http://www.carnecruda.es/2014/10/15/planeta-censura-a-gregorio-moran/

Primera entrevista del periodista Gregorio Morán después de que el grupo Planeta censure la publicación de su libro sobre la corrupción de la casta cultural española, El cura y los mandarines. Nos vamos a Afganistán para conocer la tragedia de las Bacha Posh, niñas a las que sus padres obligan a vestir de niños. Además, los corresponsales Ramón Lobo, Gervasio Sánchez, Mikel Ayestarán y Mónica García Prieto hablan del difícil retorno a la rutina después de cubrir un conflicto. En nuestra sección de tecnología, Hoja de Router, ciborgs, implantes de chips subcutáneos y humanos robotizados. Hablamos también con el doctor Yamir Moreno, del BIFI (Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de Zaragoza) sobre las probabilidades de expansión del ébola fuera de África. La revista Mongolia nos trae su humor más bestia. Y gracias a Oreka TX descubrimos el sonido ancestral y moderno de la txalaparta, el instrumento de percusión vasco. Más radio imposible, otra radio es posible.

OREKATX_DISCO-1024x1024Gregorio Morán o censurar en el siglo XXI

http://www.eldiario.es/zonacritica/Gregorio-Moran-censurar-siglo-XXI_6_311878848.html

Censurar a Morán y a su El Cura y los mandarines (Crítica) es un ataque a una de las pocas personas que han defendido, con criterios solventes e impecables, la libertad de expresión y de disensión. Algo está pasando, y habría que tomar buena nota

Guillem Martínez
09/10/2014 Hace escasas horas que tenía que haber aparecido el último libro de Gregorio Morán (Oviedo, 1947). Y no lo ha hecho. Se trata de El Cura y los mandarines. Historia no oficial del bosque de los letrados. Cultura y política en España, 1962-1996 (Crítica) . Habría sido un Morán auténtico, muy grueso. Y muy esperado. Habría supuesto un repaso cultural a varias décadas que culminan, a partir de los 80, en la cultura europea más especializada en vincularse al Estado, hasta el punto de llegar a ser una cultura y un Régimen político absolutamente unidos y dependientes, situación que sólo parece haber empezado a tambalearse en el siglo XXI. El uso que hace Morán del nombre propio y de los trazos biográficos de sus investigados –siempre alejados de lo que el canon cultural oficial considera publicable, investigable e, incluso opinable–, eran otro gran motivo de interés. La expectativa del libro, constatable en la redes, era absolutamente justificada.

Nada, hasta hace poco, indicaba que el libro tuviera problemas previos. El autor, este verano, estaba elaborando el índice onomástico, y había recibido la portada del libro. Por otra parte, en el último número de la revista Leer, aparecido hace pocos días, se publicaba una entrevista, firmada por Fernando Palmero –muy buena, por cierto–. Tenía el aspecto de ser una entrevista promovida por la editorial con motivo de un lanzamiento. La entrevista llevaba como titular un entrecomillado de Morán: «Este es el libro más duro y brutal de todos los que he escrito». Y, tal vez, eso es, exactamente, lo que ha pasado. Un autor escribió un libro duro y brutal que hablaba de la cultura española. Ha sido censurado en su último tramo editorial. Y ese libro no existe, en este preciso momento, para el lector. En lo que es un síntoma del carácter terminal de la cultura oficial, hegemónica hasta ahora, todo ello ha sucedido con precipitación, con cierta improvisación, y con escenografía y vocabulario poco certeros.

Este agosto, la editorial debería haber facilitado, en lo que es una dinámica común, las galeradas a los periodistas que así lo solicitaran. No se enviaron. Cuando, ya en septiembre, llamabas a Crítica, sello de editorial Planeta, se te comunicaba que había surgido un problema técnico. Un primer indicio de que algo no funcionaba. En la tradición local, cuando un producto cultural –un artículo, un libro– es censurado, siempre es, en la primera instancia de respuestas, por un motivo técnico. Finalmente, el servicio de prensa, al menos en mi caso, dejó de contestar llamadas o de devolverlas. A escasas horas de la salida oficial del libro, el libro desapareció de la web del Grupo Planeta. Sí, sigue a la venta en webs como Amazon, si bien, y esto es divertido, el libro no llegará jamás a sus compradores vía web. Según personas cercanas a Planeta, nunca llegó a imprimirse. Por lo que jamás fue posible su presentación en la fecha señalada. ¿Qué es lo que ha pasado?

Al parecer, la editorial identificó un capítulo, el penúltimo del libro, como problemático. Supone un total de 11 páginas, lo que en formato Morán equivaldría a un tuit. En esas 11 páginas se abordaba como tema la RAE y, si bien se evaluaban trayectorias político-culturales de otros académicos paradigmáticos de una época y un modelo cultural, como Muñoz Molina, Cebrían o Anson, brillaba con luz propia la figura de Víctor García de la Concha. Ese nombre propio parece ser el epicentro de la decisión editorial de censurar el libro. La editorial, de hecho, pidió a Morán suprimir ese capítulo, un par de semanas antes de la fecha de publicación del libro. La negativa del autor precipitó la rápida y desordenada decisión final, de la que el autor tuvo noticia el pasado viernes. Cabe señalar aquí que Víctor García de la Concha, en su etapa como director de la RAE, ya recibió escarnios y críticas intelectuales llamativas. Francisco Rico, académico de la RAE, accademico de la prestigiosa Accademia Nazionale dei Lincei y, sin duda, uno de los más respetados filólogos en todo el mundo, dedicó al entonces director de la RAE un acróstico en el colofón a una de sus ediciones de El Quijote, en 2005, en el que se podía leer un sintético «VGDLC, idiota de la RAE». Algo que ilustra que, con la censura del libro, no se protege, a estas alturas, ningún prestigio personal sino, tal vez, otro negociado. En las próximas semanas, en ese sentido, Planeta publicará el nuevo diccionario de la RAE. Lo que parece indicar que, con su decisión de evitarle al lector, primero un capítulo y, luego, un libro, Planeta está protegiendo su relación con otro cliente. Algo sin duda extraño y de otra época.

Gregorio Morán o censurar en el siglo XXI