http://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/disparen-titiritero_6_482311808.html

En el caso de los titiriteros, la derecha le ha vuelto a colar al ayuntamiento de Carmena la mano dentro de la marioneta, han manejado la alcaldía a su antojo y le han hecho a la alcaldesa darse a sí misma una buena somanta de cachiporrazos.

Javier Gallego 08/02/2016

Se la han vuelto a colar. En el caso de los titiriteros, la derecha le ha vuelto a colar al ayuntamiento de Carmena la mano dentro de la marioneta, han manejado la alcaldía a su antojo y le han hecho a la alcaldesa darse a sí misma una buena somanta de cachiporrazos, en esta nueva función de títeres de la política madrileña.

Por supuesto que el guiñol indignó a algunos padres por su contenido políticamente incorrecto no apto para un público infantil, pero es falso que la obra enaltezca el terrorismo de ninguna manera. La polémica pancarta, “Gora Alka-ETA”, inexistente banda mezcla de Al Qaeda y ETA, aparece en la obra porque el personaje del policía del argumento la coloca para incriminar a un títere activista. La detención de los dos titiriteros demuestra que tienen razón en su denuncia. Si denuncias la criminalización de la protesta, acabas criminalizado.

Lo espeluznante es que lo que la detención se produce por la misma manipulación de pruebas que la obra pone de manifiesto. La jauría mediática contra el gobierno de la ciudad de Madrid ha hecho circular y ha magnificado la falsedad de que los titiriteros defienden el terrorismo, la oposición ha apuntalado la mentira y el gobierno, a través de la fiscalía, ha ido tras los autores como si se tratara de un comando y ha creado un caso de terrorismo desproporcionado, gracias a la acción del juez Ismael Moreno, ala dura de la derecha de la Audiencia Nacional, policía durante el franquismo, que ha dictado una injustificable prisión incondicional para los dos detenidos.

Los grandes estafadores, de los Pujol a Rato, Bárcenas o Blesa, libres para huir o destruir pruebas, mientras encierran sin fianza a dos marionetistas. Este país es un guiñol esperpéntico en el que quienes mueven los hilos, manejan en beneficio propio a las instituciones y a la opinión pública como si fueran títeres. Ya tienen lo que querían. Ahora Madrid es ETA. Podemos es ETA. Manuela Carmena es ETA. La alcaldía cometió, sin duda, el grave error de programar como espectáculo infantil o para todos lo públicos una obra que no lo era. Es un error serio que ya se ha saldado con la destitución de los dos programadores responsables.

Pero más garrafal es la reacción de la alcaldía con los únicos que no tienen culpa de nada: los titiriteros. Primero, la empresa de gestión municipal de cultura, Madrid Destino, les pone una denuncia al poco de producirse los hechos. Debería haberse autoinculpado al menos como responsable de programarlos, aunque no hay ningún delito en ello. Después su presidenta y concejala de cultura, Celia Meyer, pide retirar la demanda porque afirma que sólo la puso para esclarecer lo sucedido. No hacía falta porque para eso ya está la fiscalía.

La puso para curarse en salud, me temo. La cura hubiera sido admitir el fallo de programación, asumir sus responsabilidades políticas, si creen que las hay, y a partir de ahí, hacer una defensa encendida de la libertad de expresión y la liberación de los titiriteros, como han hecho varios concejales de Ahora Madrid, Ada Colau, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y personalidades del mundo de la cultura.

El problema es que el ayuntamiento de Carmena parece una marioneta movida por la mano de la oposición y la derecha mediática. Son ellos los que le mueven los hilos. A cada nueva polémica, desde Zapata a los titiriteros, la alcaldesa no reacciona defendiendo las libertades sino asumiendo como propia una tesis torticera y malintencionada en su contra. La derecha que perdió las elecciones gobierna en diferido. Es un Tamayazo desde fuera.

Seamos claros, aquí los niños no son el asunto, tampoco las víctimas de ETA, sino su utilización interesada para hacer daño a una alcaldía que ha caído en la trampa. La prueba de que no hay delito ninguno y de que es una burda manipulación es que la obra se representó en Granada, gobernada por un alcalde del PP, sin que ocurriera nada. Aquí el único delito es tener encarcelados a dos inocentes y someterlas al linchamiento público por intereses políticos.

Dispárense entre ustedes, si quieren, pero no disparen al titiritero.

El carnaval ha muerto

http://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/carnaval-muerto_6_482661769.html

Ahora los jueces, fiscales y policías van a decidir las ficciones que se pueden escribir y una liga del buen gusto determinará lo que está bien visto.

