas instaladoras y los mejores fabricantes de estructura son españoles, por eso nos reclaman, aquí y en países como Honduras, Chile o México», reconoce Alfonso Moya. «Lo peor es todo lo que están pasando los trabajadores, cuatro años lejos de sus familias y sin ver crecer a sus hijos… Nuestro sueño es poder volver, pero sin todas las trabas que nos ponen nuestros gobierno, para seguir luchando y demostrar que esta energía es necesaria, limpia y rentable, como lo hemos hecho desde que llegamos al Reino Unido».