Somos unos pringaos

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Mientras nos ajustan las cuentas en el Congreso ayer y hoy, vamos a hacer cuentas nosotros de lo que nos cuestan los que nos las ajustan. Quizá habréis podido leer estos días en internet una recopilación de lo que recibe un diputado tras ser elegido, datos que se han ido publicando y muchos de los cuales, por cierto, conocimos a través del libro “La Casta”, sobre los privilegios de los políticos, con cuyo autor, Daniel Montero, hablamos hoy sobre su nueva obra: “El club de los pringaos”… Pringaos que evidentemente somos nosotros.

Somos unos pringaos porque mientras hoy se aprueban unos presupuestos que obligan hasta a los jubilados a pagarse las medicinas, la mayoría de los diputados se jubilan con una pensión de entre el 100% y el 80% de la pensión máxima (unos 2.500 euros) y cuando se retiran del parlamento reciben 2.800 euros mensuales durante un máximo de dos años, aunque tengan otro sueldo privado. Somos unos pringaos porque mientras los jubilados tendrán que adelantar el 10% del dinero de los fármacos que nos les cubra el repago, los diputados reciben más de 1800 euros mensuales para alojamiento y manutención si son de fuera y casi 900 si son de Madrid, además por supuesto de  su sueldo de 3126 euros más dos pagas extras, entre 775 y 1590 si estás en una comisión y un mínimo de 2300 si tienes algún cargo parlamentario. Eso sin contar el sueldo del partido.

Somos unos pringaos porque tendremos que repagar también por las sillas de ruedas que no sean urgentes, mientras un diputado recibe 25 euros por cada 100 kilómetros si usa coche propio y 3000 euros anuales (250 al mes) para taxis si no tiene coche oficial y 120 euros diarios cuando viajan dentro de España y 150 diarios si lo hacen fuera de nuestro país. Y siempre viajan en primera clase. Será para compensar la clase que no tienen como legisladores. Somos unos pringaos porque nos han subido los impuestos pero los diputados no tributan por todas estas dietas de transporte y manutención ni tampoco la paga extra por tener cargos en el congreso. Cargos, los que deberíamos imputarles por no recortar ni uno de sus privilegios mientras se les llena la boca con la palabra “sacrificio” y “esfuerzo” que sólo significa que nos van a vaciar a nosotros el bolsillo.

Y somos unos pringaos porque encima nuestros diputados se reúne dos días en el Congreso con su iphone, ipad, pc modem 3G pagados por los contribuyentes para discutir sobre nuestro futuro (nuestro no futuro, más bien), en un debate que ya está sentenciado sin acuerdo ninguno y ni un solo apoyo de ninguna fuerza parlamentaria al gobierno. El veredicto es que somos unos pringados, los que siempre pringamos, mientras los que untan y no pagan, se ríen de la cara de idiota que se te queda cuando además escuchas al ministro de Hacienda preguntar con ironía al resto de diputados: ¿Van a ustedes a reinventar el sistema financiero español, el sistema financiero mundial?
Pues nos gustaría que ustedes lo intentaran. Y si no son capaces, como no lo fueron sus predecesores, entonces es al gobierno al que habrá que renovar como ya hicimos con los anteriores. Pues creo que yo ningún votante les diera su voto para que le ahoguen con la papeleta, que más bien es papelón, empapelamiento o, si me apuran, empalamiento. Se les votó para que repartieran la carga. Y puestos a repartir, aún no hemos visto que ninguno de ustedes señores congresistas, se haya ajustado ni la conciencia.

 Hoy te invitamos al «Club de los Pringaos» de Daniel Montero. El escritor nos descubre que

cada español trabaja 146 días al año solo para pagar impuestos…que soporta una presión fiscal cinco veces mayor que el Banco Santander…que vives en un país que permite que sus grandes fortunas se libren de pagar impuestos para evitar que se marchen al extranjero y en el que solo noventa personas cumplen condena por fraude fiscal. POR TODO ESTO Y MUCHO MÁS TE PEDIMOS TU OPINIÓN,  CUÉNTANOS POR QUÉ TE SIENTES UN PRINGAO EN ESTE PAÍS ¿TE UNES AL CLUB?

Hoy también os pedimos que os solidaricéis con los habitantes de este desdichado pueblo de nombre FUCKING. También nosotros nos sentimos FUCKING habitantes de un FUCKING país al que estamos pensando en cambiar el FUCKING nombre, por cambiar algo y poner uno más acorde a la situación o uno que nos renueve, a ver si así nos fucking menos y no nos duele ¡España! sino otra cosa… ¿CÓMO PODRÍAMOS LLAMAR A ESTE PAÍS NUESTRO?