Aparte de la ignominia de encarcelar a dos titiriteros, lo más preocupante es que nos retrata como país inquisitorial que no admite la crítica y como sociedad poco formada que no entiende siquiera la diferencia entre ficción y realidad.

Javier Gallego 09/02/2016

El carnaval es esa época del año en el que las autoridades conceden al pueblo llano una bula momentánea para que les hagan befa y mofa bajo la protección de las máscaras. Ése es el sentido de estas fechas que nacieron como necesaria vía de escape antes del recogimiento de la Cuaresma. Por unos días, se le otorga al populacho la libertad para convertirse en bufones y reírse del rey y de lo más sagrado que durante el resto del tiempo está vedado. Pues bien, ese contrato social acaba de romperse en España con la detención de los dos titiriteros. Españoles, el carnaval ha muerto, hemos enterrado la sardina antes de tiempo.

La muerte es doble porque el guiñol también ha sido siempre una bufonada en la que la broma macabra, el esperpento y la cachiporra servían para decir lo que no se podía decir y dar los golpes que en la realidad no pueden darse. De ahí la expresión “no dejar títere con cabeza”. En el guiñol, no se salva nadie. El teatro de marionetas no son solo dragones, reyes y princesas sino también un retablo de los rincones más oscuros de una sociedad que admite la afrenta porque son unos muñecos los que lo dicen. Es una prerrogativa que sólo tienen los títeres, los sátiros y los cómicos.

Pero en España, y no es la primera vez, la policía, la fiscalía, o sea el gobierno, y un juez, han decidido ponerle fin al carnaval, al guiñol y la crítica con el aplauso de la prensa y sociedad más retrógradas y la dócil aceptación de una parte de las fuerzas progresistas que admiten el mantra falso de la apología del terrorismo que no está en la obra y repiten que el argumento era intolerable y horrible. Ahora los jueces, fiscales y policías van a decidir las ficciones que se pueden escribir y una liga del buen gusto determinará lo que está bien visto. Mi calendario dice 2016 pero creo que se equivoca en cientos de años.

Luego está la desmesurada alarma por la salud mental de los niños por la violencia de la obra, como si no estuvieran expuestos cada día a películas, videojuegos y telediarios mucho más violentos. Cuánta hipocresía. ¡Lo que está haciendo Europa con los refugiados, las imágenes de niños muertos en las playas, eso sí que les destroza la cabeza! Yo me crié viendo los títeres de La Bola de Cristal, cargados de dinamita política, y no voy por ahí ensalzando a terroristas. Aunque soy un poco radical, eso es cierto. Pero no se preocupen los padres, que hoy a la Bruja Avería no la dejarían hablar. El mal va ganando.

Y tanto. Además de que los titiriteros avisaron del contenido político y adulto de su espectáculo al ayuntamiento y al público, se me ocurren muchas formas de protestar contra la función antes que avisar a la policía, desde la queja al organizador, al abucheo o simplemente marcharse. La delación es propia de un estado policial. Siglos de represión católica, franquismo y mordazas, se acaban notando. Tenemos una larga tradición de censores e inquisidores. ¡Bravo, ya tenemos entre rejas a estos peligrosos titiriteros para que no vayan por ahí aterrorizando con sus manoplas parlanchinas y sus incendiarias pancartitas!

Aparte de la ignominia de encarcelar a dos titiriteros, lo más preocupante de este asunto es que nos retrata como país reaccionario, represor y censor y como sociedad poco formada que no entiende la diferencia entre ficción y realidad, no admite la sátira y no permite la libertad de expresión ni siquiera literaria. Los guiñoles somos nosotros en un retablo en el que nos damos sin parar con la cachiporra hasta descabezarnos.

Columnistas, políticos y representantes de víctimas, hacen el ridículo más espantoso justificando que se detenga a los autores de una obra de ficción. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Aún hay que explicar que no es real, que lo que dice un personaje ficticio no es necesariamente lo que piensa el autor? Un país en el que hay que explicar las perogrulladas, un país de Perogrullos, es un país atrasado, obvio, sin ironía, mostrenco. Hablemos de Barberá o Rato, que sí son reales. Pero a los que mueven los hilos, les interesa que miremos a las polichinelas, en lugar de buscar la mano que las mueve.

Cervantes, que era un visionario, ya nos veía venir y nos retrató hace cinco siglos en el Quijote. En el capítulo 22, el ingenioso hidalgo arremete contra el retablo de marionetas de un tal maese Pedro y las destroza porque confunde la ficción con la realidad. Don Quijote estaba loco pero incluso él acaba dándose cuenta de que se ha equivocado y acusa a los espíritus encantadores de haberle nublado el juicio. Finalmente indemniza al titiritero por el destrozo de sus títeres. Pues eso. Este país se ha vuelto loco y el encantamiento pergeñado por editorialistas y políticos le ha sorbido el seso a muchos, demasiados.

Pero a diferencia del Quijote, me temo que ninguno admitirá nunca haberse equivocado y ser víctima de un engaño. Ni mucho menos indemnizarán a los titiriteros por los destrozos.

El PP necesita a ETA como agua de mayo

http://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/dia-libre-Marcelo_6_483011737.html

Lo que ETA quiere no lo sé -habrá que preguntarle al ministro que parece que lo sabe-, lo que sí sabemos es que el PP necesita a ETA como agua de mayo.

Javier Gallego 10/02/2016

Cuando no ordena disparar pelotas de goma a personas que se ahogan, dispara él mismo con bala. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, dijo ayer que ETA espera como agua de mayo un gobierno del PSOE con Podemos. No es la primera vez que el PP vomita porque se le indigesta una derrota.

Lo que ETA quiere no lo sé -habrá que preguntarle al ministro que parece que lo sabe-, lo que sí sabemos es que el PP necesita a ETA como agua de mayo. Contra ETA viven mejor y sin ETA no saben vivir. Cuando se quedan sin munición, sacan el cartucho de la banda terrorista y a la AVT como escudo humano.

Ahora el objetivo es Podemos y no les importa llevarse por delante a un par de titiriteros que pasaban por allí ni utilizar a los familiares de asesinados como carne de cañón en el juego sucio. Es una lástima cómo algunos de estos familiares al frente de la Asociación de Víctimas han puesto la memoria de los muertos en manos del PP para que la usen como arma arrojadiza. Y es una indecencia cómo Fernández Díaz la ha utilizado para relacionar a otros rivales políticos con el asesinato de 1000 personas.

Puede sorprender que el ministro más cristiano del gobierno sea tan miserable. Pero hay que recordar que su conversión ultracatólica tuvo lugar en Las Vegas. Nada de lo que sucede en Las Vegas es fiable, ni los matrimonios ni mucho menos las epifanías. Allí lo que sería un milagro es no tenerlas. Por eso lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas. El ministro no tuvo una visión, tuvo un resacón y el problema es que se lo ha traído y nos está echando la vomitera.

Tampoco podemos pedirle más. De donde no hay no se puede sacar. No podemos esperar que se conduzca con decencia un señor que hasta para conducir un coche necesita que le guíe un ángel de la guarda, al que incluso le ha puesto nombre: Marcelo, El Ángel Aparcador. La gente se lo tomó a broma cuando lo dijo, pero este señor es ministro del interior. Se ocupa de cosas muy serias y cree en ángeles. Se ocupa de nuestra seguridad y cree que él está seguro porque tiene un guardaespaldas invisible con alas.

Normalmente, se deja de creer en ángeles de la guarda cuando se deja de rezar el “Cuatro esquinitas”, a eso de los seis años. Si uno continúa creyendo con 60, tiene un problema de parvulez mental. Si además cree que los entes espirituales alados pueden intervenir en el tráfico y encontrarte aparcamiento, lo normal es que te encierren en un manicomio o seas el tonto del pueblo. En España, te dan un ministerio.

Y si crees que la solución contra el paro la tiene un trozo de madera que representa a la supuesta madre de dios al que concibió siendo virgen, entonces puedes llegar a ser ministra de empleo. En manos de estos dos ministros y de un par de vírgenes condecoradas hemos dejado la lucha contra el paro y la delincuencia. Así nos va, con el paro y la delincuencia por las nubes, rodeados de angelitos.

Además de la salud mental del ministro de dios, me preocupa que no hable sólo con su ángel sino también con ETA, por lo que él cuenta. Habría que investigar si recibe a etarras en su despacho. No sería la primera vez que despacha con delincuentes para que luego reciban trato de favor. Parece que lo sigue haciendo. Mientras movía los hilos de la fiscalía para encarcelar a los titiriteros, no hacía nada para pedir prisión preventiva a Pujol o a Urdangarín que estos días vuelven a pasar por el juzgado. Esos nunca tendrán que pasar cinco días de prisión incondicional. No tienen peligrosas marionetas en su poder.

Cuando Ada Colau salió en defensa de la libertad de los titiriteros, Fernández Díaz le dijo que había perdido una buena oportunidad de callarse. Él sí que ha perdido una buena oportunidad de mantener la boca cerrada. Su ángel se lo debería haber aconsejado. Pero se ve que era el día libre de Marcelo.